Preocupado siempre por los pobres, Gaillot se solidarizo con Samuel Ruiz y protesto por acciones militares en Chiapas

PARIS.- ¿Qué pecados imperdonables cometió Jacques Gaillot? ¿Por qué el Vaticano lo castigó tan duramente?
“Se me reprocha globalmente todo lo que hice durante mi vida de obispo”, explica.
¿Y qué hizo?
En 1983, un año después de haber sido nombrado obispo de Evreux, Gaillot ayuda a un joven pacifista que no quiere entrar al ejército y que pide al prelado su apoyo moral. La opinión pública se asombra. El mismo año Gaillot vota contra la declaración común de los obispos franceses en la que critican la fuerza de disuasión nuclear francesa. Motivo: esa declaración es demasiado tibia, a su juicio. Desea una condena abierta. Nueva sorpresa de la opinión pública.
Durante dos años no se vuelve a hablar de él. Pero en 1985 firma una petición a favor de la libertad sindical en las instituciones católicas de enseñanza. Se le acusa de haber “pactado con los enemigos de la escuela privada”. Ese tema es muy polémico en Francia, donde se enfrentan, a veces violentamente, los partidarios de la muy republicana enseñanza laica y los de la enseñanza privada.
Durante los siguientes dos años, el obispo refuerza la convicción que su lugar está al lado de los marginados. Actúa en ese sentido en su diócesis y fuera de ella. Se encuentra con Yaser Arafat. La noticia causa estupor.
En 1987 recibe la visita de un grupo de comunistas. Tienen un problema grave: uno de sus camaradas, natural de Evreux, está preso en Sudáfrica. Su crimen: haber testimoniado en favor de cuatro militantes negros acusados de ser terroristas. Quieren que el obispo participe en la campaña de solidaridad con el detenido. Unas semanas más tarde, Gaillot viaja a Sudáfrica. Habla con el preso. El obispo mantiene su solidaridad con él hasta su liberación.
Se le empieza a llamar “obispo rojo”.
1988 es un año con muchas ocupaciones para Jacques Gaillot. Descubre América Latina, y más que nunca apoya la teología de liberación. En una entrevista con la corresponsal, el año pasado, Gaillot reconoció que el compromiso de los sacerdotes latinoamericanos con los pobres le servía de modelo.
Ese mismo año Roma lanza un anatema contra la película de Martin Scorsese La última tentación de Cristo. El obispo asiste a su exhibición, y sale asombrado por la decisión del Vaticano… Un poco más tarde, defiende el uso del preservativo como medida de protección contra el sida. Acoge en su catedral a parejas divorciadas que se volvieron a casar. Aboga por la ordenación de los sacerdotes casados y de las mujeres. Finalmente, pide comprensión hacia los homosexuales.
Los católicos se dividen. Unos se sienten ultrajados. Otros están fascinados. Se empieza a hablar del “caso Gaillot”.
En 1989, los “ultrajados” están al borde de la ira: Monseñor Gaillot da una entrevista a la revista Lui, versión francesa de Play Boy, y otra a Gai Pied, una revista mensual dedicada a los homosexuales. En la primera habla de sus concepciones pacifistas; en la segunda, de la soledad y de la angustia de los marginados. Dice: “Hay que saber acoger a los demás, ser auténtico, recordar que la diferencia sexual es fundamental para estructurar a los individuos y a la sociedad”. También participa en manifestaciones contra el racismo y la xenofobia.
Es demasiado para la jerarquía católica francesa. Monseñor Gaillot y monseñor Decourtray, entonces presidente de la Comisión Episcopal, firman juntos un texto en el que se define un código de buena conducta que debe seguir el obispo de Evreux. Gaillot pide una entrevista a Juan Pablo II; éste se la niega.
En 1991, viaja a Haití para asistir a la toma de posesión del presidente Aristide, su amigo.
1993: Publica un libro: Paroles sans frontieres (Palabras sin fronteras), en el que reivindica la libertad de expresión. “Es imposible anunciar un Evangelio de libertad, si quienes lo hacen no gozan de esa libertad”, explica. Ese mismo año se entera de las maniobras del nuncio del Vaticano en México, Jerónimo Prigione, contra el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz. Al igual que todos los católicos progresistas de Francia, laicos o religiosos, se solidariza con don Samuel. Y en los primeros días de enero de 1994, cuando el Ejército Mexicano reprime duramente la rebelión indígena en Chiapas, Gaillot encabeza una importante delegación de ONG que expresa su profunda indignación y preocupación al embajador de México en Francia, Ignacio Morales Lechuga.
Algunas semanas después publica otro libro, en el que critica duramente las nuevas leyes represivas puestas en vigor en Francia por el primer ministro Charles Pasqua contra los emigrantes.
En marzo de 1994, participa en el programa de televisión Frou Frou. Ese programa, dirigido exclusivamente por mujeres jóvenes y un tanto insolentes, es muy popular. Es ligero y gira a menudo alrededor de cuestiones sexuales. En abril, Gaillot interviene en otro programa de televisión en el que platica largamente con el teólogo alemán Eugen Drewermann, a quien el Vaticano prohibió seguir enseñando. Una semana más tarde, el presidente de la Conferencia Episcopal le envía una carta en la que deplora sus frecuentes apariciones en los medios masivos de comunicación. Siguen unas críticas muy duras contra Gaillot. En las semanas siguientes, Gaillot recibe 40,000 cartas de apoyo de toda Francia. Las reúne y las publica en un libro.
El 12 de enero de 1995, Gaillot, convocado en Roma, se entera de que ya no es obispo de Evreux.
¿Qué va ha hacer ahora?
“Me encerraré algunos días para meditar. Después de haber reflexionado, consultado a quien quiero consultar, me esforzaré para encontrar un nuevo campo de acción. Voy a tomar la iniciativa de pedir a una diócesis que se me permita integrarme a un equipo de capellanía en un hospital o en una cárcel… Así podré estar en una estructura de la Iglesia. Sé que sólo se puede recibir una misión. Haré la propuesta, y si se acepta, recibiré esa misión.”

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