Somalia: La hambruna

MÉXICO, D.F. (apro).- Primero fue la dictadura de Siad Barre; después, la descomposición y la llegada de los señores de la guerra; luego, el caos total, la invasión y los bombardeos de Estados Unidos, la opresión de Al-Shabaab y la piratería; ahora, la hambruna.

Con todas estas tragedias a cuestas, Somalia sigue siendo el país que más sufre en el África.

La hambruna, por ser la crisis más reciente, desata muchas preguntas que el intelectual somalí-estadunidense Abdi Samatar responde a Apro en una entrevista telefónica.

“La crisis somalí –dice Samatar– tiene implicaciones que pocos medios de comunicación analizan y desde las cuales surgen buena parte de los problemas”.

Unas de las más graves, explica el experto, son los efectos ambientales de la guerra, en especial “la destrucción de los bosques de Somalia para exportar sus productos, la mayoría a Medio Oriente”. Dichos productos “son controlados por grupos ilegales como los piratas y los señores de la guerra”.

Según un cable de la agencia de noticias IRIN, el producto más común es el carboncillo, un material cuya extracción proviene de la tumba y quema de maderas.

En la nota titulada “Conflicto amenaza la ayuda a Somalia”, publicada en Al Jazeera el 23 de noviembre, Luca Alivoni, funcionario de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), dice que el conflicto sobrepasó desde hace años la cuestión política y ahora se comienzan a sentir los efectos ambientales y sociales:
“No hay balas buenas o malas, sólo hay balas que evitan que la gente siembre, plante y recoja el fruto de su trabajo”, agrega Alivoni.

Samatar señala otro de los gravísimos problemas de Somalia: la completa destrucción del litoral por la piratería.
“Se habla sobre el dinero que recolecta la flota de piratas, pero no de la destrucción de la vida marina de Somalia. Los peces han huido a otras partes del mundo”.

De acuerdo con la nota “Somalia usada como un vertedero tóxico”, publicada en 2009 por el sitio The Ecologist, durante la más reciente década, corporaciones multinacionales, especialmente italianas y suizas, abandonan desechos tóxicos, nucleares y de hospitales en el mar de Somalia con el consentimiento de los señores de la guerra.

Según Samatar, el litoral somalí era el tercero más rico de toda el África. Sin embargo, después de la irrupción de la piratería y de las empresas transnacionales, la actividad se ha paralizado totalmente, y prácticamente los pescadores locales han desaparecido de la costa del país.

La comunidad internacional reaccionó indignada hace tres años por la captura del barco atunero español Playa de Bakio por parte de los piratas somalíes, sin embargo no habla de lo que se denunció en el artículo de la activista Sarah Babiker “¿Piratas o bancos de atunes?”, publicado en 2009 por Periódico Diagonal.

“Estos países pescan en aguas que no les pertenecen, y despueblan el litoral de un país con una constante necesidad de alimentos”.

Desde hace 20 años, Somalia no tiene ni flota ni gobierno efectivo para detener la rapacidad en sus mares. Las flotas de pesca internacionales cazan sin permiso y empresas vierten sus desechos sin repercusiones.

“En los últimos años, las flotas internacionales que van a pescar a Somalia han robado el equivalente a 10 mil millones de dólares”, dice Samatar. “Las orillas somalíes están contaminadas por europeos”.

Según un artículo que Samatar publicó en Al Jazeera, las sequías en el Cuerno de África son comunes, pero pocas conducen a hambrunas. Así, explica cómo durante la sequía etíope del año 1984 –que causó impacto por las fotografías de niños con los estómagos inflados–, Somalia no fue afectada. El experto apunta que el gobierno militar de Etiopía no acudió a combatir la hambruna por la guerra interna que enfrentaba.

La mayor sequía en la historia de Somalia se desarrolló en 1992 en la región de Bay, una de las principales zonas agrícolas del país. La catástrofe causó 300 mil muertos por la política de los señores de la guerra de usar el racionamiento de comida como medio de presión contra agricultores y pastores, cuenta Samatar.

Señala que el factor político y social es determinante, pues en otros países en conflicto, las consecuencias no son tan graves como en Somalia. “México o Pakistán tienen al menos un gobierno, recursos, policía y ejército, además de partidos, sociedad civil y vecinos estables. La guerra de Somalia ha destruido todo esto”.

Y establece las diferencias y similitudes:

“En Somalia se preocupan por comer y sobrevivir. Como en México, hay una misma religión, cultura y lenguaje. Sin embargo no todos están juntos para reconstruir el país y la nación”.

Pelota de futbol

Somalia se encuentra localizado en un punto esencial del África. Su costa es la salida del canal de Suez, que parte de Egipto, y es uno de los abastecedores de petróleo más grandes del mundo. El control de su costa es esencial y codiciada, dice Samatar.

