Derrumbe de un partido único y represión, origen de los “guerreros de dios”

PARIS.- ¿Quiénes son los integristas argelinos? No es fácil contestar a esa pregunta. Bajo esa etiqueta se encuentran muchos grupúsculos armados –se habla de medio centenar– y un frente político al parecer dividido.
Este último, el Frente Islámico de Salvación (FIS), nació como tal y fue legalizado en 1989 después de que se derrumbó el sistema de partido único que prevalecía en Argelia desde la independencia y que había permitido al Frente de Liberación Nacional (FLN) y a las Fuerzas Armadas monopolizar el poder durante 27 años.
El FIS surgió de la unión de unas seis o siete organizaciones islamitas informales, divididas en dos corrientes: los salafistas, encabezados por Alí Benhadj, y partidarios de un Estado islamita sin concesión, y los argelinistas, encabezados por Abdelkader Hachani, más moderados.
Gracias a la labor conciliadora de un tercer líder, Abasi Madani, esas dos tendencias aprobaron un programa común: la edificación de un Estado islámico “moderno”, basado en el ultraliberalismo y el respeto absoluto de la charia, la ley islámica.

El 12 de junio de 1990, cuando se celebraron las primeras elecciones municipales pluripartidistas desde la independencia del país, el FIS recibió 54.3% de los votos y el FLN 33.7%.
La mayoría de los observadores políticos independientes argelinos consultados por la corresponsal explican que ese resultado fue en realidad un “voto de censura” contra el FLN, la gran corrupción del partido y sus trágicos errores políticos y económicos que habían hundido al país, empobrecido a la mayoría del pueblo y enriquecido a una burocracia arrogante.
Explica uno de ellos: “el pueblo argelino no quería, ni quiere ahora, una república islámica. Quería y sigue queriendo un cambio. Pero los principales partidos de oposición boicotearon esas elecciones; entonces, los electores escogieron el FIS para decir basta al FLN, a sus abusos, su monopolio del poder, su corrupción, su ineficacia”.
Recalca otro: “muchos argelinos votaron también en favor del FIS por ignorancia. En las mezquitas, los imanes explicaban que votar contra el FIS era votar contra Dios. Ese argumento tuvo mucho impacto sobre los electores poco instruidos. Además, ante la crisis económica aguda del país, el desempleo masivo y las desigualdades, el único recurso de los pobres es acudir a las mezquitas y pedir ayuda a las autoridades religiosas de su barrio o de su pueblo, que siempre los ayudan”.
El 26 de diciembre de 1991 el FIS dio una segunda demostración de fuerza al ganar una amplia mayoría en la primera vuelta de las elecciones legislativas. La reacción del régimen no se hizo esperar. Se congeló la segunda vuelta electoral. Se canceló el resultado de la primera. El presidente Chadli Bendjedid fue destituido, acusado de querer compartir el poder con los islamitas, y los militares asumieron directamente el poder.
El 26 de marzo de 1992 el FIS fue declarado ilegal, sus principales líderes encarcelados y se desató la represión contra miles de sus militantes y simpatizantes. Entonces los grupos armados islámicos opuestos al proceso electoral y partidarios de la toma del poder por la fuerza, se lanzaron a la batalla.
En ese punto los analistas, los partidos de oposición y las fuerzas democráticas divergen. Algunos consideran que el golpe militar rompió la frágil unidad del FIS y su control sobre los extremistas. Otros afirman que el FIS y los mudjahidines son una sola cosa, y que, según las circunstancias y la correlación de fuerzas, juegan la carta política o la carta terrorista.
Sea como sea, desde hace tres años estos mudjahidines y las fuerzas de seguridad encargadas de aniquilarlos sumieron a 27 millones de argelinos en el terror.
¿Quiénes son estos “guerreros de Dios”? Las dos organizaciones que reivindican la mayoría de los asesinatos son el Ejército Islámico de Salvación (AIS) y el Grupo Islámico Armado (GIA).
