Gran Bretaña: “Thatchermanía”

LONDRES (apro).- En medio de la peor recesión económica que azota a Gran Bretaña en 60 años, con un desempleo creciente y un fuerte ajuste al presupuesto público, sorprende el inusitado interés de los británicos por la película La dama de hierro (The Iron Lady) sobre la vida de la exprimera ministra conservadora Margaret Thatcher, la primer mujer en ocupar ese cargo y cuyo gobierno marcó una era de privatizaciones, cierre de empresas públicas y desregulaciones financieras que provocaron una altísima tasa de desempleo y su consecuente impopularidad.

El filme se convirtió en un éxito de taquillas en el país, con boletos de entrada agotados, filas de aficionados que esperaban afuera de las salas y una nueva tendencia entre los ingleses: la “Thatchermanía”.

Una vez que la película se estrenó el pasado 7 de enero, cientos de cines británicos se vieron obligados a poner carteles en las entradas advirtiendo que los boletos se encontraban agotados.

Miles de aficionados escribieron en Twitter y Facebook sobre su decepción por no poder conseguir boletos para ver el largometraje, protagonizado por la premiada actriz estadunidense Meryl Streep.

“Nunca en mi vida creí que experimentaría la Thatchermanía. La película ‘Dama de Hierro’ está agotada en todos los cines de Londres”, escribió un inglés en su cuenta Twitter, citado por el periódico Daily Mail.

La cinta narra cómo los valores neo-victorianos y la ideología de libre mercado de Thatcher ayudaron a transformar a un país post-imperial en una sociedad dinámica económicamente, pero reducida en lo industrial y con alta desigualdad social.

“Demencia senil”

A pesar del gran éxito de taquilla, el largometraje –que muestra a la baronesa de 86 años batallando contra una demencia senil mientras recuerda momentos de su vida política y personal– generó mucha polémica en el país.

El pasado 4 de enero, el primer ministro británico, el conservador David Cameron, criticó al filme incluso antes de su estreno, por centrarse demasiado en “la vejez y la demencia” de Thatcher en lugar del hecho de que ella fue “una primera ministra increíble”.

Para Douglas Hurd, que sirvió como canciller bajo el gobierno de Thatcher, la película es un “espectáculo asqueroso”.
Otros parlamentarios conservadores, en su mayoría seguidores y fans de Thatcher, pidieron que la cinta fuese prohibida por considerarla “blasfema”.

“Me pregunto por qué los cineastas tienen que centrarse tanto en la enfermedad mental, el lado de la demencia, cuando la baronesa Thatcher ha tenido una vida muy importante en las políticas de este país y del mundo. Es algo blasfemo”, afirmó el parlamentario conservador Rob Wilson.

“Me dejó preguntándome sobre la humanidad de los realizadores, que muy sutilmente están denigrando a alguien que fue una gran primer ministro”, añadió.

El conservador Norman Tebbit, quien fue ministro durante el gobierno de Thatcher, también criticó la película. Afirmó que la exprimer ministra no era para nada la “semi-histérica, ultra emocional y mujer sobreactuada que interpreta Meryl Streep”.

Un día días después del estreno de la película en el Reino Unido, Streep defendió el filme durante una entrevista en el programa The Andrew Marr Show de la BBC.

“Es un intento de verla como un ser humano al final de su vida e imaginar lo que significó para ella. He experimentado la demencia en mi propia familia y no creo que sea algo vergonzoso de retratar. Es parte de la naturaleza, de lo que nos ocurre. Espero que si ella vio la película, entendiera qué buscábamos lograr con el filme”, dijo la actriz, ganadora de dos premios Oscar por los filmes Kramer vs. Kramer (1972) y La decisión de Sophie (1982).
Margaret Thatcher fue primera ministra británica entre 1979 y 1990, y líder del Partido Conservador entre 1975 y 1990. Fue la primera mujer en ocupar ambos cargos. Consiguió su reelección en 1983 en parte gracias a la Guerra de Malvinas (1982) con Argentina. Defendió los valores conservadores británicos y mantuvo al país alineado fuertemente con Estados Unidos.

La mandataria conservadora se vio forzada a renunciar a su cargo en 1990 tras un complot de su propio partido, cada vez más dividido por el llamado poll tax, un impopular impuesto municipal que llevó a incidentes de violencia en Londres y otras ciudades del país.

A pesar de la creciente “thatchermanía” en Gran Bretaña, la exprimera ministra está pasando hoy por su peor momento.
Aquejada por una demencia senil tras una serie de ataques cerebrales menores, con dificultades para hablar y moverse, y totalmente sola, sin la contención de sus hijos Mark y Carol, la baronesa está recluida desde hace meses en su mansión del exclusivo barrio de Belgravia, en el centro de Londres, donde es atendida por su leal ama de llaves Kate.
Ya no puede leer su periódico favorito, el ultra-conservador Daily Telegraph, declina toda invitación pública y dejó de comunicarse con seguidores del Partido Conservador.

Thatcher enfrenta además la “ignominia” de haber sido retratada negativamente por Streep en La dama de hierro. Se negó a asistir recientemente a la función privada de la película, luego de una invitación personal de la directora del filme, la inglesa Phyllida Lloyds.

Según informó la prensa británica, Thatcher quedó “horrorizada” por el argumento del largometraje, que en Gran Bretaña recibió malas críticas –incluso de los tabloides sensacionalistas–, aunque elogios por la actuación de Streep.

