Josefina, la conferencista

MÉXICO, D.F.(apro).- Bernardo Luis López Artasánchez, el escultor que diseñó la polémica estatua de Vicente Fox derribada en Boca del Río, Veracruz, comió en junio de 2009 con Josefina Vázquez Mota. Me contó:

“Traté de hablar con ella de algún tema intrascendente, pero me fue imposible. No sé si no hubo clic; no me considero monedita de oro, pero me he sentado toda mi vida con personas a comer y platicar de temas intrascendentes”.

El fundador de Proceso, Julio Scherer García, relata en su libro Historias de Muerte y Corrupción (Grijalbo, Mondadori, 2011) otro encuentro fallido con la ahora candidata del PAN a la presidencia de la República. Vázquez Mota citó al periodista en un comedor de la Secretaría de Educación Pública, cuando la panista era titular de la dependencia. Scherer recuerda una cita tensa, anodina:

“A punto de las ‘buenas noches’, le dije a la señora, de mal humor: ‘Aún tiene tiempo, señora. Sálgase. Esto no va a ninguna parte”.

Estos dos episodios describen a una mujer con problemas para relacionarse con los demás, como si tuviese temor a lo desconocido, a decir lo que verdaderamente piensa.

Distinta es la cara de Josefina Vázquez Mota cuando está en confianza. En una conversación que difundió el portal La Silla Rota entre la candidata y Agustín Torres, su operador en redes sociales, se muestra suelta, dicharachera:

— ¡Mi Agus, vamos a ganar!, y luego, ¿qué vamos a hacer?
— Pues no sé, ya a ver qué hacemos.
— No, claro que sí.
— Ganarle a Peña, ganarle a Peña.
— Claro, eso vamos a hacer mi Agus.

En esta parte de la charla, que ocurrió durante la contienda interna del PAN, la candidata revela su asombro ante su posible triunfo, además de su incertidumbre por qué hacer después. En esta conversación Vázquez Mota se muestra nerviosa, sin tener claro cuál es su proyecto para gobernar este país.

Pareciera que este es uno de los problemas más grandes que arrastra la candidata, su ceguera por sólo ganar, como si fuera un capricho del ego. ¿Por qué Josefina refleja poca autenticidad?, ¿por qué emana un aire de falsedad y acartonamiento?, ¿por qué sus problemas para sostener una charla común y ordinaria? Una hipótesis personal es que, en el fondo, no tiene sustancia con qué soportarlo. Como ella misma lo dice, “y luego, ¿qué vamos a hacer?”.

En su presentación ante la organización SOS, dirigida por el empresario Alejandro Martí, Vázquez Mota estuvo a punto de desvanecerse. Se le cortó la voz, sufrió vértigo y se vio obligada a continuar su discurso sentada. Aunque fue evidente su problema, cuando le ofrecieron un vaso de agua simple, respondió molesta: “¡No, no, gracias, estamos muy bien!”.

Para contrarrestar este episodio, días después Vázquez Mota se subió a una bicicleta elíptica y ofreció una breve entrevista a Milenio Televisión. La candidata quiso aprovechar la oportunidad para rechazar problemas de salud:

— Yo estoy bien, es un mito, es falso que tenga un problema alimenticio, de anorexia, de bulimia, si lo tuviera lo diría para ayudar a alguien más, como bien, ¿ayer qué tal nuestra langosta?
— Sí, pero apenas probó la langosta, lo que vi que se comió fue el flan.
— (risas incómodas) ¡ya me delató con mi langosta!

Estas dos escenas reflejan a una candidata que pretende negar la realidad en público, y a una mujer que finge, intentando engañar: “¿qué tal nuestra langosta?”.

Su equipo también se identifica con este estilo. Vázquez Mota alegó que su episodio en la organización SOS se derivó de ingerir medicamentos antigripales; al día siguiente, Augusta Valentina Díaz de Rivera, vocera de su campaña, informó que se trató de un problema de presión.

Lo cierto es que la candidata no es hábil para engañar, característica que sí han desarrollado algunos otros políticos; tampoco tiene el don de la empatía, cualidad básica en un candidato a un puesto de elección popular. Por el contrario, pareciera que Josefina Vázquez Mota padece la campaña. No en pocas ocasiones ha recordado en algunas entrevistas, con nostalgia, su época como conferencista y autora de libros de superación personal. Y es que actúa más bien como eso, como un orador impostado que tomó cursos de lenguaje corporal, imagen y modulación de voz para hablar con seguridad ante su auditorio.

En la introducción a su libro Dios mío hazme viuda por favor Vázquez Mota habla de la importancia de la autenticidad:

“Esta lectura nos llevará a enfrentar uno de los desafíos más trascendentes en la vida del ser-humano: construirnos como un original, únicos e irrepetibles” (sic).

La candidata del PAN refleja que ni siquiera puede honrar sus propias enseñanzas. En realidad, sus actos de campaña la han exhibido como una conferencista empecinada en ganar, en vencer un obstáculo, como si fuera un necio reto de superación personal. La única diferencia es que su ambición incide en todo un país.

Contacto: www.juanpabloproal.com

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