Hacerle concesiones, única salida, dice el líder histórico de la guerrilla guatemalteca El Ejército Zapatista está en condiciones de reavivar la luchar armada: César Montes

SAN SALVADOR.- Hijo de padre chiapaneco y madre guatemalteca, Julio César Macías, más conocido como César Montes –uno de los tres líderes históricos de la guerrilla guatemalteca, al lado de Marco Antonio Yon Sosa y Turcios Lima–, entrevistado por Proceso, habla del conflicto en Chiapas, del EZLN y de los escenarios posibles en el México de fin de siglo.
Fundador de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), en 1962, y cofundador del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), en 1972; jefe del Frente Guerrillero de Guazapa, en El Salvador, a principios de 1982; miembro de las Tropas Especiales que combatieron a la Contra, en Nicaragua, en 1984; combatiente internacionalista en la Crisis de Octubre, en Cuba, en 1962; y sobreviviente de la gran ofensiva norteamericana contra Hanoi, Vietnam, en 1967, César Montes, señala:
“Creo que a los zapatistas los van a acusar hasta de la contaminación que tiene el Distrito Federal, pero creo que no tienen una relación directa con la crisis financiera que agobia al país, y un economista serio no podría plantear que la economía mexicana sea tan vulnerable como para que la existencia de 3,000 hombres armados en la frontera sur pueda afectar la Bolsa de Valores o la economía nacional. Creo que el alzamiento zapatista sí tiene incidencia, pero no es la causa principal de la crisis.”
Su padre, según relata, fue Miguel Humberto Macías, un campesino chiapaneco que emigró a Guatemala para emplearse como administrador en fincas alemanas. Su madre, María de Jesús de Macías, una ciudadana guatemalteca de clase media.
“Cuando yo empecé la lucha, con mis compañeros, todos los presidentes centroamericanos, excepto el de Costa Rica, eran militares; creo que ahora no hay un presidente militar en todo Centroamérica y en parte eso se debe a nuestra lucha. Tal vez fue bien poco lo que logramos, pero pudimos abrir las puertas para que los problemas que originaron la lucha se resuelvan por medios pacíficos”. Entrevistado en el restaurante de un hotel de la capital salvadoreña, donde ahora reside, César Montes reseña:
“Creo que el fenómeno en Chiapas estaba clarísimo que se podía dar desde 1972. Cuando nosotros estuvimos en la Selva Lacandona, en ese año, muchos mexicanos nos ayudaron y algunos de ellos nos dijeron: ‘No se vayan para el otro lado, para que se van, si aquí está igual’. Y mucha gente en Chiapas me planteó que nos quedáramos. Eso en 1972, y esa gente no respondía a consignas de Moscú, de La Habana, ni de nada; respondían al hambre, a la miseria, a la marginación, a la discriminación racial, al caciquismo y a la represión, y estaban buscando sus propios caminos.
“Como observador lejano, y sin meterme a dar opinión sobre la vida política mexicana, pues soy muy respetuoso de eso, podría decir que el gobierno y el Ejército estaban enterados de la formación del EZLN. El error fue que no midieron el tamaño; creo que siempre han tenido una especie de subestimación de la gente del sureste y especialmente de los chiapanecos. Creo que no tomaron en serio a los chiapanecos y especialmente a los indios chiapanecos, y en todo eso hay una visión discriminatoria. Si hubiera sido un movimiento de blancos, como usted o como el subcomandante Marcos, tal vez hubieran estado más alerta.
“Y digo que estoy seguro de que lo detectaron porque hubo noticias. En diciembre de 1993, un mes antes de que surgieran los zapatistas, un oficial del Ejército mexicano me dijo que iba a recibir entrenamiento de los Kaibiles en Guatemala, lo cual indica que estaban tomando previsiones porque conocían que algo venía. Lo que ocurrió fue que no tuvieron una justa dimensión del tamaño, de la decisión, de la voluntad y de la habilidad de los que dirigían el movimiento zapatista. Creo que los subestimaron.”
Montes habla de las diferencias entre el movimiento chiapaneco y la guerrilla centroamericana:
“Me parece importantísimo que no se trate de entender simétricamente la posición de los zapatistas y el movimiento insurgente centroamericano, pues creo que tienen grandísimas diferencias. Considero que los zapatistas tienen una dosis muy grande de componente étnico, se prepararon con mucho tiempo, tienen un sentido histórico, con sus raíces en la nación maya, en el estado chiapaneco.
“Una de las cosas que llama mucho la atención es que se trata de un movimiento que surgió desde el primer momento haciendo política. Surgieron en enero y en ese mismo mes ya estaban haciendo planteamientos, declaraciones y estableciendo relaciones, y aceptaron el cese de las acciones militares.”
–Altos militares mexicanos han dicho que en 24 horas o en 72 horas podrían acabar con las principales fuerzas del EZLN ¿Cree que esto es posible?
