Beatificó el papa al obispo mexicano Guizar y Valencia tras un proceso de cuarenta años sembrado de objeciones

Conocido como el “Obispo de América”, monseñor Rafael Guízar y Valencia fue beatificado este domingo 29 de enero en Roma, por el Papa Juan Pablo II, 57 años después de su muerte.
Su proceso de beatificación duró 40 años, pues fue iniciado en 1955 por monseñor Manuel Pío López, su sucesor en el obispado de Veracruz; la causa se suspendió en 1974 debido a que un grupo de sacerdotes mexicanos presentó once objeciones, entre ellas la inexistencia de un milagro comprobado.
Oriundo de Cotija de la Paz, Michoacán, donde nació el 26 de abril de 1878, Guízar y Valencia fue consagrado obispo de Veracruz el 30 de noviembre de 1919. Murió en la Ciudad de México el 6 de junio de 1938, y poco a poco cobró fama de “santo milagroso”, la que aumentó en 1950, cuando su cuerpo fue exhumado y se encontró incorrupto.
El sacerdote José Benigno Zilli Mánica, actual secretario de prensa del arzobispado de Xalapa, dice en entrevista que él tuvo el expediente con las once objeciones para beatificar a Guízar y Valencia, entre las que figuraban “su falsedad e hipocresía”. Explica: “Según el grupo de sacerdotes, más que un santo, a monseñor Guízar y Valencia se le veía como alguien que aparentaba santidad”.

Recuerda que otra objeción era la intemperancia de su carácter: “El señor era violento, rápido en sus reacciones. Si sabía que algún sacerdote se estaba portando mal, lo amenazaba diciendo: `Le voy a pedir a Dios que se muera usted`. Era muy iracundo y violento”.
También se mencionaba la intención de Guízar de buscar recovecos al derecho canónico: “Fue un obispo no muy observante de la ley de la Iglesia”.
Ese mismo año de 1974, el obispo Emilio Abascal respondió a las objeciones:
“Respecto al carácter violento de monseñor Guízar –dice Silli Mánica–, el señor Abascal lo interpretó en un sentido positivo: Era el celo por la causa de Dios, es decir, que el punto de vista de los enemigos de Guízar y Valencia habría estado coloreado por su propia vida o porque les tocó, quizá, no ser entendidos por él en un momento dado.
“Además, partió del criterio de que un santo debe tener enemigos, es decir, un santo es un hombre con el que no todo mundo puede estar de acuerdo. Si no tiene enemigos, quiere decir que es un hombre que a toda la gente le da por su lado.”
La postulación de la causa quedó en manos, a finales de 1974, del padre Agustín Fuentes, sustituido posteriormente por Rafael Hernández González, quien la culminó este domingo 29.
Antes tuvo que comprobar un milagro, y éste fue el realizado a la familia Montiel Rivera. Según contó Sergio Montiel en una entrevista realizada en octubre de 1994, su esposa Cirnara Rivera padecía esterilidad hereditaria; sin embargo, siete años después de casados, en 1983, “mi esposa me dijo que se sentía mal y no sé por qué extraña razón presentí que estaba embarazada. Por esos días habíamos estado muy cerca de monseñor Guízar y Valencia en nuestras oraciones”.
Así nació José Sergio, quien recientemente viajó con sus padres a Roma, con obispos y sacerdotes veracruzanos, para estar presentes en la beatificación.
Al conocerse la noticia de que el domingo 29 Guízar y Valencia sería beatificado, en su pueblo natal, Cotija, cuna de incontables curas y monjas –se calcula que por lo menos existe un clérigo por familia–, la gente arregló las calles y en los comercios se venden estampas, calendarios, llaveros, libros y otros objetos con su efigie.
Un abandonado busto de Guízar y Valencia, que se encuentra en el atrio de la parroquia Pópulo, apareció la semana pasada con flores blancas. Además, la población católica de la región, con el obispo de Zamora, Carlos Suárez Cázarez, permaneció en vigilia la noche del sábado 28 y la madrugada del domingo 29.
Para asistir a la misa de beatificación, agencias de viajes de la región organizaron vuelos a Roma, para “acompañar a su paisano monseñor Guízar y Valencia”; el precio fue de 1,055 a 1,580 dólares.
Según los habitantes de Cotija, esta población y la de Santa Inés, del vecino municipio de Tocumbo, se distinguen porque en ellas hubo familias en las que todos sus hijos eran monjas y sacerdotes. Por lo menos más de 100 de ellos han sido jesuitas.
Guízar y Valencia no es el primer beato de Cotija, pues esta comunidad ya cuenta con una mujer beata, Vicenta de Santa Dorotea, que nació el 6 de febrero de 1867 y durante su niñez fue pastora. Murió en 1949 y perteneció a la Orden de la Santísima Trinidad.
De Cotija es también el padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, grupo que cuenta con grandes influencias políticas y económicas en todo el país.

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