Chile: debate constituyente

VALPARAÍSO (apro).- La situación de Sebastián Piñera es altamente compleja. Salpicado de errores e indecisiones, la aprobación a su mandato es la más baja que haya tenido un presidente chileno en la historia.

Además, la filopinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI) amenazó con quitarle apoyo a su gobierno en caso de que opte por realizar cambios al sistema político para responder a la demanda mayoritaria de la población, expresada en las protestas de los últimos meses.

Aunque todo el 2011 fue malo para su administración, la alerta roja se encendió el pasado 29 de diciembre, cuando se dieron a conocer los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), en los que se asegura que el apoyo a Piñera ha descendido desde el 26% obtenido en agosto a sólo 23%. El rechazo a su gestión alcanzó 62%, nueve puntos más que hace cuatro meses.

El estudio demoscópico mostró la mala percepción que tiene la ciudadanía respecto de los atributos personales del presidente: 69% de los encuestados declaró no confiar en Piñera, 72% piensa que el mandatario chileno no tiene destreza ni habilidad para enfrentar los problemas del país, 60% desaprueba la forma en que el gobierno maneja la economía y sólo 22% la aprueba.

Este último indicador es muy importante, puesto que en todas las mediciones que ha realizado el CEP, desde 1987, siempre ha habido una relación muy directa entre la evaluación de la economía y el nivel de aprobación de los respectivos gobiernos.

Por otra parte, sólo 8% de los entrevistados estima que el gobierno chileno lo ha hecho bien en materia de combate a la delincuencia, mientras 60% cree que lo ha hecho mal o muy mal. Este resultado es particularmente doloroso para la actual administración, puesto que acabar con “la fiesta de los delincuentes” fue la principal promesa de campaña de Piñera, tal como habían hecho todos los candidatos presidenciales de derecha en las últimas dos décadas.

El mismo día en que se daban a conocer estos números, se concretó la renuncia de dos ministros del gabinete de Piñera. Se trata de los titulares de Agricultura y Educación, José Galilea y Felipe Bulnes, respectivamente.

Aunque la versión oficial apuntó que la renuncia de ambos fue por razones personales, al menos en el caso de Bulnes es claro que el rechazo a su gestión fue determinante. Lo anterior no sólo se evidencia en las multitudinarias y duraderas manifestaciones estudiantiles, sino también en las encuestas.

De acuerdo con el estudio del CEP antes citado, sólo 7% de los entrevistados estima que el gobierno está actuando bien en educación.

Bulnes fue reemplazado por el economista y subdirector del CEP Harald Beyer, mientras que en Agricultura asumió el presidente de la patronal Sociedad Nacional de Agricultura, Luis Mayol. De esta manera se concretó la tercera modificación al gabinete de Piñera en los últimos 12 meses.

Reforma electoral

Con la finalidad de buscar una salida a la complicada situación, Piñera convocó en La Moneda a los expresidentes que gobernaron el país entre 1990 y 2010. Se trata de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, todos ellos militantes de partidos de la centroizquierdista Concertación por la Democracia. Ellos visitaron separadamente al actual mandatario entre la última semana de diciembre y la primera del nuevo año.

Todos los expresidentes aconsejaron a Piñera reemplazar el sistema electoral binominal por uno representativo como mejor forma de superar la crisis de representatividad que sacude al país.

Tras estas entrevistas, el presidente Piñera se comprometió a impulsar reformas legislativas con el objetivo de “perfeccionar nuestra democracia”.

En la misma línea, el ministro secretario general de la presidencia, Cristian Larroulet, dijo el pasado lunes 9 que “el gobierno está construyendo un consenso para modificar el binominal, sin cambiar sus características centrales que han permitido darle gobernabilidad al país”.

Estas declaraciones las hizo Larroulet el mismo día en que el diario Financial Times publicó un editorial en el que definió a Piñera como “un atleta en materia económica, pero sigue siendo un inválido político”, conminándolo a dedicar sus últimos dos años en el poder a una reforma electoral. “Lo que Chile necesita ahora es un estadista, no un gerente pato cojo”, sentenció el diario.

La citada encuesta del CEP evidenció que dos tercios de los chilenos respaldan un cambio al sistema electoral binominal. En línea con esa voluntad popular, el pasado miércoles 11, 24 senadores (de 38 que componen la Cámara Alta) dieron a conocer que en el transcurso de enero votarán un proyecto de acuerdo en el que solicitarán al presidente Piñera enviar a la brevedad un proyecto de reforma al sistema electoral.

Entre los patrocinadores de esta propuesta había tres senadores de la derechista Coalición por el Cambio: Antonio Horvath (RN), Lily Pérez (RN) y Carlos Cantero (Independiente).