–Eso mismo decían en Guatemala hace 30 años, y eso mismo dijo Somoza muchísimas veces, y eso mismo dijeron las Fuerzas Armadas Salvadoreñas. Uno de los datos peculiares de la lucha guerrillera es que no es un conflicto armado que oponga grandes contingentes de un lado contra grandes contingentes del otro.
“Quienes afirman lo que usted dice, están hablando de un problema meramente de datos estadísticos: cuántos soldados tienes, cuántos soldados tengo; cuántas armas tienes, cuántas tengo; qué calidad de armas tienes y qué calidad de armas tengo. A la luz de esos resultados se puede decir ‘termino contigo en 74 horas’; pero el conflicto guerrillero es diferente, porque todas las fuerzas de la guerrilla no se enfrentan nunca directamente al grueso del ejército; y si el grueso del Ejército mexicano se lanza, que tiene la capacidad para hacerlo, y concentra ahí uno, dos o tres regimientos, seguramente tendrán algunas victorias, pero también muchas bajas, y será muy doloroso el costo en vidas, en heridos. Podría afirmar, sin ninguna duda, que no los van a eliminar militarmente.”
–¿Es decir que militarmente es más difícil aniquilar un movimiento revolucionario, como el EZLN, que un foco guerrillero?
–Es indudable, porque un foco guerrillero es un grupo aislado, que está en un lugar determinado, pero en este caso se trata de fuertes contingentes que están participando activamente, y ahí está el defecto de las contabilidades que hacen los militares contrainsurgentes: “¿Cuántos hombres en armas tienes?”, y si se dice que hay 3,000 hombres, bueno, pues, son 3,000 familias o 2,500 familias las que están involucradas, y 2,500 familias multiplicadas por el promedio de integrantes de una familia nos da por lo menos cuatro veces ese número. Entonces, eliminar un foco guerrillero, sobre todo cuando empieza a surgir, es mucha más fácil que derrotar o destruir militarmente un movimiento insurgente con un gran componente de participación popular.
“Eso fue lo que yo viví en Guazapa. En Guazapa estábamos a 25 kilómetros de San Salvador, los que vivían ahí se habían quedado voluntariamente y se habían sublevado; mucha gente pensó que teníamos un gran respaldo popular y que por eso no nos podían sacar del cerro de Guazapa, y el cerro de Guazapa se convirtió en un símbolo de resistencia conocido en el mundo.”
–¿Cómo evalúa usted la actitud asumida por el gobierno mexicano de decretar un cese unilateral del fuego a los pocos días de iniciado el levantamiento armado?
–Creo que fue un acierto haber detenido la ofensiva militar y haber nombrado inmediatamente a un político de importancia como mediador, a Manuel Camacho. Eso indica que hubo una preocupación muy seria para tratar de resolver las cosas. Sin embargo, pienso que la sociedad civil mexicana jugó también un papel muy importante para detener los enfrentamientos.
“Considero que puede encontrársele solución al problema de Chiapas este año. Las condiciones son que, en primer lugar, haya una mesa de negociaciones en la que no se busque derrotar a la otra parte, sino encontrar soluciones consensuales, y que se dé espacio para la manifestación política a un pueblo que tuvo que buscar sus espacios de participación con las armas en la mano.
“Pero puede suceder que no se encuentre solución, que en la mesa de negociaciones se trate de humillar, de derrotar, de arrancar la mayor cantidad de concesiones y otorgar la menor cantidad de beneficios a la otra parte; esto podría provocar que el EZLN reavive el conflicto armado y existe la posibilidad de que surjan otros subcomandantes Marcos en distintas zonas del país.”
César Montes cuenta que después de estar en Corea, la URSS, Vietnam, China y Cuba, en 1968 viajó a México para intentar regresar a Guatemala y vivió hasta 1972 en San Cristóbal de las Casas. Durante ese tiempo realizó exploraciones en Comitán, La Trinitaria y la Selva Lacandona, en un esfuerzo por reagrupar las fuerzas guerrilleras guatemaltecas.
En 1971, el núcleo embrionario del EGP efectuó una serie de acciones en territorio mexicano, sobre todo en las estaciones de aforo de la Comisión Internacional de Límites y Aguas entre Guatemala y México, entre los Ríos Chajul e Ixcán, la actual zona de operación del EZLN.
Explica Montes que ellos actuaron en esa región, porque fue en ella “donde el Ejército mexicano había asesinado, en 1970, al comandante guerrillero guatemalteco Marco Antonio Yon Sosa, después de haberlo capturado vivo, para robarle una cuantiosa cantidad de dólares que portaba para comprar armas para el movimiento revolucionario. Oficialmente se dijo que había muerto en un enfrentamiento militar, pero personalmente puede constatar que había sido asesinado por el entonces capitán Varquera y el general Casillas. Varquera fue ascendido a general. En esa época hubo algunas operaciones del Ejército mexicano contra nosotros, e incluso penetró en territorio guatemalteco”.
