Matanza en Guadalajara: más datos, más sospechas

Pese a los avances de la investigación sobre la matanza de 26 hombres en Guadalajara, el extraño manejo informativo de la procuraduría estatal e incluso de los detenidos provoca incertidumbre: la procuraduría y los presuntos criminales coinciden en que entre los muertos no hay inocentes, pero no han establecido un motivo convincente para reunir a tantas víctimas.

GUADALAJARA, Jal. (Proceso).- Tres semanas después del hallazgo de 26 cadáveres en los Arcos del Milenio, ocurrido el 24 de noviembre, las investigaciones de la Procuraduría General de Justicia de Jalisco (PGJ) y los tres detenidos por el múltiple homicidio coinciden en un punto clave: que entre los muertos no hay inocentes sino que todos eran narcos.
A diferencia de otras ocasiones en que se captura a sujetos de “alta peligrosidad”, el jueves 8 la PGJ presentó ante los medios de comunicación a Rigoberto Robles Farías, José Trinidad Escobar Salmerón y a José Luis Herrera Solares como integrantes del cártel del Milenio y presuntos involucrados en la masacre.
Ese día la dependencia ofreció facilidades a los comunicadores para entrevistar a los detenidos, aunque los testimonios ante los reporteros carecen de validez jurídica, concuerden o no con su declaración ante el Ministerio Público. Algunos periodistas, consultados por Proceso Jalisco, se dijeron extrañados por la actitud de Robles Farías, quien no sólo respondió todo, sino que habló sin necesidad de que se le preguntara.

Dos de los hombres presentados dijeron que las víctimas pertenecían a Los Torcidos, también conocido como el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y ligado al cártel de Sinaloa, que encabezan El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada. De plano desecharon la posibilidad de que entre los ejecutados hubiera inocentes, lo que contrasta con las versiones de algunos de los deudos de varias víctimas, quienes aseguran que éstas eran ajenas a cualquier actividad ilícita (Proceso 1830 y 1831).
Ante la prensa, los detenidos negaron que autoridades estatales les brindaran protección.
En tanto, el mismo jueves 8 la policía de Zapopan reportó que descubrió una narcomanta con un mensaje similar al encontrado con los 26 cadáveres, en el cual se señaló que el gobernador Emilio González Márquez, y el de su homólogo de Sinaloa, Mario López Valdez, estaban vinculados con el cártel de Sinaloa.
Al respecto, el secretario de Seguridad Pública estatal, Luis Carlos Nájera, no descartó la posibilidad de que el cártel del Milenio prepare un nuevo atentado: “En la casa que se aseguró en Zapopan… había una nueva manta, lo que nos hace pensar que se pudiera tratar de repetir una acción como ésta (la del 24 de noviembre)… estamos alerta”, según declaró al programa radiofónico Notisistema.
Entrevistado, el procurador del estado, Tomás Coronado, admitió que el mensaje es similar al descubierto junto a las camionetas con los 26 cuerpos, pero rechazó que se estuviera preparando un nuevo ataque o que la entidad se encontrara en alerta máxima a raíz del arresto de los tres sospechosos o por la captura de Nicolás Balcázar López, El Bronco, presunto líder del CJNG.
Los detenidos por el múltiple homicidio indicaron que un mes antes del 24 de noviembre, un grupo de sicarios ubicó a sus víctimas, la mayoría residentes en la zona metropolitana y en estados cercanos a Jalisco, los “levantaron” y después estrangularon a la mayoría. Admitieron que siete fueron asesinados en una casa de seguridad en Zapopan, como difundió la autoridad estatal.
Versión oficial… de los detenidos

