“La poesía es la yoga del lenguaje”

Experimentado y en su momento experimental poeta y artista visual, Alberto Blanco publicó recientemente El llamado y el don, en el cual reflexiona sobre la práctica del arte verbal y explora sus virtualmente infinitas posibilidades. Sin duda, un libro de madurez creativa.

La primera vez que el poeta y artista visual Alberto Blanco (1951) asistió a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) fue en 1999, cuando presentó un libro del arquitecto y escultor tapatío Fernando González Gortázar.
El año pasado, Blanco asistió a la edición 25 de la FIL a presentar su libro de poética El llamado y el don, editado por Marco Perilli en la nueva editorial Auieo e impreso en Guadalajara.
Entrevistado poco antes de presentar su obra, explica: “Tengo muchos años escribiendo y publicando poesía en revistas; mi primera publicación es de 1970, así que ya han pasado más de 40 años. En forma de libro, Giros de faros lo publicó el Fondo de Cultura Económica en su colección Letras Mexicanas, en 1979. Desde entonces han aparecido muchos libros de poesía; en México cerca de 30, y fuera del país bastantes, en distintos idiomas”.

Alberto Blanco recibió en 1988 el premio de poesía Carlos Pellicer con el libro Cromos, y al año siguiente el José Fuentes Mares por su libro Canto a la sombra de los animales, que contiene dibujos de Francisco Toledo. En 1996 recibió en Holanda el diploma Honor List de IBBY por También los insectos son perfectos.
Recalca que es la primera vez que publica un ensayo dedicado a la poesía. “No a tal o cual poeta –aclara–; no es un libro de crítica de poesía, es un libro de reflexión sobre la práctica de la poesía”. Agrega que durante muchos años hizo ensayos sobre artes visuales: “Digamos que hice mi tarea en el área del ensayo con las artes visuales por 20 años; no lo hago más, y en buena medida tiene que ver con concentrar toda la atención de mi reflexión en mi oficio, que es la poesía”.
Con más de 20 exposiciones colectivas y cinco individuales tanto en México como en otros países, Blanco escribió en el catálogo de la retrospectiva Visual poetry / Poesía visual que presentó en la galería The Athenaeum, en San Diego, California: “Más allá del nexo de la poesía, hay en estos trabajos un común denominador: el papel. (…) A fin de cuentas un escritor no se aparta nunca demasiado de la hoja en blanco”.
El también traductor y músico expresa que El llamado y el don tiene contenidos del budismo zen, del que es practicante, pero también “con mil cosas más”. Blanco se remite al índice del libro para señalar los temas que abarcan los 12 capítulos, entre ellos poesía y poética, Poesía y poesía, pasado, mito, lenguaje, conocimiento, tradición, escritura, traducción e inspiración.
Sin embargo, para él este libro es sólo una parte de un proceso de reflexión “que sigue creciendo. Las vetas, las aristas de una reflexión sobre la práctica de la poesía pueden ser muchísimas, casi podríamos decir innumerables, pero no me voy tan lejos: sencillamente reflexiono en que una escritura que de alguna manera arroje luz sobre lo que yo entiendo sobre mi proceso poético, por necesidad tiene que cubrir muchos campos, muchos puntos de vista, porque en mi propia poesía me he interesado en muchas cosas, y en muchas formas de escribir poesía”.
Enseguida menciona su reencuentro con un pequeño libro de poemas breves que publicó en 2001, titulado Más de este silencio. “La práctica del haikú –comenta– está íntimamente relacionada con el budismo; es una posibilidad, hay muchas posibilidades”.
Pianista y compositor, en los años setenta Alberto Blanco formó parte de la banda de rock La Comuna, y en los ochenta creó el grupo de jazz y música experimental Las Plumas Atómicas.
Acerca de su faceta como músico, comenta: “Me interesa mucho la música, sigo haciendo música, he tenido bandas. Mira, al principio del libro hago una breve dedicatoria que dice: ‘A la poesía: mitad imagen, mitad música, mitad poesía’.
“Un editor español vio la dedicatoria y me dijo: ‘Esto es imposible, un cuerpo no puede tener tres mitades; por definición un cuerpo sólo tiene dos mitades’. Sí, le dije, pero estamos hablando de poesía, la poesía puede tener tres mitades y más. Así que es una definición poética de la poesía, es decir, una definición imposible; pero no es un desatino, tiene que ver con las características esenciales de la palabra y del lenguaje: la capacidad de convocar a imágenes, a representaciones visuales”.
Abunda el poeta: “Si yo digo la palabra ‘árbol’, tú ves un árbol, el lector ve un árbol, yo veo un árbol, todos vemos un árbol; no sé qué árbol; yo sí sé cuál es el que estoy viendo, no sé cuál es el que tú estás viendo, pero tú también lo ves. Si te pido que lo observes con más atención quizá me empieces a decir si tiene muchas hojas o no, de qué color, en qué estación está. Pero esta capacidad de convocar imágenes es un rasgo esencial del lenguaje; otro rasgo esencial del lenguaje, de la palabra, es el sonido, ahora mismo lo estamos utilizando”.
Luego resume otros aspectos de esta actividad artística: “Uno, eminentemente relacionado en grande con todas las artes que tienen que ver con los ojos, con las artes visuales; otro, con las artes que tienen que ver con la música, y la poesía por fuerza está interesada en ambas vertientes: en las artes visuales y en la música; en mi caso de un modo muy descarado, no nada más como un interés sino como una práctica”.
Agrega: “Pero está la otra zona, que es la más misteriosa de todas por lo que respecta al lenguaje: el misterio de la palabra como significado. Ahí es donde nos topamos con lo más arduo de la poesía: la poesía como punta de lanza del lenguaje. En algún momento digo: ‘la poesía es la yoga del lenguaje; es el lenguaje cargado al extremo, danzando en los límites de lo imposible; reflexionando sobre sí mismo, extendiendo el campo de significado; haciendo y asiendo lo imposible’”.
Señala que muchas veces se utiliza la palabra poesía para significar distintas cosas: “Para hablar de lo inefable, de lo profundamente significativo, de lo sublime, e incluso, perdón por la palabrota, de lo trascendente o lo divino. Este libro no se avoca a ese aspecto de la poesía porque, desde mi punto de vista, de lo que no se puede hablar es mejor no hablar; trasciende por mucho nuestras posibilidades.
“Sin embargo, la otra acepción de la poesía, que yo llamo ‘con minúsculas’, es un arte que tiene que ver con el lenguaje, que tiene una tradición, en nuestro caso la de poesía escrita en español, de la cual algo podemos decir y que se manifiesta en estos objetos socialmente indeseables llamados poemas. Ya sobre los poemas empezamos a hablar de algo un poquito más concreto.”
Y concluye: “Este libro es una reflexión, modesta en este sentido, sobre las posibilidades del poema. ¿Qué podríamos decir de un poema? Podemos decir 10 mil cosas. Digamos que es una cajita de música construida con palabras que nos platica su propia historia. Y esta es una imagen como cualquier otra”.

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