Según un informe interno del FIS, parcialmente publicado por el diario independiente El Wattan, el AIS constaría de tres ramas: una implantada en el oeste del país; otra llamada Los Fieles del Juramento, instalada en el centro, y una tercera en el este, que se autonombra Comisión Armada.
El GIA, siempre según ese informe, sería un conjunto de grupos armados, cada uno dirigido por su emir, sin dirección centralizada, cada vez más autónomos y peligrosos. En ese documento, el FIS critica al GIA, denuncia las violaciones de mujeres como “graves ataques a la dignidad familiar”, así como los atentados contra simples ciudadanos, ambos hechos “opuestos a la legalidad religiosa.
“Es una toma de distancia táctica”, afirma parte de la oposición y de los sectores democráticos. “El FIS siente que la barbarie integrista le resta apoyo popular y quiere recuperar a sus electores; por eso finge criticar a los mudjahidines”.
“El FIS está cada vez más dividido”, afirman otros, apoyándose en el famoso informe secreto, en el que el Frente Islámico reconoce que parte de su dirección ya se pasó al GIA. Dice: “sabemos que Rabah Kebir, representante del FIS en Alemania, es cada vez más autónomo, y que Aduar Hadam, representante del FIS en Washington, también se unió al GIA. Prueba de ello es su aprobación al sangriento ataque a la delegación central de la policía perpetrado el 30 de enero”.
Tanto en Argelia como entre algunos exiliados argelinos en Francia circula el rumor de que el GIA estaría infiltrado por elementos de los servicios de seguridad, que lo empujarían a cometer atrocidades para desacreditar al movimiento integrista en su conjunto.
¿Cuántos mudjahidines hay en Argelia? ¿De cuántas armas disponen? Sólo existen respuestas aproximadas a esas preguntas. Se habla de 10,000 muchachos… En su amplia mayoría son jóvenes desempleados.
En Argelia, el desempleo afecta a 27% de la población laboral, es decir, a un millón 700,000 personas. Estas cifras no toman en cuenta los centenares de miles de argelinos que sobreviven gracias a la economía informal. Cuando el nuevo plan de privatización de la economía argelina impuesto por el FMI entre en vigor, se calcula que 500,000 personas más perderán su trabajo. La juventud es la más golpeada por la crisis económica del país: 58% de los jóvenes que tienen entre 18 y 25 años se encuentran sin trabajo. Aburridos, desubicados, resentidos, vagan por las calles, intentan ganar dinero en pequeñas actividades de contrabando, y muchos acaban en las mezquitas, donde se les brinda ayuda y comprensión. De ahí pasan a la clandestinidad.
Según Lounés Matub, cuyo testimonio es el único que se tiene hasta ahora sobre un grupo del GIA, sus secuestradores andaban mal pertrechados: fusiles de caza, algunas pistolas y puñales. ¿Significa eso que todos los grupos del país andan tan mal armados? ¿O sólo el grupo que lo raptó?
Mal o bien armados, en todo caso lograron tener en jaque al régimen militar. Pagaron por ello un precio muy alto: centenares de muertos y varios de sus jefes eliminados por las fuerzas de seguridad. El último episodio de esa guerra entre las Fuerzas Armadas argelinas y los islamitas fue un motín en la cárcel de Serkadji, ubicada en el centro de Argel, el 22 de febrero.
Diez días después de ese motín de los islamitas encarcelados, resulta difícil entender lo que pasó: las autoridades no dan informaciones, sólo dan noticias contradictorias; los abogados de los detenidos no tienen acceso a la cárcel; los familiares, aterrados, no se atreven a pedir informes. No se conoce el número de víctimas. Oficialmente se habla de 96 detenidos asesinados y cuatro vigilantes degollados. Pero los dirigentes del FIS en el exilio aseguran que los presos muertos fueron 200.
