Pedirá más ayuda del Episcopado de México a la Iglesia de la isla. Que Cuba se abra al mundo, la misión del mexicano Luis Robles, nuncio papal en Cuba

El sacerdote mexicano Luis Robles Díaz, recién nombrado nuncio apostólico en Cuba por el Papa Juan Pablo II, afirma que tan pronto ocupe su nuevo cargo pedirá ayuda a la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) para apoyar a la debilitada Iglesia cubana.
“Pienso pedir apoyo al episcopado mexicano, ya que la Iglesia en México está dispuesta a ayudar en lo posible a la Iglesia cubana, como de hecho ya lo está haciendo.”
Agrega:
“La Iglesia en Cuba es una Iglesia pobre que ha tenido problemas de vocaciones de manera más acentuada que el resto de Latinoamérica. Tiene dificultad para formar a sus sacerdotes. Haré todo lo que sea posible por mejorar la situación.”
–¿Recibió ya alguna recomendación especial del Vaticano sobre cuál será su principal misión en Cuba?
–Todavía no. Antes de ir a Cuba pasaré por Roma para reunirme con el Santo Padre. Él personalmente me dará instrucciones. También iré a la Secretaría de Estado, cuyo encargado es el cardenal Angelo Sodano. Los nuncios dependemos directamente de él. Además, tengo que ir a otras congregaciones. Espero llegar a Cuba a finales de abril o principios de mayo.
Por el momento, dice, no considera oportuno opinar sobre el contexto cubano en el que se dio su nombramiento, justo en el momento en que el gobierno de Fidel Castro promulgó la Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, con la cual endureció el control policiaco y el hostigamiento a la oposición. Modificó, además, el Código Penal para aplicar sanciones más severas a los delincuentes.
Esto provocó que el cardenal de La Habana, Jaime Ortega, externara la “preocupación” de la Iglesia por este tipo de leyes que dependen mucho de la “interpretación” de quienes las aplican. Mientras que Joaquín Navarro Valls, jefe de la oficina de prensa del Vaticano, sostuvo en La Habana un encuentro con Castro, a finales de febrero, para que le explicara el alcance de las nuevas medidas.
Cauto, Robles Díaz indica que, en términos generales, su función será servir de “enlace y comunión” entre la Iglesia cubana y la Santa Sede, así como entre el régimen de Fidel Castro y el Papa Juan Pablo II, quien, en enero de 1998, realizó una histórica visita a Cuba en la que pidió mayor apertura religiosa y libertad en todos los sentidos.
Y califica de “no fácil” la tarea que actualmente tiene la Iglesia católica cubana, cuya presencia disminuyó con el régimen castrista: antes de 1959 había alrededor de 700 sacerdotes y más de 1,000 religiosas, para una población de 6 millones de habitantes. En 1996, la cifra disminuyó a 240 curas y 400 religiosas para una población que había aumentado a 11 millones de habitantes.
Sin embargo, la visita papal logró que el gobierno cubano abriera algunos espacios a la Iglesia, como la celebración de la Navidad y la entrada de sacerdotes extranjeros.
Sin ánimo de criticar al régimen castrista, Robles Díaz señala que lo mismo que en Cuba, la Iglesia católica también ha tenido sus dificultades en México y en otros países:
“En México la situación tampoco ha sido fácil. Yo el día que recibí las primeras órdenes perdí el derecho a votar. Y mis estudios en el seminario, según la Constitución, eran nulos. En muchas partes hay dificultades, pero la fe y la Iglesia están ahí.”
Aclara que irá a la isla “como un hermano de los obispos cubanos, que los acompañará y tratará de aumentar su comunión con la Iglesia universal. Respetaré lo que el pueblo cubano decida y quiera. Trataré de mantener relaciones respetuosas y amistosas con las autoridades civiles”.
–¿Ya tuvo contacto con el episcopado cubano?
–Sí. Por el momento ya hablé con el presidente de la conferencia episcopal (Adolfo Rodríguez) y con la nunciatura en Cuba. También he recibido algunos mensajes de allá. Pero hasta después que pase por Roma me pondré realmente en contacto con los obispos de la isla.
–¿Cuáles son las principales dificultades a las que se enfrentará como nuncio?
–Prefiero no comentar esas cosas por el momento. Y realmente no sabría, ya que gran parte de mi vida la he pasado en Africa, aunque sigo con interés los acontecimientos de Latinoamérica. Tengo, pues, una idea muy general sobre Cuba. Yo soy de los que prefieren atravesar el puente primero. Ni siquiera conozco Cuba. Nunca he estado ahí. Solamente he sobrevolado la isla cuando viajo de México a Europa. No está bien que me ponga a opinar. Ya recibiré instrucciones en Roma: cuáles son los problemas, lo que se ha hecho y lo que hay que hacer.
El jalisciense Robles Díaz es entrevistado por teléfono. Está en Uganda. Desde hace nueve años es nuncio apostólico en ese país africano, luego de serlo en Sudán por cinco años.
“En Sudán me tocó convivir con un régimen islámico. Antes estuve en el Golfo Pérsico, en vísperas de la guerra del Golfo. Y aquí en Uganda pienso cerrar mi misión antes de irme a Cuba. En enero se crearon tres provincias eclesiásticas, hay consagraciones y transferimientos de obispos en las que tengo que estar presente.”
–Le han tocado entonces países difíciles.
–Sí, he estado en lugares no fáciles, aunque todos los países tienen dificultades.
De 61 años de edad y oriundo de El Grullo, Jalisco, Robles Díaz estudió en los seminarios de Colima y Guadalajara. En 1963 fue ordenado sacerdote. Se especializó en derecho canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, para después estudiar durante dos años en la Academia Eclesiástica, la escuela de diplomacia del Vaticano. Es sobrino de Alfonso García Robles, el diplomático mexicano que ganó el Nobel de la Paz en 1982: “Era primo hermano de mi papá”.
Etiopía, Sri Lanka, Honduras, Ecuador y Colombia, son los otros países donde el mexicano ha representado al Vaticano en sus 31 años de carrera diplomática.
Quince días antes de hacerse público su nombramiento como nuevo nuncio en Cuba, el 6 de marzo, Robles Díaz supo de esta decisión papal que recibió con gusto: “Estaré nuevamente en Latinoamérica, donde uno no se siente extranjero. Esa es ya una ventaja. Aquí en Uganda lo llaman a uno cariñosamente musungo, que sería el equivalente a gringo”.
–¿Qué tan importante es Cuba para el Vaticano?
–No me pongo a considerar mucho eso. Yo estoy al servicio de la Iglesia. Me mandan a donde creen que pueda hacer un trabajo para el bien de la Iglesia universal, y hasta allá voy. Esa es mi misión.