Sin embargo la dura reacción de la derecha a estos aires de reforma no se hizo esperar. El jueves 12, el senador de la UDI y excolaborador de la dictadura de Pinochet, Jovino Novoa, sostuvo amenazante: “Lo que el gobierno tiene que decir, y en algún momento será bueno que lo diga, es si va a querer gobernar con la Coalición o con la Concertación”, dando a entender que si Piñera se animaba a cambiar el sistema electoral, su partido abandonaría el gobierno.

La UDI es ampliamente beneficiada con el sistema binominal. Por ejemplo, en las elecciones parlamentarias de 2009, con 20% de los votos, obtuvo 33.3% de los diputados. El sistema binominal ha permitido que las dos coaliciones políticas hegemónicas, la Concertación por la Democracia y la Coalición por el Cambio, hayan copado casi todos los puestos de poder en los últimos 21 años, impidiendo la representación de otras fuerzas y expresiones políticas.

“De tumbo en tumbo”

Para abordar el complejo momento político que vive Chile, Apro entrevistó al sociólogo y académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Manuel Antonio Garretón. Él sostiene que el deterioro en el apoyo del gobierno ha crecido, debido a que este “ha sido tremendamente incompetente y porque simplemente no entiende las demandas ciudadanas y tampoco es capaz de ofrecer un proyecto de país”.

Consultado respecto de la posibilidad de que Piñera, ante el bajo respaldo, no pueda terminar su mandato, tal como sucedió con el expresidente de Argentina Fernando De la Rúa, en diciembre de 2001, Garretón expresó que no lo ve posible.

Fundamentó: “Piñera ya completó la mitad de su mandato de cuatro años. Además, las elecciones municipales de este año operarán como mitigadoras de una situación que no tenga cauce”.

Un tercer elemento que, a juicio de este cientista social ayudaría a Piñera a sortear la situación de crisis que vive actualmente, “es que la Derecha (Coalición por el Cambio) tiene asegurado la mitad del Parlamento, gracias al sistema electoral binominal heredado de la dictadura”.

No obstante, el sociólogo estima que “este es un gobierno que va de tumbo en tumbo y que resuelve parcialmente ciertos problemas, pero lo hace sin abordar los problemas de fondo, como hizo en educación. Esto significara que este 2012 tendremos, muy probablemente, nuevas manifestaciones estudiantiles”.

Garretón cree que Chile está ante una crisis en extremo compleja que se origina en la incapacidad del gobierno de entender y expresar la demanda ciudadana.

“Esto tiene el aspecto problemático puesto que, a diferencia de los países que tienen régimen parlamentario en los que se puede disolver las cámaras o en los que pueden perderse las mayorías y deben renovarse las autoridades, en este régimen presidencialista que tenemos, los gobiernos se mantienen pese a perder el respeto de las mayorías”.

Respecto de la posibilidad que esta crisis política desemboque en un cambio constitucional, Garretón afirma que “estamos en la víspera del desencadenamiento de un proceso de reformas políticas, las que pueden ser solamente cosméticas, como las que propone el presidente Piñera, quien tiene problemas enormes con su coalición que no quiere reformas de fondo, porque eso significaría alterar el orden heredado de la dictadura”.

“La otra alternativa –señala Carretón– es que se hagan cambios de fondo al sistema, tal como han expresado los expresidentes en sus recientes entrevistas con Piñera. Ahora yo no veo que eso pueda hacerse en serio si no hay un proceso constituyente que le devuelva a la ciudadanía la capacidad de resolverlo”.

Subraya:

“Lo importante es el desencadenamiento de un proceso que puede tomar distintas formas, pero de lo que se trata es de que conduzca a una nueva Constitución”.

“¡El punto básico es una nueva Constitución!”, afirma taxativo.

Y añade: “Pero es imposible que esta tenga legitimidad si no hay un proceso de participación popular bastante profundizado y ampliado. Creo que la mejor forma de llegar a eso es una asamblea constituyente”.

Haciéndose eco de esta demanda constituyente, el pleno del Senado aprobó el pasado miércoles 4 –por 19 votos a favor, 11 en contra y una abstención– un proyecto de acuerdo que propone la creación de una comisión bicameral, cuya tarea será proponer un nuevo texto constitucional. La propuesta contempla que el texto final deberá ser ratificado mediante un plebiscito.

Los senadores indicaron que “toda la ciudadanía entiende que Chile necesita una nueva Constitución. Una de las mayores demandas públicas consiste en llevar a cabo diversas reformas políticas tendientes a recoger peticiones de mayor participación ciudadana a través de plebiscitos nacionales y comunales, reformas del sistema electoral, descentralización, elección popular de los representantes regionales, mayor autonomía y poder de los gobiernos comunales, propuestas para un régimen político semipresidencial o parlamentario”.

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