Del ruedo a la Unesco

Adiós a las corridas de toros. Foto: Demian Chávez Adiós a las corridas de toros. Foto: Demian Chávez

Los defensores del sistema taurino de América Latina sostienen que la fiesta de los toros es llevada con muchos esfuerzos por aquellos que arriesgan su dinero para mantener viva esta centenaria tradición, así sea a costa de expresiones toreras propias y mediante la reiterada importación de diestros. Por el contrario, los taurinos indignados, la afición pensante, incluidos ganaderos y diestros comprometidos con el rito táurico pero agraviados por el voluntarismo y la negligencia de promotores y autoridades, afirman que la tauromaquia, como expresión de algunos pueblos, ha sido secuestrada. Al incuestionable debilitamiento del espectáculo, gracias a la pobre oferta de éste, se añaden agravantes como la sombra del pensamiento único impuesto desde los centros mundiales de poder, una modernidad irreflexiva y un orquestado movimiento antitaurino con subsidios de poderosas empresas trasnacionales fabricantes de alimentos y productos farmacéuticos para animales.

Con el propósito de que la tauromaquia sea reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, del 17 al 19 de enero se efectuó en la ciudad de Tlaxcala el II Coloquio Internacional La fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido, con la participación de representantes de la Coordinadora Internacional de la Tauromaquia y la Mesa del Toro, de España, y el Observatorio de Culturas Taurinas de Francia, así como de académicos comprometidos, investigadores de fuste y aficionados pensantes provenientes de diversos países de América Latina, con el apoyo del gobierno de Tlaxcala a través del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, único en su género en nuestro país.

Ante la falacia esgrimida por los beneficiarios del actual estado de cosas taurino, que atribuye a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña que la fiesta brava se encuentre en grave crisis y enfrente nuevas amenazas, varios de los ponentes coincidieron en que un deficiente manejo de espaldas a la sociedad, más la disminución de la bravura, una dependencia excesiva de España y la irresponsable autorregulación empresarial en los países latinoamericanos ha llevado la tradición taurina de la región a preocupantes niveles de vulnerabilidad.

Particular interés revistieron en el coloquio las opiniones de François Zumbiehl, doctor en antropología cultural y vicepresidente del Observatorio Nacional de las Culturas Taurinas de Francia, ya que su participación en el proceso mediante el cual el Ministerio de Cultura reconoció a la tauromaquia como patrimonio inmaterial de ese país fue determinante.

–¿Cómo se logró en Francia el reconocimiento oficial de la fiesta de toros?

–Los taurinos, los estamentos de la fiesta, la Unión de Ciudades Taurinas de Francia, los aficionados, todos los partidos políticos en las regiones del sur del país, así como científicos y especialistas diversos, se unieron con un propósito común y redactaron el proyecto, en el que se dio especial énfasis al respeto a la integridad del toro de lidia y a la muerte de éste en el ruedo, no en los corrales.

Autor además de diversos ensayos taurinos, Zumbiehl afirma: “Hay interés de varias entidades mexicanas para que México se involucre en este proceso de reconocimiento de la fiesta de los toros por parte de la Unesco, tanto por su especial vocación taurina como por su valiosa contribución a la riqueza y a la historia de la fiesta, y porque históricamente es también un puente magnífico entre las culturas de Europa y América”.

Enemigos internos y externos

 

–Después de este segundo coloquio internacional, ¿qué sigue y qué país taurino presentaría el expediente? –pregunto al historiador y prolífico investigador de temas taurinos José Francisco Coello Ugalde, uno de los coordinadores del evento.

–Si el asunto recayera en México o en cualquiera de los otros siete países, es pertinente seguir sin mayores cambios el modelo del Observatorio de Culturas Taurinas de Francia, que cuenta con un comité científico que avala cualquier circunstancia en la que deben aclararse elementos del orden histórico, antropológico, sociológico o filosófico, sólo por mencionar algunos de los que pueden acompañar a los de corte científico, emitidos en su caso por reconocidos médicos veterinarios zootecnistas, teniendo con ello resuelto el contrapeso del cuestionamiento impuesto por los contrarios.

–¿Se cuenta aquí con una comisión especializada?

–Para que ese observatorio pueda funcionar concretamente en México –añade el doctor Coello–, es preciso que se formalice su creación y ésta sea apoyada por el Estado, por alguna institución académica o por la iniciativa privada, e incluso mediante la figura de una ONG, que como sabemos es una entidad civil con derecho y disposición de participar en una comunidad, a través de una acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objeto de optimizar el bienestar público o social.