Desde la fallida operación estadunidense en suelo somalí en 1993, acción que luego pasó al cine de Hollywood con la controvertida y criticada película La caída del halcón negro (2001), Estados Unidos ha tenido una tortuosa y difícil relación con todo lo que tenga que ver con Somalia.

Después de pelear con los señores de la guerra en 1993, terminaron apoyándolos en 2005 con la “Alianza por la Restauración de la Paz y Contra el Terrorismo”, una medida para terminar con las Cortes Islámicas que gobernaban la capital y el sur del país.

Desintegradas las Cortes Islámicas por el ejército de Etiopía, Estados Unidos atacó al grupo insurgente Al-Shabaab echando mano de sus antiguos aliados: los señores de la guerra.

Además de guerra contra el terror de Estados Unidos, la responsabilidad de lo que ocurre en el país es compartida por Al-Shabaab, el Gobierno Federal de Transición de Somalia, las tropas de Etiopía, la misión de la Unión Africana en Somalia y las Naciones Unidas.

“La comunidad internacional ha usado a Somalia como una pelota de futbol”, dice Samatar.

Explica: “Había paz en 2006, pero Estados Unidos intervino. La estrategia de la guerra contra el terror vino a terminar esa paz”.

Añade: “Lo que hace Estados Unidos es estúpido. Efectivamente, Shabaab es un riesgo, un peligro, pero deberían de enfocarse en Shabaab y no en la población”.

Y compara con Libia: “En la invasión de la OTAN a Libia dijeron que entraron para proteger a la población. Aquí nadie protege a la población”.

Hasta el 2010, Estados Unidos era el mayor donador de comida a Somalia mediante el Programa Mundial de Alimentos. Sin embargo, en el verano de ese año retiraron su apoyo por una acusación de Naciones Unidas, nunca probada, de que los recursos del Programa iban a dar al mercado negro y a Al-Shabaab. Este escándalo se desarrolló durante este año. Muchas ONG retiraron a su personal por miedo a ser vetadas.

El experto acusa a Estados Unidos por “entender muy pobremente el problema”, y dice que su política hacia Somalia “está mal diseñada”, pues el corte en el suministro de ayuda sólo causará que más personas mueran de hambre.

Sobre el grupo armado Al-Shabaab, Samatar hace una dura crítica, ya que no sólo bloquearon la entrada de ayuda internacional a sus territorios, sino que han negado que exista la hambruna.

“Al-Shabaab no es popular entre la población, pues dice lo que hay que hacer y cómo hacerlo. No deja a las personas determinar su destino”, señala.

El experto también relata que con Etiopía hay una disputa territorial.

“Los etíopes nunca han querido un gobierno somalí fuerte para que compita con ellos regionalmente. No quieren ver una Somalia completa. Cuando hubo una oportunidad en 2006, invadieron para desestabilizar”.

Ignacio Gutiérrez de Terán, arabista de la Universidad Autónoma de Madrid, revela algunos de estos aspectos en el libro Somalia: clanes, islam y terrorismo internacional ( 2009).

Explica que el conflicto en Somalia tiene que ver con la repartición que del país hicieron Etiopía (que posee los territorios somalíes del Ogadén y Hud) y Kenia (Región Federal del Norte). También intervienen factores como las concesiones que las corporaciones petroleras estadunidenses tenían del litoral somalí para la explotación de petróleo.
“La guerra contra el terror vio a todos los musulmanes como enemigos potenciales; Kenia y Etiopía estaban del lado Occidental”, explica Samatar.

“Es una forma incorrecta de pensar que una democracia somalí estaría en contra de los señores de la guerra y el terrorismo”.

Socialdemocracia

El experto somalí dice que, a pesar de las condiciones, su país puede salir adelante. “Para el progreso del cuerno de África, se necesita crear un espacio libre y democrático para que las personas puedan gobernar su país”, señala.

Para él no es una utopía, pues en 2006 pasó con la Unión de Cortes Islámicas. Además, en 1960, dice, Somalia era el país “más democrático y justo de África. Había elecciones y cambio de gobierno. Hay un bagaje democrático”, explica.
Asimismo, la emigración somalí financia constantemente proyectos de desarrollo. La ganadora del “Premio Nobel Alternativo”, Asha Haji Elmi, desarrolló la importante organización Salvemos a las Mujeres y Niños Somalíes (SSWC, por sus siglas en inglés) desde Kenia.

El propio Samatar se encuentra entre los fundadores de un partido político de tendencia socialdemócrata, Hiil Qaran, cuyo lema es “poniendo al pueblo de Somalia primero”. Su intención es reconstruir el país.

“Somos personas muy tenaces. Nunca nos rendimos”, afirma Samatar. “Hemos peleado durante 25 años, y no nos detendremos hasta ganar un buen futuro”.

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