Para el actor Héctor Ortega, fue un complot el que lo destituyó de la Secretaría del Sindicato de la Producción cinematográfica; acusa a Elizondo

Diecisiete años de trayectoria sindical del actor Héctor Ortega se hicieron añicos tras su arribo a la Secretaría General del Comité Central del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC), cargo que sólo pudo ocupar durante poco menos de diez meses.
En su breve liderato al frente de una de las dos más importantes organizaciones gremiales del medio cinematográfico –la otra sería el Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC)–, el también realizador, autor y músico fílmico hurgó entre las espinas sindicales y no salió bien librado: conminado a renunciar en una asamblea, fue finalmente destituido por sus compañeros sindicalistas de un cargo que debió ocupar por cuatro años.
Una de las cuestiones que desataron la violencia y las agresiones en su contra, al modo de una consigna –asume ahora–, fueron sus críticas sistemáticas al esquema de militancia gremial en la Asociación Nacional de Actores (Anda), que afilia no sólo a los actores cinematográficos sino también a los de teatro, centros nocturnos y circos, y los hace partícipes de decisiones que no les conciernen profesionalmente.
Y fue precisamente Humberto Elizondo, el líder de la Anda –una de las seis secciones que integran el STPC–, quien pidió la renuncia de Ortega, secundado por Isaac Téllez, dirigente de la Sección de Técnicos y Manuales del mismo sindicato: “creo que hay algo por parte de Téllez respecto del Congreso del Trabajo y por el partido a que pertenece”, sospecha Ortega, quien también cuestionó con insistencia durante su mínima gestión el requisito indispensable que establece el Congreso del Trabajo de militar en las filas del Partido Revolucionario Institucional para ser aceptados los trabajadores en su seno.

“El Congreso del Trabajo tiene una cláusula que dice que para ser miembro se tiene que ser, en lo individual y en lo colectivo, militante del PRI; eso es un vicio del corporativismo que se ha quedado, y ya es tiempo más que suficiente para que se vuelva a redefinir el Congreso del Trabajo y se tome una actitud plural, de respeto a los trabajadores”, explica.
“Se quejaban de que yo no asistía al Congreso del Trabajo, pero en lo personal he tenido una fuerte reticencia para ir, porque es una entidad que no respeta la militancia individual de los trabajadores”. Y ésa fue, dice, “una de las razones fundamentales por las que hubo bronca.
“Otra de ellas es que yo estuve todo el tiempo defendiendo públicamente que nuestro sindicato era una desgracia ya”, analiza: “resulta que mucha gente del STPC trabajaba con el STIC por la libre, como la gente de la Anda, mientras que los de Técnicos y Manuales tenían que trabajar a fuerza dentro de los Estudios Churubusco; entonces empezó a formarse una serie de sindicatos que llamaban sindicatitos; es decir, pequeños sindicatos que no estaban dentro del STPC, para que los agremiados pudieran trabajar fuera del sindicato; así, los Técnicos y Manuales crearon el Sindicato de Técnicos y Manuales, Similares y Conexos de la República Mexicana y los autores, el de Escritores Sindicalizados de Cine, Radio y Televisión, Similares y Conexos”.
Pero resulta que a final de cuentas fue “el sindicatito de Técnicos y Manuales el que firmó el contrato colectivo de trabajo que tenía el STPC con los Churubusco y nos quitó a todos los demás”. De hecho, advierte, “nosotros pudimos haber iniciado una huelga ahora que nos quitaron los Estudios Churubusco, porque era nuestra fuente de trabajo, pero no pudimos hacer nada porque no teníamos vela en el entierro”.
Aunque “todos los secretarios generales de las secciones del STPC son también los secretarios generales de los sindicatitos, son la misma gente, lo mismo todo, sólo que están registrados como otros sindicatos. Propuse que debíamos hacer una nueva federación, una nueva unión, porque las secciones ya estaban totalmente debilitadas; propuse crear una federación de sindicatitos para nuevamente hacer un sindicato poderoso, pero esta propuesta causó muchos problemas, mucha polémica”.