“Thatcher y sus hijos fueron las primeras personas que invitamos para la función privada, pero declinaron nuestra invitación. Margaret Thatcher fue una súper estrella en este país y todos sentimos que justamente necesitábamos una súper estrella para que la hiciera de ella, alguien con una enorme inteligencia, pasión, poder y calidez”, contó Lloyd.

Revelaciones

A pesar del gran interés que ha generado la película en Gran Bretaña, Thatcher pasó la Navidad y el Año Nuevo sola y cada vez más enferma, con una demencia senil “galopante” que le impide incluso asistir a las sesiones habituales en la Cámara de los Lores, donde ocupa un escaño como baronesa honoraria.

Ni su hijo Mark, que prefirió pasar unas vacaciones en Barbados, ni su hija Carol, que se fue a esquiar a Suiza, acompañaron a la exmandataria durante las fiestas decembrinas. De hecho, sólo visitan a su madre de manera irregular.
“Lady Thatcher, que está cada vez más frágil y desmemoriada luego de sufrir una serie de ataques cerebrales menores, pasó la Navidad sola en su casa, con la mera compañía de Kate, su leal ama de llaves y enfermera”, contó el periódico conservador Daily Mail, simpatizante de la Dama de Hierro y sus políticas.

Este es el segundo año consecutivo en el que la Thatcher pasa las fiestas navideñas sola en su mansión de Londres. Prácticamente ya no sale de su casa. Cuando lo hace es con “estricta supervisión”.

En una reciente entrevista, Carol admitió que su madre “ya casi no encuentra las palabras que quiere decir y olvida que desayunó”. Comentó que hace pocos meses “confundió la Guerra de las Malvinas con el conflicto de Bosnia”.

Para colmo, los Archivos Nacionales en Kew, en el oeste de Londres, dieron a conocer el pasado 30 de diciembre informes confidenciales en los que Thatcher intentó “desmantelar” a la Armada del Reino Unido con los fuertes recortes un año después de la invasión británica de las Malvinas en 1982.

Los documentos revelan además las diferencias entre la primera ministra y el almirante Henry Leach, entonces responsable de la Armada británica, quien acusó a la por entonces jefa del gobierno de realizar una “devastación desequilibrada” de las fuerzas armadas del país.

Los informes desclasificados revelaron también que el gobierno de Thatcher evaluó en secreto “abandonar” a Liverpool y dejar que la empobrecida ciudad del norte de Inglaterra “declinara socialmente”, tras los disturbios e incidentes de violencia que azotaron al país en 1981, los peores desde la Era Victoriana.

Durante la primavera y el verano de ese año, un “cóctel explosivo” de pobreza urbana, aumento del desempleo, tensiones raciales y desconfianza a las tácticas policiales llevó a graves enfrentamientos en las calles del país.

Según esos documentos, Geoffrey Howe, consejero del Tesoro del por entonces gobierno Tory, trató de convencer a Thatcher para que no destinara dinero en proyectos de regeneración social de la ciudad.

Luego de disturbios callejeros en Brixton, en el sur de la capital, en abril de 1981, una oleada de enfrentamientos se sucedieron en julio (el mes de la boda real entre Carlos y Diana), centrados en el barrio humilde de Toxteth, en Liverpool.

Tras nueve días de disturbios en esa ciudad, una persona murió después de que fue arrollada por un vehículo policial. Unos 468 agentes resultaron heridos, hubo 500 arrestados y 70 edificios resultaron dañados o quemados totalmente.
Luego de visitar Liverpool, el ministro de Economía Howe le advirtió a Thatcher “no destinar demasiados recursos” a esa ciudad.

“Me temo que Merseyside (la región que nuclea a Liverpool) será más dura de romper que una nuez. No deberíamos dejar de lado la política de ‘declive manejado’. La idea es no destinar todos los recursos para tratar de que el agua suba la montaña”, agregó Howe.

Los informes divulgados por el Archivo Nacional –que respetó la regla de esperar 30 años para desclasificar documentos oficiales—señalan que Thatcher llegó a plantearse “armar a la policía” para hacer frente a los graves disturbios registrados en el país, ante temores de que los incidentes pusieran en peligro la boda real del príncipe Carlos y su prometida, Lady Diana Spencer.

También exponen que Thatcher, hija de un humilde almacenero inglés, mantuvo un estilo de vida “frugal” cuando asumió en 1979 el gobierno de Gran Bretaña.

La primera ministra controló muy de cerca los costos para amueblar la residencia oficial de Downing Street, insistió en pagar de su dinero su tabla de planchar y ordenó que el gasto para su residencia oficial fuera “lo más económico posible”.

En un informe que desglosa los costos por muebles y otros gastos de Downing Street, se muestran comentarios escritos a mano por la por entonces mandataria, que expresó sorpresa por lo que consideró eran costos elevados para sábanas, almohadas y fundas de cama de su residencia.

Más allá de la polémica por la película y por las revelaciones de informes desclasificados, la figura de Thatcher sigue suscitando mucho interés entre los británicos que, paradójicamente, enfrentan condiciones económicas y sociales muy similares a las de los años ochenta: ajustes profundos, pérdida del poder adquisitivo, desempleo, desigualdad y un creciente descontento social.

Comentarios

Load More