Alemania: La desigualdad se afianza

BERLÍN (apro).- El chico que sube al Metro de la Línea 8 tiene alrededor de 20 años y un aspecto que a primera vista no delata la situación que atraviesa. Recita su pedido con voz agria y tono monocorde, mientras avanza desde la cabecera del vagón. Lamenta tener que molestar a los pasajeros, dice, pero está en la calle, sin trabajo, y para él una moneda o algo de comer serían una gran ayuda.

Una estación más atrás, otro muchacho, de pelo largo y un pañuelo atado a la muñeca, había subido al vagón en compañía de su perro, para ofrecer el periódico de los sin techo.

Minutos antes fue el turno de un hombre barbado, que puso frente a la nariz de cada pasajero un pedazo de cartón escrito a mano: “Soy sordomudo. Le agradezco su ayuda”.

Y antes habían sido dos niños de no más de 9 años. Mientras uno improvisaba con su armónica una versión de Bésame mucho, matizada con un cierto aire de los Balcanes, el otro bailaba y recorría el pasillo en pos de algún a moneda.

El recuento de estas escenas puede parecer trivial para quien viva en México o en cualquier otro país de Latinoamérica. En la capital alemana, sin embargo, cada vez es más notoria la presencia de quienes buscan algún resto comestible en los botes de basura callejeros, los que transitan la ciudad juntando envases de vidrio para canjearlos por dinero, los que piden limosna en estaciones, plazas y puertas de supermercados.

El crecimiento de la pobreza en Alemania es reflejado desde hace años por las estadísticas oficiales y la prensa. El consumo de productos de lujo (relojes, joyas, perfumes) llegará este año, sin importar la crisis, a un nivel de ventas record, según publicó el pasado 21 de noviembre la revista Focus.

En Alemania –símbolo, otrora, de una de las caras más igualitarias que ha mostrado el capitalismo– se extienden las diferencias sociales. La brecha que separa los ingresos de los más ricos y los más pobres tuvo un fuerte crecimiento en las últimas dos décadas. Así lo expresa un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presentado el pasado lunes 5, confirmando tanto las percepciones subjetivas como los datos duros.

Salarios y “singles”

“Alemania se americaniza más y más”, tituló el lunes 5 la revista Der Spiegel en su sitio en internet. El país se vuelve día a día más injusto desde el punto de vista social. El 10% de la población de máximos ingresos gana ocho veces más que el 10% de menores ingresos. Reflejado en números concretos, esto significa, en promedio, un ingreso anual neto de 57 mil 300 euros contra otro de 7 mil 400 euros, según datos de 2008 (los últimos datos oficiales de los que se dispone).

En los años noventa, la proporción entre lo que ganaba el 10% mejor remunerado y el 10% de menores ingresos era de seis a uno. La información proviene del mencionado estudio de la OCDE, organización que nuclea a 27 países, tanto desarrollados como emergentes, y de la que México es miembro.

El estudio cita diferentes causas para explicar esta tendencia. El factor más importante es el desarrollo dispar de los salarios. Desde mediados de los años ochenta hasta la crisis financiera de 2008, el salario real creció a un promedio del 0.9% anual. Pero mientras que para el 10% de mayores ingresos este crecimiento fue del 1.6% anual, para el 10% de menores ingresos representó apenas un 0.1%. De esta manera, la diferencia entre los ingresos de un sector y otro, hablando siempre de personas que trabajan tiempo completo, creció en esos 15 años un 20%. En México, en el mismo período, el aumento de los ingresos fue 1.7% y 0.8% para los trabajadores mejor y peor pagos, respectivamente.

“El estudio refuta la suposición de que el crecimiento económico beneficia automáticamente a todos los sectores sociales”, expresa el comunicado de presentación del estudio. No deja de ser curioso que la propia OCDE se distancie así de la “teoría del derrame”, tan apreciada por los postulados del neoliberalismo. Dicha teoría reposa en la idea de que el crecimiento económico fluye automáticamente desde la cima de la pirámide social hacia abajo, volviendo innecesaria la intervención estatal a favor de una mejor distribución del ingreso.

Otra causa mencionada en el informe es el aumento del trabajo de tiempo parcial, que se duplicó desde 1984, pasando del 11 al 22%. Este tipo de empleo es en muchos de estos casos ejercido por mujeres, que además siguen ganando menos que los hombres por igual trabajo e idéntico nivel de calificación.

Dentro del 10% más favorecido en sus ingresos se trabaja, de acuerdo con el estudio, un promedio de 2 mil 250 horas al año, lo mismo que hace 20 años. En el mismo lapso los que menos ganan pasaron de trabajar mil horas a trabajar 900. Para comprender mejor estos valores es necesario consignar que tanto el desempleo como la economía informal son mucho más bajos en Alemania que en Latinoamérica. Se calcula que en Alemania uno de cada 8 euros es ganado a través del trabajo informal, según publicó el 19 de mayo el periódico especializado en economía Handelsblatt.

La tasa de desempleo alcanzó en noviembre último 6.4%, afectando a 2.7 millones de personas, cuyo subsidio –recortado una y otra vez en los últimos años– cubre las necesidades mínimas.

