Rusia: Las protestas decembrinas

MÉXICO, D.F. (apro).- Hace un año, el periodista y bloggero Oleg Kashin fue golpeado salvajemente. Sus atacantes gozan de impunidad, una situación que prevalece en la Rusia contemporánea. Sin embargo, gracias a las protestas que comenzaron este diciembre, el periodista cree que eso puede cambiar.

En una entrevista electrónica con Apro, Kashin expresa su fe en los manifestantes que acusan al partido Rusia Unida –del actual primer Ministro Vladimir Putin– de fraude electoral en los comicios legislativos del pasado domingo 4.

“El 10 de diciembre, en el centro de Moscú, hubo una manifestación como no la había desde la perestroika. Por primera vez en la historia de Rusia, el pueblo se unió, sin líderes ni partidos. Sólo era gente que demandaba: ‘necesitamos una elección justa’”, dice.

Añade: “Para muchas personas, esta es la primera manifestación de sus vidas”.

Kashin considera que el movimiento es inédito y exitoso por la cantidad y la calidad de las personas que acudieron: jóvenes, trabajadores y jubilados, todos ellos afectados por las políticas de austeridad de las autoridades. “Sus diferencias con el gobierno son éticas en naturaleza”, señala.

En las imágenes que los medios de comunicación rusos han difundido aparece una manifestante anciana que porta una fotografía de Putin que la revista Time publicó cuando lo nombró “personaje del año”, en 2007, pero la fotografía fue truqueada, donde se ve a un Putin envejecido, que en el 2050 es presidente de Rusia. Fue una forma de referirse a las aspiraciones presidenciales del primer ministro en las elecciones de 2012.

En 2007 Putin tenía 85% de popularidad. Ahora sus opositores afirman que enfrenta el repudio general. Un hecho parece sintomático: durante una justa de artes marciales mixtas, celebrada el pasado 20 de noviembre, Putin fue abucheado mientras felicitaba al campeón ruso. La gente le gritaba:”¡Vijadí!” (vete).

La revista The New Yorker publicó, el pasado lunes 19, un reportaje titulado “El archipiélago civil, qué tan lejos puede ir la resistencia contra Putin”. El texto presenta un largo recuento de los crímenes y la corrupción imperantes en el régimen de Putin, pero especialmente retrata cómo la sociedad civil rusa está pasando de ser “una serie de islas separadas por el ancho mar de Rusia” a una “organizada”.

Ecologistas que protegen los bosques en contra de la construcción de vías, defensores de derechos humanos en el Cáucaso, periodistas críticos, historiadores de la época soviética, familiares de presos… todos han intentado salir a la calle en la última década, y todos esperaban el momento de este levantamiento decembrino, dice el artículo.

Durante la Navidad, desafiando temperaturas bajo cero, salieron a las calles de Moscú 150 mil personas, según los organizadores de la manifestación. Las autoridades estimaron la cifra en 25 mil.

“Queremos elecciones justas”, “Ni un voto para Putin, ni un voto para Rusia Unida”, gritaban, en referencia a las elecciones presidenciales de 2012.

Los opositores al gobierno creen que para enero del próximo año, cerca de un millón de personas podrían participar en las manifestaciones.

“Putin no podrá objetarles nada”, advierte Kashin.

Tinta borrable

No fue la corrupción, ni el asesinato de periodistas, ni los problemas económicos, lo que motivó a las personas a salir a las calles, sino el presunto fraude electoral del pasado domingo 4, que benefició a Rusia Unida.

Kashin explica que la corrupción y la manipulación son comunes en Rusia. “Pero lo más duro es el indignante fraude electoral”, dice.

Según el documento ¿Cuáles son los resultados verdaderos de las votaciones del cuatro de diciembre?, publicado el 10 del mismo mes por Golos, observatorio de procesos electorales en Rusia desde el 2000, el partido de Putin obtuvo de manera fraudulenta entre 13 millones y 15 millones de votos, casi la mitad de su votación total.

El mismo día, el físico ruso Sergéi Shpilkin publicó en el diario Gazeta.ru un análisis estadístico que explica algunas de las irregularidades de la votación a favor de Rusia Unida, entre las que destacan el relleno de urnas y el anotar votos a favor del candidato oficial sin importar lo que muestran las boletas.

Los videos de Youtube que existen al respecto muestran a los encargados de los colegios electorales con papeletas escondidas y la tinta borrable que se usó en algunas casillas para alterar la elección del votante.

También se usó el “carrusel”. Se recogía a los votantes en camiones y luego votaban en rondas por distintas urnas a favor del candidato oficial.

“Todo mundo tiene acceso a internet y las redes sociales, está YouTube, donde se subió inmediatamente una película sobre el fraude, esto indignó a todo el mundo”, señala Kashin.

Los análisis de la campaña de la función de Gauss (una herramienta matemática que puede ser usada para medir la distribución normal de las votaciones), hecho por Shpilkin, muestra deformaciones que pueden indicar irregularidades, especialmente en lugares como Chechenia, donde, según los datos del gobierno, participó 93%, y Rusia Unida obtuvo 99% de los votos.

“Cuando los resultados anunciaron que había participado esa parte de la población, la gente se dio cuenta de que no podía ser posible”, cuenta Kashin.

