Convirtieron Cereso de Querétaro en centro de fiestas y prostitución

MÉXICO, D.F. (apro).- En vez de que los reos encontraran en esa prisión una oportunidad para rehabilitarse y readaptarse a la sociedad, el Cereso de San José el Alto, en Querétaro, era un centro de fiestas de todo tipo, donde había drogas, alcohol, prostitución y hasta corridas de toros. Lo peor es que era el director Juan José Pedraza Tovar quien organizaba y fomentaba todo.

Las irregularidades ocurrieron durante la administración del exgobernador de esa entidad, Francisco Garrido Patrón, de acuerdo con una nota que publica este domingo el diario Reforma.

Incluso, según testimonios de exreos, el subsecretario de Gobierno en ese entonces, Felipe Urbiola Ledesma, andaba con internos que misteriosamente ya salieron libres.

“Carlos”, de 45 años, un exprisionero de ese Cereso, aseguró a Reforma que en esa cárcel diariamente había obras musicales, rodeos, taquizas, noches mexicanas y cenas especiales para grupos VIP de internos.

Entre los reos consentidos del director, mencionó a Eduardo Lorenzana, Joaquín Ayala Guillén, Alfredo e Ignacio Gavidia, estos dos presos por homicidio múltiple, Alfredo Cruz, Sergio Velarde y Pablo Villalpando.

“Carlos” agregó que los reos podían pedir el servicio de “visita conyugal” que les era proporcionado por sexoservidoras que podían ingresar libremente al Cereso o por reclusas del centro femenil, ubicado frente al penal de San José el Alto.

Recordó que el director Pedraza Tovar permanecía casi siempre en el penal y que estaba en lo que llamaba su “zona de guerra”, que era el comedor del área común.

Pedraza dirigió el penal entre los años 2003 y 2009.

El exinterno aseguró que a aquellos reos que se negaban a participar en las obras de teatro o en las fiestas donde abundaban el alcohol y las mujeres, se les castigaba confinándolos a celdas aisladas.

Sin embargo, las fiestas no eran la única anomalía en la prisión, donde la entrada de personas y de objetos también operaba a discreción.

“Iris”, una sexoservidora que asegura haber ingresado varias veces al penal durante dos años, dijo que compañeras de ella entraban cuando menos dos veces por semana por la puerta principal del Cereso en grupos de entre seis y 10 personas, sin pasar por la aduana del centro carcelario.

Indicó que por las “visitas conyugales” les pagaban entre 300 y 450 pesos por servicio.

Agregó que aquellos internos que pedían “servicios especiales” pagaban hasta 4 mil pesos.

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