Rigoberto Robles Farías, alias El Flaco o El Chore, de 36 años, reconoció ante los reporteros que participó en 48 ejecuciones antes del crimen por el que fue capturado. El jueves 8, en las instalaciones de la PGJ de la Calle 14, Zona Industrial, se mostró desinhibido:
“El halcón ubicó a las víctimas por más de un mes y bajó las fotos (que) nos pasaron”. Después, agregó, él y otras personas levantaron a los hombres señalados de dos días a unas horas antes de la ejecución.
–¿Levantaron algún inocente entre ellos? –preguntó un reportero.
–Ninguno; todos eran del grupo de Los Torcidos (del CJNG); ellos son la contra y son los que nos disputan la plaza.
–¿Cómo fueron “levantados”?
–De uno en uno y de a dos.
–¿Cuánto tardaron?
–Desde el lunes (21) hasta el jueves (24), y los teníamos en una casa de seguridad –respondió, aunque no pudo precisar dónde está la vivienda.
–¿Los torturaron?
–No, para nada.
–¿Cómo los asesinaron?
–Ahorcados, porque es así que se mata a Los Torcidos.
–¿En cuántos homicidios más has participado?
–En 48, y en ellos han participado amigos.
Reconoció que la zona de operación del cártel del Milenio abarca Jalisco y Michoacán. También admitió que él contribuyó en la ejecución de siete de los 26 hombres que su grupo abandonó en una Dodge Van blanca con placas del Estado de México, en uno de los carriles centrales de la avenida Lázaro Cárdenas.
Robles Farías –también identificado como Alberto Flores Farías, oriundo de Los Reyes, Michoacán– era vecino de la calle Etiopía, colonia Cuauhtémoc, en Guadalajara. Según él, desde 2009 pertenece al cártel del Milenio y recibía 18 mil pesos mensuales como sicario. Según la PGJ, tiene antecedentes penales por robo de camiones de carga y ese 24 de noviembre él condujo la camioneta.
En cuanto a José Trinidad Escobar Salmerón, El Troca, tiene 38 años y antecedentes por delitos contra la salud. Admitió que el día de los hechos él iba como copiloto en la Dodge Van blanca.
Originario de Juchitlán y radicado en la colonia Insurgentes, de Guadalajara, añadió que apenas tenía ocho meses como sicario y que se encargó de asesinar a dos de las siete personas que llevaron a la casa de seguridad. “Apenas ando en eso, ando iniciando”, dijo, e informó que le daban 10 mil pesos mensuales.
Contó que las órdenes para eliminar a los secuestrados las daba El Chino y que con sus compinches operaban en una casa de seguridad a la que se referían como “la oficina”. Según él, quería dejar la organización criminal pero lo amenazaron de muerte. Aun así, admitió, le encargaron que vigilara a los siete cautivos en la casa de seguridad.
A su vez, José Luis Herrera Solares, El Chino, es originario de Tijuana y sus cómplices y la PGJ lo señalan como líder de una célula del cártel del Milenio que operaba en la colonia del Fresno, en Guadalajara.
A decir de Herrera, a él le pagaban 20 mil pesos mensuales y desde antes de la masacre ya era el encargado de levantar y ejecutar a integrantes del CJNG. Él sí fue renuente a declarar ante la prensa y sólo indicó que recibía órdenes de un tipo al que conoce como El Tello.
Según la PGJ, el 24 de noviembre Herrera Solares “iba de punta” en un auto Nissan Sentra color arena para abrirle paso a la Dodge Van blanca.
Desprecio por la vida

Para el investigador Francisco Gutiérrez Rodríguez, de la Universidad de Guadalajara, la información presentada hasta ahora por las autoridades estatales es insuficiente para establecer que todos los ejecutados eran torcidos.
Experto en salud mental, analiza el método de la ejecución: “El ahorcamiento, desde la antigüedad, es un método utilizado para eliminar a aquellas personas que son repudiadas por sus adversarios o por un grupo de la población que pretende dejar de manifiesto la aplicación de un castigo ejemplar, luego de cometer un acto que supuestamente ofende”.
Gutiérrez explica que se busca dejar claro el desprecio absoluto por la vida del enemigo: “No vale la pena invertir en ninguna estrategia de tortura para su eliminación; de hecho, se señala que las víctimas habían sido levantadas pero sin torturarlas”, para mandar un mensaje de escarmiento.
Sin embargo, presume que sí murieron inocentes, a pesar de que el procurador Tomás Coronado dio por hecho que los sicarios “pretendían causar terror a los integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación… y al gobierno del estado”.
La PGJ informó que tras el crimen múltiple se aseguraron tres casas. La primera, en la colonia Álamo Industrial, de Tlaquepaque, donde se hallaron armas y droga. En otra de la avenida Torremolinos, de Zapopan, se supone que fueron ejecutadas siete de las víctimas, levantadas entre el lunes 21 y la madrugada del jueves 24, ya que, como puntualizó Coronado, “se encontraron rastros de sangre, cinchos, empaques de vendas, cintas de zapatos, seguros para vendas y bolsas de plástico, entre otros indicios” de que amordazaron a secuestrados.
La tercera casa de seguridad está en la calle Torre Alba 1072, de Lomas de Zapopan, donde se encontró la narcomanta, así como decenas de fornituras, radiotransmisores, un lanzacohetes, cerca de medio kilogramo de mariguana, un cañón para fusil Barrett y decenas de cargadores con tiros de diferentes calibres.
Coronado informó que, la PGJ tiene identificados a siete autores intelectuales y materiales de la matanza.
Sin embargo, se negó a confirmar la hipótesis de que la matanza fuera un ajuste de cuentas del cártel del Milenio y Los Zetas contra el cártel de Sinaloa luego de las matanzas del 20 de septiembre en Boca del Rio, Veracruz y en Sinaloa, un día antes del múltiple homicidio en Guadalajara.
A decir el procurador, se sospecha que uno o dos de los ejecutores fueron asesinados a su vez para evitar que delataran a los responsables de la masacre.

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