–¿En México tienen la misma percepción los promotores del espectáculo?

–Es imperativo que al interior de nuestras estructuras taurinas los principales actores o estamentos se articulen mejor, apostando por una cultura en la que los “privilegios” de la modernidad no atenten contra una costumbre inveterada como es el toreo. Lamentablemente ese propósito no ha tenido los resultados deseables, pues intereses de todo tipo están por encima de un espectáculo que cada día pierde credibilidad.

“Hasta hoy, la tauromaquia no encuentra en las nuevas generaciones un síntoma de atractivos simultáneos porque los jóvenes tienen la certeza de que no están ante una realidad. Mucho se esperaría de la educación que padres taurinos pudieran inculcar a sus hijos, y también que la crítica jugara un papel más comprometido con la honestidad, que las empresas forjaran toreros y que los ganaderos dedicaran todo su esfuerzo a la crianza del toro bravo, finalmente el emblema principal de esta fiesta, de la que no podemos negar que se encuentra en etapa terminal. Mientras las plazas permanezcan semivacías y sigan apareciendo remedos de toros y las figuras no quieran convertirse en ídolos, no tendremos muchos elementos con qué justificar un espectáculo que, en su esencia, no en su accidente, se defiende solo.”

Y concluye Coello Ugalde, autor entre otros títulos de una Antología de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI:

“Pudiera sonar escéptico pero sólo estoy siendo realista. Si la Unesco da su visto bueno, lo que podría ocurrir en dos o tres años más, es porque va a encontrar en la realidad taurina de nuestros países los elementos suficientes para declarar a la tauromaquia patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. De eso depende nuestro esfuerzo y trabajo por un blindaje seguro.”

Mismo objetivo, distintas realidades

 

“Las sesiones para elaborar el documento conclusivo titulado Declaración de Tlaxcala se distinguieron por un ánimo generalizado de colaboración y de respeto mutuo. Si bien las perspectivas para visualizar los pasos a seguir, así como los tipos y grados de responsabilidad atribuibles a cada uno de los involucrados a ratos parecían no converger, prevaleció el espíritu de causa común y de disposición para el acuerdo y para marchar hacia el mismo horizonte: Toros-Unesco”, señala Manuel Camacho Higareda, doctor en sociolingüística por la Universidad de Essex, Inglaterra, docente en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, poeta de inspirado aliento y otro de los coordinadores del coloquio, al lado de Luis Mariano Andalco López, director de Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino.

–¿En lo taurino se distinguió globalización de hispanización?

–La autoridad moral y disciplinar que cada uno de los participantes en la sesión de trabajo de la Coordinadora Internacional ejerció durante las discusiones fue de pares, de colegas, de individuos con igualdad de recursos intelectuales. Fueron charlas de tú-a-tú importantes porque implicaban los intereses de múltiples grupos sociales; relevantes porque buscan influir de manera eficaz y positiva en el curso de la historia taurina del mundo. El llamado permanente fue a la unidad, como sinónimo de integración de pensamientos y actuaciones en favor de la reivindicación de la fiesta de los toros, mas no de asimilación de voluntades ni mucho menos de renuncia al sentido de autonomía identitaria –concluye Camacho Higareda.

En cualquier caso, en este oportuno II Coloquio Internacional –el primero fue en Sevilla en 2009 con la misma estructura– apenas se ventiló el papel de enclaves coloniales taurinos de España que históricamente juegan los cuatro países sudamericanos y las recientes reacciones de algunos gobiernos, y poco se habló de la realidad sociocultural de la fiesta de toros en México, con un reducido apoyo de la sociedad y unos gremios y unas autoridades plegados al poderoso duopolio taurino de los Bailleres y los Alemán, autorregulado pero incapaz de hacer repuntar el espectáculo.

Por último, el pasado diciembre llegó a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal una carta antitaurina de 273 científicos extranjeros en la que afirman, sin bases pero con cinismo, que “existe una relación entre la violencia hacia los animales, en especial en las corridas de toros, y la violencia social”. Según esta lógica, entonces un elevado número de agentes policiacos y soldados gringos son asiduos a las corridas de toros, dado el notable índice de violencia social en su propio país y en otros, de preferencia proveedores de petróleo y de droga. Desde luego las toneladas de basura por televisión y cine con que Estados Unidos inunda a diario el mundo no las consideran otra forma permanente de violencia ni científicos ni antitaurinos ni animalistas, y menos legisladores y políticos.

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