La ayuda mexicana

–¿Y cómo interpreta el hecho de que sea un mexicano el nuevo nuncio en Cuba?
–Trato de no interpretar esas cosas. Los nuncios estamos algún tiempo en un lugar y luego nos mandan a otro. Aunque le diré que, con los franciscanos que acompañaron a los conquistadores españoles, la fe católica llegó primero a Cuba. Nuestros antepasados pasaron por ahí. La historia de México está ligada a la de Cuba. Los mexicanos siempre hemos tenido buenas relaciones con los cubanos. Sentimos sus alegrías, sus sufrimientos y limitaciones, como ellos seguramente sentirán lo mismo por nosotros. Hay sentido de solidaridad.
–¿De ahí, en parte, el apoyo que el episcopado mexicano da al cubano?
–Sí. Y ese apoyo es una cosa muy buena, muy bonita.
El nuncio alude así a la ayuda que obispos, congregaciones religiosas y grupos de laicos mexicanos están brindando al clero de la isla, encaminada a consolidar una reevangelización en Cuba. En 1997, por ejemplo, la Conferencia del Episcopado Mexicano destinó a Cuba la mitad de todos sus ingresos de ese año. Y no sólo eso, también está dispuesta a servir de mediadora entre los cubanos que viven en la isla y quienes se encuentran en el exilio, apoyando así lo que se ha llamado la “teología de la reconciliación” (Proceso 1087).
Pieza clave en esta ayuda es el arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, presidente de la Comisión Episcopal del Clero, la cual, en coordinación con los obispos, ha enviado a Cuba a 70 religiosas y sacerdotes mexicanos.
“Nuestros sacerdotes van dispuestos a permanecer por lo menos tres años en Cuba. Es un apoyo temporal que puede prolongarse”, dice el arzobispo, quien además es amigo del nuevo nuncio.
–¿El episcopado mexicano reforzaría sus apoyos en caso de que el nuncio lo solicite?
–Claro, la disposición existe, en la medida en que tengamos gente con la disposición, la madurez y la preparación especial que requiere esa misión. Y ojalá y el nuncio nos ayude a acelerar el trámite de las visas, que actualmente se hace con mucha lentitud. Pero habría que tomar en cuenta también los proyectos de los obispos cubanos, que son quienes mejor conocen sus necesidades.
Miembro del Consejo de Presidencia de la CEM, Suárez Inda opina sobre el nombramiento de Robles Díaz:
“En su visita a Cuba, el Papa pidió que la isla se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba. Y al nuncio le compete ejecutar esta consigna del Papa. Además, él es mexicano, seguramente tenderá un puente de diálogo y de unión entre Cuba y México. El nuevo nuncio es amigo mío, nos vemos esporádicamente, él facilitará mucho las cosas.”
Robles Díaz tiene, además, amistad con otros altos jerarcas mexicanos, como el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo de Guadalajara y paisano suyo; y Jacinto Guerrero, obispo coadjutor de Tlaxcala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
“Mi relación con monseñor Sandoval Iñiguez es buena. Me dio clases en el seminario de Guadalajara, del que después fue rector. A monseñor Suárez Inda lo conozco desde que estudiábamos juntos en Roma”, dice el nuncio, quien cultiva sus amistades en las visitas que cada año hace a México, las que, además, aprovecha para ir al terruño: “Voy a El Grullo a caminar por las montañas y hacer un poco de ejercicio”.
Cuenta que ha hecho amigos cubanos:
“Tengo compañeros cubanos con quienes estudié en el Pío Latino, en Roma. Después hice buenas amistades con cubanos que he conocido en el servicio, en las embajadas. El cubano es una persona alegre y abierta, fácilmente se hace amistad con ellos.”
Hermano del alcalde panista de Tlaquepaque, José María Robles, el nuncio está orgulloso de pertenecer a la región central del país, principal semillero de vocaciones sacerdotales de toda América Latina.
“Guadalajara, San Juan de los Lagos, Zamora, todos esos lugares tienen muchas vocaciones. Desgraciadamente la gente emigra sin llevar consigo a sus sacerdotes, y las ciudades crecen y crece la carga para los párrocos.”
Menciona que, al igual que él, hasta en Uganda prestan su servicio sacerdotes y religiosas mexicanas, atendiendo sobre todo a los refugiados.
Robles Díaz reemplazará al nuncio Benjamino Stella, de quien se dice que sus problemas de salud ya no le permitían llevar la difícil relación del Vaticano con el gobierno de Castro.

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