Guerrero: Circo, abusos y limosnas

Muchas comunidades de Ometepec, Guerrero –epicentro del sismo del pasado 20 de marzo– vieron sumada la desgracia a su miseria ancestral. Cuando la mayoría de las casas de adobe dañadas en el terremoto de 1985 apenas acababan de ser reparadas, el reciente movimiento telúrico las echó abajo… Por lo demás, la ayuda oficial no llega sino a cuentagotas y con firma electorera. Lo que sí llega son las cámaras de Televisa y de Laura Bozzo, o la esposa del gobernador Aguirre, que recomienda a los damnificados bailar zumba.

COSTA CHICA, Gro.- El amuzgo Israel Santiago Coronado se hizo famoso en horario estelar de televisión por la valentía que mostró durante el sismo del 20 de marzo, cuando protegió a su hermana mientras el techo de su casa se les venía encima.

“Nos sentimos contentos porque son paisanos de aquí, un pueblo humilde al que nunca-nunca había llegado Televisa o ninguna persona por más daños que hubiera”, comenta Crisósforo Nolasco, secretario del comisariado del ejido de Huixtepec, municipio de Ometepec, mientras camina sobre las dunas rojas que hasta la semana antepasada eran viviendas de adobe. De pie quedó el puro esqueleto: los troncos que las sostenían.

El 20 de marzo Huixtepec saltó a la fama porque del vientre de su mítico cerro puntiagudo salió el temblor de 7.4 grados Richter que zarandeó el centro del país.

De la sacudida y sus secuelas (al cierre de esta edición iban más de 200 réplicas), 39 casas de este pueblo se pulverizaron, 150 se dañaron y 365 tienen grietas tan grandes que las vuelven inhabitables. En total 544 de las casi 900 viviendas que había –la mayoría de adobe, todas de indígenas– quedaron inservibles.

En Oaxaca y Guerrero el estimado preliminar de casas dañadas es de más de 12 mil, según la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Las que no se cayeron parecen enormes casas de muñecas sin techo. Su piso es cascajo. Sus muebles quedaron bajo la arena. Las paredes aún erguidas se ven despostilladas; tras el polvo se alcanza a ver la silueta de alguna Virgen de Guadalupe, el sello de recuerdo de la Secretaría de Salud o el número telefónico del hijo albañil en Acapulco o la hija empleada en el DF, rayado con plumón en el marco de la puerta.

Los amuzgos no saben cuándo les cumplirán las promesas.

“Nomás estamos pase y pase en la tele, pero nos gustaría que viniera la ayuda, que comenzaran las construcciones porque se vienen las lluvias”, dice el comisario Cirilo Hernández Silverio, quien se topa entre las ruinas a unos camarógrafos de Televisa que le piden que pose para el noticiero.

(Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1848, ya en circulación)

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