–¿La crisis financiera que se está viviendo en México juega a favor o en contra del EZLN?
–En algunas cosas juega en favor, y en otras en contra, yo no creo en términos absolutos. Lo que sí muestra esa crisis es que hay grandes vacíos y grandes incoherencias en torno de la plataforma económica y en todo el planteamiento salinista, que había generado expectativas que con la entrada al TLC de pronto iba a haber una derrama económica en todo el país, y que estas crisis económicas eran lo más lejos que podría ocurrir. La actual crisis, a la luz de los planteamientos de los zapatistas, de pronto les da cierto respaldo, porque ellos habían advertido que con esas medidas y con ese régimen económico no había salida. Creo que, en ese sentido, la crisis juega a su favor, pero no creo que el movimiento zapatista esté deseando que la gente que sufre más esta devaluación y esta crisis económica se empobrezca más. No creo que tengan esa actitud de que mientras más duro le vaya a la gente y más problemas pase, va a estar más dispuesta a tomar las armas.
–¿No sería eso un poco la concepción marxista de exacerbar más las contradicciones sociales para acelerar un estallido social?
–Yo no creo que los zapatistas estén haciendo gala de marxismo, y ojalá no se vayan a poner a leer manuales como los que se leyeron en Centroamérica. A mí me da mucha alegría saber que los zapatistas no están hablando de dictadura del proletariado, que no están hablando de ser la vanguardia de todo el pueblo ni de la vanguardia de la clase obrera ni de la alianza obrerocampesina y todas esas babosadas, porque a fuerza de repetirlos muchos de esos discursos se han ido quedando huecos. Además, muchas de esas tesis fueron pensadas y escritas a la luz de la situación de Europa, en sociedades industrializadas que no tienen nada que ver con los mayas eternos, la civilización más grande del planeta Tierra.
–¿Es factible que el Ejército mexicano esté pensando en lanzar una guerra de arrasamiento, de genocidio, como se dio en Guatemala?
–Pues hay asesores militares de otros países que seguramente les están soplando al oído a los militares mexicanos que ésa es la única salida y que ésa es la verdadera y única solución. Yo espero que sean lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de que eso no es solución; no fue solución en Vietnam, tampoco fue solución en Nicaragua y tampoco fue solución en El Salvador. Las masacres en Hanoi sólo desprestigiaron al Ejército norteamericano y las matanzas de sacerdotes sólo desprestigiaron al Ejército salvadoreño, y no hay que olvidar que el asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero fue uno de los detonantes para que miles y millones de personas de este país se decidieran por la opción armada, aunque no participaran directamente en ella, y me preocupan la seguridad y la vida del obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, porque siempre hay gente fundamentalista que defiende la sagrada institución privada de la tierra, del orden y de la sociedad occidental, y que es capaz de arrasar con pueblos enteros y asesinar a religiosos.
–¿Cómo evalúa usted lo realizado hasta ahora por los zapatistas?
–Creo que desde sus inicios plantearon una serie de demandas por las que se alzaron en armas, todas perfectamente resolubles dentro del marco de la existencia del gobierno federal de México. Pienso que están buscando la propaganda y las acciones políticas sobre las acciones militares. Están planteando problemas que el gobierno puede resolver, a menos que el gobierno no esté dispuesto a hacerlo y quiera someter a pruebas de resistencia a los chiapanecos, para ver hasta dónde llegan. El conflicto puede resolverse pacíficamente, y muchos de los planteamientos de los zapatistas ya debieron haber sido resueltos, porque hubo compromisos para resolverlos; los planteamientos en los que no hubo acuerdos, pueden discutirse, pueden negociarse.
–¿Usted ha entrado en contacto con los zapatistas?
–No, yo soy muy cuidadoso con el gobierno mexicano…
–Pero se ha acercado a ellos para escuchar sus planteamientos, sin que necesariamente se involucre…
–El gobierno mexicano es muy receloso, no me van a dejar entrar si digo cosas…
–Pero me dijo que en noviembre estuvo en Chiapas…
–Sí, pero haciendo otras cosas.
Montes saca de su portafolios unas fotos del subcomandante Marcos y añade: “Para que vea que también soy buen fotógrafo”.
–Se dice que un internacionalista revolucionario nunca descansa…
–Sí, pero también sabe cuidarse.
–Es decir que no se ha acercado a ellos para conocer más de cerca su movimiento.
–He seguido con atención todo.
–¿Pero ha tenido contacto físico con ellos?
–¡No! ¿No le digo que en México no me dejarían entrar si el gobierno mexicano se entera de que ando yo por ahí…?

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