Realismo Vaticano: “monseñor Romero no es bien visto, su beatificación será lenta, y la realizara otro papa”

MADRID.- “La beatificación será lenta… Monseñor Oscar Arnulfo Romero no es amado en el Vaticano. Su proceso ha sido marginado todos estos años.”
Así de contundente se mostró una fuente del Vaticano, que prefirió el anonimato al referirse al proceso de beatificación que con gran optimismo se sigue en El Salvador en favor de monseñor Oscar Arnulfo Romero.
“Tenemos que ser realistas –continua la fuente que ha seguido de cerca el proceso–; si el beatificado se llamara Escrivá de Balaguer, sería en dos meses, pero se llama monseñor Romero; eso quiere decir que va a tardar más de lo normal.”
Afirma que será otro Papa el encargado de beatificar al obispo salvadoreño: “El no es amado en el Vaticano; por eso seguramente será al próximo Papa al que le toque beatificarlo. En este momento el Vaticano está comandado por el Opus Dei”.
La causa de beatificación de monseñor Romero está apoyada por el cardenal Roger Etchegaray, presidente de la Pontificia Comisión de Justicia y Paz.
“Efectivamente, monseñor Roger Etchegaray conocía personalmente a monseñor Romero, y no nos extraña que esté apoyando la causa”, dijo Carlos Herodier, secretario de la embajada de El Salvador ante la Santa Sede.
Informó que hasta el momento no se “sabe de ningún adelanto” sobre la beatificación de monseñor Romero.
Lo que pasa, dijo, es que “la imagen de monseñor Romero se ha politizado mucho. En el Vaticano es visto más como un caudillo que como un pastor de la Iglesia, y eso quiere decir mucho”.
Consideró que todos los libros sobre las homilías del obispo salvadoreño han sido utilizados por mucha gente como “una bandera política”, lo que ha influido en la lentitud del proceso.
Según Herodier, desde que la causa de monseñor Romero entró al Vaticano, “no se sabe de ningún adelanto oficial; cuando murió el obispo Rivera y Damas se escucharon noticias de que iban a adelantar el proceso, pero no fue así”.
–Si la causa tiene más de cinco años, ¿cómo es posible que la beatificación de Escrivá Balaguer se hiciera tan rápido, y la de monseñor Romero sea lenta? ¿Es una cuestión de poder?
–Bueno, Escrivá de Balaguer tenía un postulador en Roma que se movía constantemente. La causa de monseñor Romero no tiene un postulador aquí, que yo sepa. Es una cuestión de poder, de poder de un equipo de personas trabajando a favor de la causa.
–¿De poder y de dinero?
–Naturalmente.
El encargado de recibir el proceso de beatificación es el cardenal Angelo Felici, presidente de la Congregación de las Causas para los Santos: “No podemos decir nada de la causa, absolutamente nada del proceso y nada de su situación”, expresa tajante el secretario de Felici, quien explica: “No damos informes sobre las causas, porque después los periodistas reflejan cosas inexactas en sus notas”.
Esta congregación es una de las que más ha trabajado con Juan Pablo II, quien ha establecido un récord de beatificaciones. Mientras que de 1900 hasta 1978 sólo hubo 83 beatificaciones, Juan Pablo II había proclamado 470 beatos y 350 santos sólo hasta 1993, de acuerdo con un estudio. El pontífice proclamó santos a 103 mártires de Corea el 6 de mayo de 1984, y en 1988 hizo lo mismo con 117 mártires vietnamitas.
La congregación que preside Felici es llamada la “fábrica de los santos”. El cardenal explica que el considerable aumento en el número de beatificaciones se debe a la nueva tecnología, porque ahora cuentan con computadoras y los testimonios se recogen en cintas. También ha dado más velocidad a la evaluación de las virtudes de los “émulos de Dios” la reforma realizada en 1983 en concordancia con la del Código de Derecho Canónico.
Ahora las diócesis intervienen mucho más para recoger testimonios de la vida, muerte, fama de santidad y martirio, así como documentación de los milagros atribuidos al personaje en cuestión.
Por lo que se refiere a monseñor Romero, el Papa ha hecho todo lo posible por evitar hablar de él en público. En octubre de 1992 vetó la alusión a su asesinato en la celebración de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Santo Domingo.
El documento de trabajo fue censurado en su párrafo dedicado a los mártires, en el que, además del arzobispo Romero, se hablaba de los jesuitas asesinados en San Salvador.
Juan Pablo II exigió eliminar, entre otras cosas, lo referente al arzobispo de El Salvador:
“Toda la Iglesia y la opinión mundial se estremecieron con el horrible asesinato del arzobispo de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero, quien, celebrando la misa, cayó acribillado a balazos, mártir del ministerio episcopal por su función profética”, fue una de las partes censuradas, según informó en ese entonces la agencia italiana católica Adista.
Aunque, en términos generales, el mismo Papa ha dado una peculiar explicación de su intensa actividad beatificadora:
“La verdadera historia de la humanidad es la historia de la santidad, no como ideal teórico, sino como camino que se ha de recorrer en el seguimiento fiel de Jesucristo; es una exigencia particularmente urgente de nuestro tiempo.”

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