Dictamen de la ONU: ilegal, el tribunal que condenó a Patricio de la Guardia en Cuba, con procedimientos de guerra en tiempos de paz.

PARIS.- Ileana de la Guardia tiene en la mano una carpeta blanca. “Aquí está el resultado de cuatro años de esfuerzos”, comenta simplemente.
Abre la carpeta. Hojea unos documentos y explica:
“El grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas descalifica el tribunal que las autoridades cubanas constituyeron a toda velocidad, en junio de 1989, para juzgar y condenar a 30 años de cárcel a mi tío Patricio de la Guardia Font.”
Delgada, serena, Ileana de la Guardia no aparenta sus 30 años y esconde una voluntad de hierro detrás de una silueta frágil. Salió de Cuba un año y medio después de que su padre, Antonio de la Guardia Font, acusado de narcotráfico, fuera sentenciado a muerte, el 7 de julio de 1989, y ejecutado un mes más tarde, con otros tres acusados, entre quienes se encontraba el general Arnaldo Ochoa. Su tío Patricio de la Guardia Font fue condenado a 30 años de cárcel, por haber participado también en el tráfico de drogas.

–El año pasado se anunció en París la creación de un comité de apoyo a Patricio de la Guardia. ¿Usted tuvo algo qué ver con eso?
–En 1993 tuve contactos con varios intelectuales y artistas franceses y de otros países. Decidieron crear un comité para la revisión del juicio. Dieron una conferencia de prensa en febrero de 1994, en la que denunciaron la arbitrariedad de su juicio, de su condena. Redactaron una carta pidiendo que se revisara. La hicieron circular. Mucha gente la firmó. Una delegación, encabezada por el escritor Gilles Perrault, que preside ese comité con Regis Debray y Jean Francois Vogel, fue a la embajada de Cuba en París para entregar esa carta. Fueron atendidos por el asistente del embajador. Cuando se enteró del motivo de su visita, llamó al embajador. Este no quiso recibir a la delegación. El asistente le pidió entonces instrucciones acerca de la carta. El embajador le ordenó romperla. El asistente la rompió…
En diciembre de 1991, en entrevista con Proceso, Ileana afirmó que temía por la integridad física de su tío. Le preocupaba también el aislamiento total a que estaba sometido en el centro penitenciario de Guanajay.
“El año pasado recibí noticias inquietantes de Cuba; mi tío sólo pesaba 48 kilogramos, muy poco para un hombre que mide 1.80 metros, y se veía bastante afectado por su soledad forzada. El comité entró en contacto con Médicos del Mundo, y esa asociación decidió pedir al gobierno cubano una autorización para que tres de sus miembros visitaran a Patricio. Mientras esperábamos la respuesta, me enteré de que, de repente, las autoridades cubanas habían decidido cambiar a mi tío de cárcel. Lo habían trasladado a la granja de detención de Guines. Un mes y medio después, cuando ya había engordado un poco, y tras que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia y la señora Mitterrand habían apoyado la petición de Médicos del Mundo, las autoridades cubanas autorizaron la visita de una misión. Tres médicos franceses, acompañados por un médico cubano, vieron a Patricio. No le encontraron enfermedad grave alguna, pero sí lo notaron agotado, con estrés, debido sobre todo a su aislamiento.”
–¿En qué circunstancias se sometió el caso de Patricio de la Guardia al grupo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU?
–En febrero de 1994 me entrevisté con el relator especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. Luego entregué al grupo de trabajo un expediente completo sobre el caso de mi tío y presenté una denuncia. El grupo analizó todos los documentos con sumo cuidado, aceptó mi demanda, la envió al gobierno cubano y le pidió informaciones. Las autoridades cubanas cuestionaron esa “injerencia” del grupo, pero acabaron por enviar su versión de los hechos. Sus respuestas no convencieron al grupo de trabajo. Allí está la prueba.
Ileana muestra una carta fechada del 23 de enero de 1995 que le dirige Isaac Bitter, secretario del grupo; le explica que las conclusiones sobre la detención de su tío estarán incluidas en el informe del LI Período de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que actualmente se realiza en Ginebra. Luego Ileana muestra un documento de cinco páginas, titulado Decisión número 47/1994 (CUBA), en el cual el grupo de trabajo descalifica a las autoridades cubanas.