La Rusia de Putin

En 2002, un grupo juvenil de apoyo a Putin, llamado Nashi (los nuestros), prendió una hoguera para quemar el libro Manteca de cerdo azul (1999), del escritor ruso postmoderno Vladimir Sorokin.

En la novela, clones de los gobernantes soviéticos Joseph Stalin y Nikita Kruschev tienen relaciones sexuales. Por esa escena Sorokin fue acusado de pornografía.

Sus dos novelas más recientes, El día del Oprichnik (2008) y el volumen de cuentos Kremlin hecho de azúcar (2010), se desarrollan en una distópica Rusia zarista, en 2028. En este futuro alternativo, un nuevo autoritarismo conservador, enclaustrado detrás de una muralla, copado de violencia y prostitución, drogas y cinismo, es gobernado en la práctica por una policía similar a los cuerpos de élite del zar Iván El terrible.

“Vladimir Sorokin escribió acerca del futuro de Rusia, pensando en la Rusia de hoy”, dice Kashin, arduo lector.
En una entrevista hecha a Sorokin por el diario alemán Der Spiegel, en febrero de 2007, el autor dijo que nada en Rusia ha cambiado cuando se habla de la enorme división entre el pueblo y el Estado.

“Lo que distingue a Rusia de las democracias es que en ellas uno puede decir: yo soy el Estado, mientras que en Rusia el Estado es unos cuantos, y todos los demás ciudadanos son materia humana con la que hacen lo que quieren”, declaró.
En 2008 dijo al diario español El País que Rusia no va hacia el “fascismo”, sino hacia el “feudalismo”.

En el citado artículo de The New Yorker aparece una cita de Arseny Roginsky, oficial de Memorial, la principal organización de derechos humanos y de rescate de la memoria de las atrocidades del estalinismo.

Roginsky establece las diferencias entre el poder autoritario de Putin y los poderes zarista y soviético: “El poder de hoy es muy racional, no calla a todo mundo. Hay libertad de expresión. Hay muchos libros anti-Putin en las tiendas. No es el siglo XVIII. Un libro con miles de copias no tirará al Estado. La mano dura en la televisión del gobierno es suficiente, por ahora.”

Explica su naturaleza: “El actual sistema de estabilidad, con su cultivo de elecciones fraudulentas y un sistema judicial que toma sus órdenes desde el ejecutivo, es un elaborado, flexible y sumamente cínico sistema de poder vertical. Putin, un exagente de los servicios de seguridad, es su personificación”.

“Cuando comenzó la Rusia de Putin, tenía diez dedos en mis manos, ahora tengo nueve. Perdí un dedo hace un año, cuando casi fui asesinado por mis artículos”, confiesa a Apro Oleg Kashin.

En la mañana del 6 de noviembre de 2010, Oleg fue atacado a la entrada de su departamento. Fracturaron su mandíbula, rompieron sus espinillas y sus dedos. “Vivir en la Rusia de Putin es estar preparado para que en tu vida sucedan las cosas más horribles”, afirma.

Desde 2000, permanecen sin resolver 19 casos de periodistas asesinados. El reporte de Amnistía Internacional Acallar a golpes a quien denuncia: ataques a defensores y defensoras de derechos humanos y periodistas en Rusia, publicado en 2011, da cuenta de estos hechos.

Natalia Estemirova, periodista, fue asesinada en 2009 en Chechenia. El presidente checheno, Ramzan Kadirov, podría estar involucrado. Todavía no se detiene a nadie por su muerte, señala el reporte.

Ese mismo año fueron asesinados el activista Alik Dzhabrailov, su esposa Zalema Sadulaeva, la periodista Anastasia Baburova y el abogado Stanislav Markelov.

Fue noticia internacional el asesinato en 2006 de la periodista Anna Politkóvskaya, autora de Chechenia, la deshonra rusa (2003) y La Rusia de Putin (2007, póstumo). Ambos libros abordan la corrupción, el nepotismo, la venta de las paraestatales a los amigos del presidente, la destrucción de bosques, los asesinatos y detenciones en Chechenia.

También anticipan los fraudes electorales, como el de octubre de 2009, en el que cientos de personas salieron en la región de Toula para protestar y fueron detenidas ilegalmente, igual que en este 2011.

Kashin dice: “No sólo Eduard Limonov (candidato para el frente opositor La otra Rusia) fue encarcelado, sino Alexei Navalny, el blogger ruso más famoso y un político liberal conocido”.

El pasado martes 27, dos días después de la multitudinaria marcha, Putin dijo que la oposición carecía de objetivos. Una semana antes había alabado la “democracia callejera”, aunque advirtió: “siempre y cuando estuvieran cerca de la ley”.

El problema, dice Kashin, es que él maneja a quienes dictan la ley. “Hay un proverbio ruso que dice: habla y trabaja. Así, creer en las palabras de Putin no será suficiente, queremos ver lo que hace”, señala.

Kashin ve miedo e inseguridad en las cúpulas del poder de Rusia ante las marchas. Confía en que las ficciones de los libros que plantean un futuro negro no se realizarán. “Con lo que está pasando, creo que sus predicciones se han quedado obsoletas (…) No iremos hacia un nuevo zarismo, estoy seguro”, afirma.

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