Ramírez Ladewing: indignidad de los diputados

Ramírez Ladewing: indignidad de los diputados
Carlos Ramírez Ladewing dejó unas notas escritas acerca de su visión del país y, entremezcladas con ellas, el relato de algunas experiencias en el campo concreto de la acción
Familiares y amigos del líder jalisciense asesinado en septiembre de 1975 pusieron en manos de Proceso los manuscritos de Ramírez Ladewing El texto que insertamos es una helada descripción que toca intimidades de la Cámara de Diputados en tiempos del presidente Ruiz Cortines
No me lancé yo como diputado ni me lanzó el partido Me escogió el Presidente Ruiz Cortines

No me sorprendió ni me extrañó su decisión Esa era también la práctica corriente en mi organización En el caso del Consejo General de la FEG (Federación de Estudiantes de Guadalajara) o el Consejo de la Universidad, sobre todo en el caso último, yo decidía, dentro de las circunstancias, quién habría de ser elegido Pero aquí principia y termina toda similitud con el partido y el presidente
En la Cámara, sin tomar la opinión de los diputados, nos enteramos por la prensa que los “representantes del pueblo” habíamos señalado como nuestro futuro líder al señor Rosendo Topete Ibáñez Esto, sin duda, era autocracia pura, lo más lejos que pueda uno imaginarse de cualquier práctica democrática Lo peor es que esto se hizo sin necesidad alguna, pues no había para qué proceder con tan absoluta falta de tacto y diplomacia A la larga habríamos de ver, además, cómo fue un error de juicio, pues Topete es un hombre muy mal dotado para cualquier tarea de liderazgo Pero esto, en realidad, es lo de menos
El modo como fue impuesto Topete Ibáñez bastaba para demostrarle a cualquier persona sin prejuicios y con un mínimo de inteligencia cuán lejos se estaba de considerar a la democracia siquiera como un ideal deseable Esto debió haber sido suficiente para hacerme saber todo lo errado que andaba yo acerca de lo que debía entender por aquello que se llama práctica política en México Pero no entendí No sé por qué, pues no tengo excusa posible Debí entenderlo, porque era demasiado claro
¿Qué impedía que por medio de una inteligente y pertinaz gestión los diputados hubiéramos podido elegir a nuestro líder? ¿Qué principio poníamos en peligro con esto? Ninguno, que yo alcance a ver La hegemonía del Poder Ejecutivo está bien sentada que resultaba innecesario el procedimiento, si procedimiento puede llamársele Ahora bien, si el Presidente tenía algún interés especial, no indaguemos cuál, yo no encuentro ninguno justificado para coartar el ideal democrático al grado y en forma en que se hizo
Pero vamos suponiendo que el Presidente tenía una razón de principio en Topete como líder de la Cámara ¿Cuál hubiera sido el procedimiento más adecuado, en nuestras circunstancias, para llevar adelante su propósito? Yo diría que había varios caminos En última instancia, si no hubiera deseado entrevistarse con los diputados, pienso que tenía en el partido el aparato ideal para hacernos saber su decisión
Pero si ni siquiera el partido le hubiera convenido para este fin, si hubiera tenido mayor confianza en su secretario de Gobernación, podría haberle encargado a él un trámite tan sencillo como era el de transmitirnos su deseo Pero que al inmensa mayoría de los diputados hubiéramos tenido noticias de los deseos del Presidente de la República por la prensa, anunciándonos que “los diputados habíamos puesto la mirada en el señor Rosendo Topete Ibáñez como líder de la Cámara o que “los altos oráculos de la política habían fijado su mirada en el RTI para líder”, es una falta de respeto y una humillación sin calificativos
¿Qué concepto del cargo de diputado puede tener el Presidente de la República cuando así procede? Ante este solo enunciado nuestra conciencia se rebela No sólo por todo lo que deja ver acerca del respeto que el merecen las personas que él escogió para la Cámara, sino por el concepto que tiene acerca de la política del país La arrogancia e ignorancia del Presidente serían inmensas, así vistas las cosas, y también inmenso del daño al país
¿Y si este criterio del Presidente fuera general? ¿Si lo compartiera con todos los que se interesan en política? ¿Si fuera incluso el criterio sustentado por los mismos diputados Y peor todavía si consideramos que el diputado, por lo general, es un individuo que no sólo se dedica a esta actividad política, sino que de allí se salta a puestos de responsabilidad administrativa y política que en nuestro medio requieren lo mismo de dignidad que de capacidad
¡Valiente escuela política por la que pasan no pocos de nuestros funcionarios! Deben adiestrarse en la humillación y comprobar, antes de ocupar un puesto de mayor responsabilidad, que cualquier “sacrificio” es poco si de aferrarse a la cosa política se trata
Pero quizá se piense que hago una tempestad en un vaso de agua u que no tengo derecho a semejantes exageraciones Desgraciadamente no es así, porque la imposición de Rosendo Topete Ibáñez es sólo una nota en el pentagrama Con cada nuevo acto en la Cámara la impresión inicial que tuve acerca de lo que somos los diputados, tomó perfiles más claros y precisos El nombramiento de comisiones, donde los más rebeldes apenas si se atreven a murmurar; la elección de secretarios y la elección de presidente de la Cámara una vez al mes, espectáculo vergonzoso que como martirio chino se repite una y otra vez; los “debates” de la Cámara con una supuesta oposición tan indigna como la imposición, y por último, las votaciones que acaban con las ilusiones de participación libre que uno pudiera tener, todo termina por sepultarlo a uno en la indignidad

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