En las dos últimas páginas el grupo explica que se encuentra en la imposibilidad de definir el delito por el cual fue condenado Patricio de la Guardia. Dice:
“De acuerdo con la denuncia (de Ileana), Patricio de la Guardia fue condenado por no haber tenido el coraje de un general revolucionario para denunciar a su hermano mellizo. Según el gobierno, por actos hostiles a un Estado extranjero (que no menciona) y por tráfico de drogas. En atención a que las partes no han proporcionado copia de la sentencia, y los antecedentes proporcionados por el denunciante y por el gobierno son insuficientes para resolver cuál es el cargo por el cual se pronunció la condena, el grupo no está en condiciones de pronunciarse sobre este punto.”
Luego, no reconoce la competencia al Tribunal Especial constituido para juzgar a Patricio de la Guardia. Dice:
“Respecto al tribunal. En esta materia, la denuncia de que el tribunal fue constituido post facto es plenamente confirmada por el gobierno. Fue, según el gobierno, un Tribunal Militar Especial constituido al efecto.
“Si bien la Declaración Universal de Derechos Humanos exige que toda acusación penal sea conocida por `un tribunal independiente e imparcial’, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos agrega que debe ser un tribunal, además, `competente’. Es sabido que las reglas de la competencia de los tribunales deben ser establecidas con anterioridad al hecho. Los `Principios Básicos Relativos a la Independencia de la Judicatura’ aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en sus resoluciones 40/32 y 40/146, de 1985, consagran que `no se crearán tribunales que no apliquen normas procesales debidamente establecidas para sustituir la jurisdicción que corresponda normalmente a los tribunales ordinarios’. Tales preceptos sientan el principio de la preexistencia del tribunal y de las reglas procesales, las que sólo admiten excepción en el caso de tribunales penales internaciones llamadas a conocer de crímenes de guerra o de lesa humanidad.
“En tal virtud, lo obrado en la especie constituye una violación de las normas del debido proceso de derecho, de tal gravedad que por sí solas otorgan a la detención impuesta por el tribunal especial el carácter de arbitraria.”
El grupo condena también severamente el procedimiento. Enfatiza:
“Respecto al procedimiento: no ha desmentido el gobierno cubano la afirmación de la denuncia (de Ileana de la Guardia) en cuanto a que el procedimiento sumario aplicado por el Tribunal Especial fue el propio del tiempo de guerra, situación no vigente en el país a la fecha de los hechos y del juzgamiento. El empleo del procedimiento de guerra en tiempo de paz constituye una infracción a los mismos preceptos, que también es suficiente para dar a la detención el carácter de arbitraria, atendida su gravedad.
“A la luz de lo que antecede, el Grupo de Trabajo decide lo siguiente:
“Que la detención de Patricio de la Guardia Font es declarada arbitraria, por estar en contravención de los artículos 9 y 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y los artículos 9 y 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y entra en la categoría III de los principios aplicables para el examen de los casos presentados al Grupo de Trabajo.
“Como consecuencia de la decisión de declarar arbitraria la detención de la persona nombrada, el Grupo de Trabajo pide al gobierno de Cuba que tome las medidas necesarias para poner remedio a la situación, conforme a las disposiciones y (los) principios incorporados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.”
Ileana de la Guardia pone de nuevo esos documentos en su carpeta. Mira pensativa la calle lluviosa, frente al café donde nos encontramos. Luego comenta como para sí: “ese tribunal especial creado por Fidel Castro y que la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas califica de incompetente fue el mismo que sentenció a muerte a mi padre…”.

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