La tendencia a una sociedad de “singles” (personas sin pareja permanente) refuerza, según el estudio de la OCDE, la diferencia en los ingresos. El aumento del número de personas que viven solas y de los que crían solos a sus hijos implica una disminución del dinero que ingresa al hogar.

Al mismo tiempo se refuerza la tendencia dentro de la sociedad alemana a formar pareja con personas de un mismo nivel de ingresos, volviendo historia pasada el modelo, antes usual, del “médico que se casaba con la enfermera”.

Fenómeno

Hace 20 años Alemania pertenecía al grupo de las sociedades más igualitarias y se podía comparar con los países escandinavos. De acuerdo con el estudio de la OCDE, Alemania se ubica hoy a mitad de tabla entre los 27 estados miembros. El informe advierte sobre la velocidad con la que la distribución de los ingresos se vuelve regresiva en Alemania, extendiendo la brecha entre los ingresos de los más ricos y los más pobres.

El estudio indica que la diferencia en los ingresos aumentó en este país más que en casi en casi todo el resto de los países analizados. Igual tendencia han seguido también Dinamarca y Suecia, países que hasta ahora presentaban un alto grado de igualdad. En estos tres países la desigualdad creció con especial intensidad entre 2000 y 2010, según consigna el estudio.

La desigualdad en la distribución de la renta es parcialmente equilibrada en Alemania a través de impuestos y transferencias del Estado a los más pobres. Pero también estas prestaciones han disminuido en los últimos años. Así y todo, Alemania todavía se sitúa por debajo del promedio de desigualdad de los ingresos de 9 a 1, que reina en los 27 países industrializados de la OCDE.

La desigualdad de los ingresos máximos y mínimos es en México, de acuerdo con este informe, de 27 a 1. Igualmente en México pudo comprobarse una tendencia a un desarrollo más igualitario, al igual que en Chile, Hungría, Turquía y Grecia, países, todos, en los que la brecha era y es aún, muy elevada.

El aumento de la desigualdad se refleja también en el así denominado coeficiente de Gini, ideado por el estadístico Corrado Gini para medir la desigualdad de los ingresos. El valor 0 es dentro de este coeficiente el indicador de máxima igualdad de ingresos mientras que el valor 1 indica la desigualdad máxima. Alemania pasó de tener 0.25 en 1985 a 0.29 en 2008. El valor, cada vez más elevado, está todavía por debajo de la media de 0.31 en Los países de la OCDE, del 0.37 de Estados Unidos o el 0.47 de México.

Uno por ciento

La OCDE vincula los resultados del estudio con un mensaje claro. “El aumento de la desigualdad debilita la potencia económica de un país, hace peligrar la cohesión social y crea inestabilidad política”, según expreso el secretario general de dicha organización, el mexicano José Ángel Gurría Treviño, al presentar el estudio.

Sus palabras se pliegan así a las tesis de otros economistas que desde la crisis financiera ven en la desigualdad de los ingresos un peligro para la estabilidad económica.

La OCDE propone el desarrollo de una mejor educación desde la temprana infancia y recomienda aumentar los impuestos de los más ricos. “Una opción sería estructurar un impuesto sobre la renta más progresivo”, que sirva para una mejor distribución de la riqueza. Se propone también limitar la evasión de impuestos, terminar con las desgravaciones impositivas para los que mejor ganan y extender los impuestos sobre el patrimonio.

En las últimas dos décadas, la política impositiva asumió un carácter regresivo, de la mano de coaliciones de gobierno lideradas por los partidos mayoritarios, conservadores y socialdemócratas. La política social e impositiva de Alemania agravó las diferencias. Sobre todo durante el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005). “Desde el año 2000 el efecto redistributivo del sistema social e impositivo de Alemania se retrajo en un 4%”, apuntó el diario Der Tageszeitung en su edición del pasado 6 de diciembre.

Los economistas Stefan Bach, Giacomo Corneo y Viktor Steiner, a través de otro estudio, publicado en junio de este año, consideran inexacto hablar del 10% más favorecido de la población como un grupo único, tal como lo hace el estudio de la OCDE. El máximo ganador de las reformas impositivas, a partir de 1992, ha sido –para estos investigadores– el 1% más rico de la población. El porcentaje, curiosamente, es el mismo que mencionan por estos días los activistas de Ocupa Wall Street, movimiento que critica el poder de los grandes consorcios y la sistemática evasión fiscal de quienes más tienen.

De acuerdo con el estudio de Bach, Corneo y Steiner, la presión fiscal en Alemania sobre el 1% más privilegiado cayó un 27% entre 1992 y 2005. Los más ricos entre ese 1% recibieron incluso desgravaciones en el orden del 34%. Para el 99% restante de los contribuyentes la desgravación impositiva fue en ese periodo mínima o nula.

Otro estudio, del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), del año 2007, muestra que durante la década de los noventa, mientras que el promedio de los ingresos de los alemanes se mantuvo en valores constantes, el 10% de mayores ingresos disfrutó un aumento del 6%. Los 650 alemanes más adinerados de este grupo vieron crecer sus ingresos un 35% entre 1992 y 2001. Y para los 65 más ricos de ellos, el aumento fue del 53%, a un promedio de 48 millones de euros. Esto significa, de acuerdo con este estudio, que casi la totalidad del crecimiento económico del país durante ese periodo fue acumulado sólo por el sector más privilegiado.

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