La lentitud en el retorno de los balseros a Cuba, un problema mas burocrático que político: el comandante de la base estadunidense

BASE NAVAL DE GUANTANAMO.- El general Raymond Ayres, comandante de esta base estadunidense, dice que los balseros cubanos refugiados aquí tienen “plena libertad” para regresar a su país si lo desean. “Ellos no deben sentirse prisioneros, porque no son prisioneros”.
Aclara, sin embargo, que su regreso a Cuba tiene que hacerse por las vías legales, mediante la respectiva aprobación del gobierno de La Habana. “No podemos dejarlos ir a riesgo de su vida”, dice. “Si quieren irse a Cuba, nosotros los ayudamos”.
Desesperados, 494 cubanos han tratado de huir de la base de Guantánamo, ya sea a nado o a través de la doblemente enrejada frontera con Cuba, una zona intensamente minada: minas cubanas y minas estadunidenses. De ellos, 427 han sido “recuperados” por los marines y los 67 restantes se dieron por “perdidos”. Cuatro murieron al pisar minas en la frontera y otros dos fallecieron ahogados en el mar.
En breve entrevista, Ayres agrega que el gobierno cubano “es muy lento para aceptarlos”, lo que hace que muchos de los balseros se desesperen y traten de huir. “Es un problema más de burocracia que de política”.

Rotundo, niega que se haya dado algún mal trato a los refugiados. “Aquí no se ha maltratado ni se maltratará a nadie”, subraya. “Por el contrario, nos hemos esforzado en mejorar las condiciones de vida en los campamentos, como la construcción de casi 2,000 pequeñas cabañas de madera. Usted puede verlo”.
El gobierno de Estados Unidos gasta 700,000 dólares diarios en la manutención de los 26,000 balseros cubanos refugiados aquí y los 7,000 efectivos de las Fuerzas Conjuntas que han sido traídos especialmente para vigilarlos y atenderlos. Esto significa una erogación de 21 millones de dólares al mes.
El mayor Jack H. Fouts, vocero de la comandancia de esta base naval, precisa que ese gasto incluye alimentación, ropa, construcción de campamentos, electricidad, transporte, agua potable, servicios médicos.
Normalmente, la base de Guantánamo –con una extensión de 75 kilómetros cuadrados, en el extremo oriental de la isla de Cuba– tiene una población de 7,000 marines, dedicados principalmente a tareas de entrenamiento. La presencia de los refugiados cubanos y sus requerimientos de agua potable, alimentación y electricidad obligó al traslado a Estados Unidos de las familias de los oficiales que vivían aquí. Fue necesario instalar una segunda planta desalinizadora de agua marina para satisfacer la incrementada demanda.
“Hemos tenido que duplicar el número de efectivos, otros 7,000, para atender los campamentos”, dice Fouts. “Esto implica un gasto verdaderamente importante”.
Explica que además del gasto gubernamental, se han recibido donaciones –en efectivo y en especie– de diversas organizaciones internacionales y de la comunidad cubana en Miami. “Es una ayuda humanitaria que complementa la atención que requieren los refugiados”.
Pese a la “invasión cubana”, poco ha variado la vida cotidiana en esta base, cuyo núcleo habitacional –conjuntos de pequeñas casas prefabricadas y edificios donde se alojan los soldados– está aislado, distante de los campamentos de balseros. Los marines acuden despreocupados, como siempre, al mall donde hay un supermercado, una tienda de souvenirs, una peluquería y un snacks bar, y, como siempre también, forman colas en el McDonalds para comprar una hamburguesa.
La bahía de Guantánamo está bajo posesión de Estados Unidos desde 1903, cuando se la “compraron” al presidente Estrada Palma. En l934 ambos gobiernos firmaron un nuevo acuerdo, en virtud del cual Estados Unidos mantendría la posesión por tiempo indefinido, a cambio de una “renta” de 2,000 dólares oro al año (unos 4,000 dólares actuales).
La base naval estadunidense tiene una frontera de 30 kilómetros con Cuba. Hay una reja estadunidense y una reja cubana. Entre ambas, los campos minados de uno y otro forman una trampa mortal.
El general Ayres explica que la posesión estadunidense de esta bahía sólo puede terminar por acuerdo de ambos países. “Es un contrato indeterminado, no es el caso de Hong Kong”.
–¿Puede imaginar un Guantánamo otra vez cubano?
–Por supuesto que no, con una Cuba comunista.

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