Fernando del Moral, responsable del incendio de la Cineteca en 1982: Ayala Blanco

MÉXICO, D.F. (apro).- En el documental Los rollos perdidos, dirigido por Gibrán Bazán, el investigador y crítico de cine Jorge Ayala Blanco culpa a Fernando del Moral González del incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido el 24 de marzo de 1982.

En esa época, Del Moral González se desempeñaba como coordinador de la Cineteca Nacional, cuyas instalaciones se ubicaban en la confluencia de Río Churubusco y Tlalpan, actual sede del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Ante la pregunta qué había detrás de la pantalla de la sala Fernando de Fuentes que explotó, Blanco cuenta que se encontraba un closet de madera donde Del Moral González, metía las cintas más valiosas e importantes porque él quería ser el primero en analizarlas:

“Días anteriores al incendio, llegaron del interior de la República materiales de nitrato, que es explosión. Para que haya una explosión de una lata, se necesita sobre todo convertirlo en algo cercano a la explosión desde un punto de vista físico-químico, no es más que un movimiento acelerado de moléculas. Los rollos habían llegado en camiones, o sea, se agitaron durante el transporte por tierra, esos materiales ya venían agitados y necesitaban una mayor aceleración de las moléculas, porque exactamente en el momento de mayor acción es cuando  estallan, y aquí fue por el ruido, el cual también agita. Y salió una lengüeta de fuego y después varias explosiones más de las latas, y en ese momento se inició el incendio.

“El verdadero culpable sigue vivo, tienen nombre y apellido. Se llama Fernando del Moral. Esas declaraciones las he dicho a varios medios informativos y jamás han salido”, afirma.

Del Moral González es especialista en rescate y preservación de películas históricas. Por ello ha recibido en dos ocasiones el Premio Paul Coremans que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por la restauración de películas documentales inéditas de la época de la Revolución Mexicana, como impactantes imágenes de la Decena Trágica, cuando fue derrocado el gobierno de Francisco I. Madero en 1913; o la llegada de los restos del poeta Manuel Acuña a Saltillo, Coahuila, en 1917.

Fue el primer especialista mexicano en preservación de cine reconocido por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (Fiaf). Es autor de artículos, ensayos y ponencias de sus trabajos.

Gibrán Bazán buscó a Del Moral González; pero éste se negó a hablar, sobre todo si era sobre la Cineteca Nacional.

Los rollos perdidos ofrece dos historias, en una se aborda la pérdida de las filmaciones que el cineasta Servando González realizó junto con su equipo el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, donde captó la matanza de estudiantes, para después centrarse en el incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido el 24 de marzo de 1982, que arrasó con más del 90% del acervo fílmico de México.

En la primera parte del filme, y con base en testimonios de testigos y especialistas, se narra la manera como Servando González fue contratado por la suma de 20 mil pesos por el gobierno mexicano, para filmar una manifestación que tendría lugar en la Plaza de las Tres Culturas, y que sería dispersada “con mano dura”.

El equipo de la filmación de Los rollos perdidos subió después de cuatro décadas a los pisos 17 y 19 de la Torre de Relaciones Exteriores, desde donde el cineasta filmó la masacre, utilizando un equipo de ocho cámaras, apoyado por camarógrafos como Ángel Bilbatúa y Alex Phillips, para captar lo ocurrido aquel día.

Se incluyen diversas teorías sobre el destino de esas ocho horas de material filmadas que reunían 14 mil pies de película y que fueron reveladas en los Estudios Churubusco la madrugada del 3 de octubre, lo que evidencia la costumbre que tenía el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, de registrar cualquier acontecimiento en cine.

En la segunda parte en torno al incendio del 24 de marzo de 1982 en la Cineteca Nacional, se proyectan los testimonios de testigos que presenciaron el incendio y las explosiones ocurridas ese día. Se da voz a especialistas que formulan diversas teorías para explicar lo ocurrido y que van desde la explosión de los tanques de gas de una cafetería, sabotajes, material de nitrato, mostrando ante todo la confusión que prevalece con respecto al tema.

Pero es Jorge Ayala Blanco, quien se centra en la misteriosa e inexplicable primera explosión que ocurrió detrás de la pantalla de la sala Fernando de Fuentes, donde supuestamente no existía nada almacenado.

El cineasta Gibrán Bazán no quería que a los 30 años del incendio de la Cineteca Nacional, “se guardara silencio de nuevo sobre el tema”.

Al realizador siempre lo perseguía la interrogante de cuál fue el destino de esas ocho horas de material filmadas por Servando González y su equipo en Tlatelolco y que registraban todo lo ocurrido con el detalle que dan las cámaras Arriflex de 35 milímetros. Y que de acuerdo con las declaraciones de un presunto testigo, más de una hora de las pruebas del positivo de los filmes se salvaron y fueron guardados durante años en una lata bajo otro nombre:

“Supuestamente, años después, en 1976, cuando la Cineteca Nacional de Tlalpan y Churubusco se encontraba reuniendo su acervo, fueron depositadas en sus bóvedas, para la propia seguridad de quienes habían conservado el material.”

Para la investigación se entrevistó a trabajadores del recinto, a excoordinadores, a cineastas que alguna vez hurgaron en sus archivos y dieron cuenta del material perdido, mismo que contradice las versiones de que “sólo se quemaron copias”; y evidencia la riqueza de un acervo de materiales de numerosos países, que hacían de la Cineteca de Tlalpan y Churubusco, la “Biblioteca de Alejandría”, del cine universal.

Durante el proceso de investigación para ambas historias, el director, se topó “con una extraña resistencia a hablar y conceder entrevistas acerca de los hechos”, que en lo personal atribuye más a una creencia errónea o inercia de auto censura. “De hecho, solicitamos más de 70 entrevistas con personas que podían dar un testimonio, y de ellas, menos de la tercera parte accedieron a aparecer en el filme”.

Es el primer documental que aborda el incendio de la Cineteca Nacional. Y deja entrever, aunque sin claridad, que pudo ocasionarse el incendio porque allí se guardaba “por lo menos una hora de material sobre la matanza estudiantil de 1968”.

 

 

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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