¿Quién inició realmente el motín? Aparentemente fue el GIA. Según el diario independiente El Wattan, que cita “fuentes fidedignas”, el objetivo del Grupo Islámico Armado hubiera sido “desestabilizar aún más el poder con una evasión masiva y espectacular de 650 detenidos en pleno Argel”. Pero la ubicación de la cárcel no dejaba ninguna esperanza de éxito a los fugitivos. Serkadji se encuentra a 200 metros del Ministerio de la Defensa y al lado del estado mayor de la gendarmería. ¿Los dirigentes de esa organización enviaron deliberadamente a 100 o 200 hombres a la muerte? Obviamente, contestan numerosos observadores políticos argelinos, no han hecho otra cosa en los tres últimos años; además, necesitaban borrar con la sangre de estos “mártires” la vertida por las víctimas del atentado del 30 de enero.
Algunos insinúan que ese motín suicida podría haber sido utilizado como pretexto por el régimen militar para eliminar a importantes líderes islamitas encarcelados en Serkadji, como Abdelkader Hachami, uno de los fundadores del FIS, y Abdelhak Layada, primer dirigente del GIA. Hasta la fecha no se sabe si están vivos o muertos.
¿No acabará nunca esa espiral de muerte?
El FIS se dice dispuesto a negociar con el régimen. Prueba de ello, la asistencia de algunos de sus representantes en el extranjero a la cumbre de Roma.
Organizada a mediados de enero por la comunidad religiosa de San Egidio, con el visto bueno de la Santa Sede, esa reunión permitió a ocho partidos de la oposición argelina, ayer enemigos enardecidos, intercambiar puntos de vista y elaborar una escueta “plataforma para una salida pacífica y democrática” de la crisis violenta.
Los participantes fueron: el FIS, el FLN, el Frente de las Fuerzas Socialistas (FFS), el Movimiento a Favor de la Democracia en Argelia (MDA), el Partido de los Trabajadores (PT) y el Movimiento a Favor del Renacimiento Islámico (Enahdha).
El Grupo de Roma propuso buscar una solución pacífica a la guerra civil a través de un diálogo con el régimen militar. La primera reacción del gobierno fue rechazar rotundamente esa posibilidad. Lo mismo hicieron numerosos intelectuales, varios sindicatos y sectores democráticos, como la Reagrupación para la Cultura y la Democracia (RCD), partido dirigido por un psiquiatra cabila, Said Sadi, ampliamente reconocido en todo el país. Después del cruento atentado del 30 de enero, Said Sadi inclusive llamó a la población civil a organizarse para defenderse con las armas contra los ataques de los integristas.
Presionado por los sectores duros de las fuerzas armadas, el general Llamien Zerual, quien encabeza el régimen militar (y que intentó dialogar en 1994 con los islamitas), considera que actualmente la represión es la única solución para acabar con los integristas. Se rehúsa a volver a legalizar el FIS, como lo pide el Grupo de Roma, y anuncia que organizará elecciones presidenciales, legislativas y municipales en los próximos meses.
Por su lado, los sectores democráticos opuestos al Grupo de Roma y al régimen militar afirman estar convencidos de que la participación del FIS en el diálogo de San Egidio es una nueva táctica de los islamitas para tomar el poder. Se niegan a sentarse a la mesa de negociación con el Frente Islámico y empiezan a armarse.
El escritor Rachid Budjera, cuyos libros son los más vendidos en Argelia, resume muy bien la posición de estos sectores: “siempre tengo conmigo una cápsula de cianuro y una pistola automática Bereta. Tomé esa decisión cuando vi que el FIS asesinaba a los intelectuales de manera sistemática. Los islamitas piensan como Goebbels, la mano derecha de Hitler: `cuando oigo la palabra cultura, saco mi pistola’. Tienen un lema: `quien nos insulta con la pluma, perecerá con la hoja de una navaja…’. El GIA representa para el FIS lo que los SA representaban para los SS en la Alemania nazi. Negociar con el FIS significa colaborar con los degolladores…”.

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