Ahora, observa Ortega, “el único contrato colectivo que tenemos como STPC es el que firmamos con los productores, que además están produciendo poquísimo; casi somos de nombre”.
Producto de una escisión en el interior del STIC en 1945, encabezada por Mario Moreno “Cantinflas”, Jorge Negrete y Gabriel Figueroa, el STPC está integrado por las secciones de Directores, cuyo secretario general es Julián Pastor; Autores y Compositores de Música, encabezada por Roberto Cantoral; Técnicos y Manuales, lidereada por Isaac Téllez; Actores, dirigida por Humberto Elizondo; Filarmónicos, conducida por Otilio Acevedo, y Autores, cuyo secretario general era Ortega mismo, cargo al que también renunció luego de ocuparlo durante 11 meses.
Ortega había llegado a la Secretaría General del Comité Central del STPC en abril del año pasado, cuando todos los demás sindicalistas elegibles se negaron a contender por el cargo. Entre los secretarios de sección sólo quedaban los nuevos como posibles aspirantes: Téllez, Elizondo y Ortega. “Bueno, pues no hay más remedio que entrarle”, pensó Ortega: “como todo mundo se eliminó, no quedó más remedio: pues yo. ¡Orale, pues!”.
Se animaba entonces Ortega: “bueno, tengo una serie de características que pueden ser útiles para el cargo, aunque no tenga mucha experiencia, aunque no conozca demasiado en la práctica el teje y maneje del sindicato como tal, pero a nivel político y cultural puedo hacer muchas aportaciones.
“Y efectivamente las hice”, considera ahora.
No obstante, recuerda, las cosas se fueron intempestivamente al extremo en octubre pasado, cuando el concurso cinematográfico de Fecimex, patrocinado por el Departamento del Distrito Federal, decidió cambiar el fideicomiso que hacía posibles los premios del Banco Mexicano al Banco Obrero. Al mismo tiempo, a unos cuantos días del concurso, la dirigencia del STPC no podía retirar los fondos “porque teníamos que hacer una serie de cambios en la Secretaría del Trabajo, pues habíamos puesto al día el padrón de la sección.
“El padrón sindical que teníamos era de 1963, y no se había revisado desde entonces, e hice toda una campaña para que lo actualizáramos”, explica, pero “para hacer el nuevo fideicomiso necesitábamos la toma de nota de la Secretaria del Trabajo, y como no teníamos todavía el padrón nuevo, no había podido obtenerla después de cinco meses”.
Al mismo tiempo, cuenta, “yo estaba saliendo con una obra de teatro y estaba en Monterrey, entonces la gente del Comité Ejecutivo se asustó muchísimo, se quejó de que yo estaba todo el tiempo fuera, trabajando, y que no atendía suficientemente al sindicato, lo cual es absolutamente falso.
“Dicen que me buscaron y que no me encontraron, pero creo que no hubo suficiente empeño”, relata Ortega: “como no me localizaron, convocaron a una asamblea para llamarme a cuentas, y ahora sí me encontraron para avisarme”.
Aunque de hecho “con Fecimex no hubo ningún problema en realidad”, y así se los hizo ver Ortega a sus compañeros. En la asamblea les demostró, dice, “punto por punto, que había resuelto todos los problemas que le planteaban”. Pero también “les dije que mi comité ejecutivo no estaba cumpliendo, que no se presentaba, y que además había sido bastante ineficiente porque yo había hecho una serie de solicitudes para que las llevara a efecto y mi comité no estaba trabajando”.
Lo que sucedió entonces fue que “dimos la gran oportunidad a la gente que nunca va al sindicato pero que siempre le tiene cierta ojeriza, o que tiene problemas de competitividad con los dirigentes, para que nos atacara”.
Y, en efecto, “al poco tiempo convocaron a una asamblea para pedir la destitución del secretario general y su comité ejecutivo”. Pero resulta que “aun cuando ellos no pueden convocar a una asamblea, la secretaria del Interior, Matilde Landeta, dio curso a la convocatoria sin avisármelo, a mis espaldas; me indigné, le dije que era una traición, porque pienso que mi comité ejecutivo debió llamarme a cuentas y jalarme las orejas si lo consideraba prudente, y si así fuera, destituirme, y entonces sí, pedir una asamblea”.
Llegada la asamblea, Ortega se encontró con un nivel muy bajo, cuenta, en medio de agresiones y violencias. “¿Qué estoy haciendo aquí –pensó–?: la mitad no está conmigo y de la otra mitad que está conmigo ninguno habló por mí, ni sacó la cara, ni opinó nada: se quedaron callados”. Se dio cuenta entonces que de cualquier manera, “aunque llegaran a votar por mí nuevamente, 50 por ciento estaría en mi contra”, y asumió: “ya no soy la gente adecuada. ¿Qué necesidad tengo de soportar estos niveles de bajeza y de agresividad?”. Y se dirigió a la asamblea: “compañeros, lo lograron: no quería renunciar, porque creo que mi estancia aquí es importante, porque hay muchas cosas que resolver y las cosas están funcionando”.
Pero “como era diciembre, en la época de las posadas, me pidieron que no renunciara en ese momento porque el sindicato iba a ser un caos, que renunciara mejor en febrero”. Ortega estuvo de acuerdo. “Nos vemos el 6 de febrero”, quedamos.
Conforme a los estatutos sindicales, explica Ortega, “lo que procedía normalmente era que si el 6 se celebrarían las elecciones, 15 días antes debían efectuarse las votaciones, y se necesitaban cinco días para contar los sufragios: 20 días en total, de modo que el 16 de enero yo debía convocar al Comité Ejecutivo y renunciar”.
Así, Ortega reunió en una junta al Comité Ejecutivo el 12 de enero para notificarlos. Ahí empezó la discusión. Primero con la realizadora Marcela Fernández Violante, quien “no sé qué tanto intencionadamente, dijo que yo ya había renunciado y que por tanto ya no era el secretario general”.
Elizondo propuso en seguida “que automáticamente dejara yo el puesto por falta de representatividad”. Cuenta Ortega:
“Con su agresividad desmedida, Elizondo me dijo que la Anda me pedía mi renuncia en ese momento. Todos lo apoyaron. Yo nomás les aclaraba cómo había sido el procedimiento, les decía que no quería aferrarme al cargo por cuatro días más. Alberto Bojórquez pidió mi destitución. No si el tercer punto de la orden del día es mi renuncia, le aclaré. Pero eso me dio pie a pensar que se trataba de una consigna”.
“No me merezco esa agresividad; estoy defendiendo exclusivamente un planteamiento de procedimiento”, insistió Ortega. “Te pedimos la renuncia en este momento”, le respondieron. Votaron en favor Fernández Violante por la Sección de Directores; Téllez, Elizondo. “Se levanta la sesión”, dijeron, y se fueron.
“Por lo menos díganme por qué”, les suplicó Ortega. “Pues porque no hay un proyecto de sindicato”, le contestaron.
Sin embargo, nada le quita de la cabeza al actor que “una de las razones fundamentales de esta destitución tan absurda, cuatro días antes de mi renuncia, era hacer patente precisamente que era destituido.
“Total, siento que hice lo que tenía que hacer”, se conforma ahora Ortega, dispuesto a retornar a la base sindical, desde donde “seguiré planteando y cuestionando todo lo que me parezca inadecuado”.
Mientras tanto, el STPC ha convocado a elecciones para el 13 de febrero. Se disputarán entonces la Secretaría General de la Sección de Autores Marcela Fernández Violante y Xavier Robles. Al día siguiente, tal vez, se elija al nuevo secretario general del STPC.

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