Mi amigo es dealer

MÉXICO, D.F. (apro).- Son empresarios y comerciantes que jamás probarán el éxito público. Están escondidos en la vergonzosa clandestinidad. ¿Su delito? Mercar con mariguana.

No son narcotraficantes a gran escala ni sicarios. Son jóvenes en plena edad productiva, la mayoría con un perfil emprendedor, inmersos en un completo ciclo productivo. Unos siembran la planta, otros la venden, algunos más comercializan los aditamentos para fumarla. Todos coinciden en algo: la revista Entrepreneur jamás publicará su rostro sonriente en la portada del mes.

Las grandes organizaciones criminales ya no ven en la mariguana su primordial fuente de ingresos. Antes privilegian los secuestros, las extorsiones y el tráfico de drogas duras. La cannabis es una planta silvestre que generalmente no necesita de modificaciones sustanciales para su consumo final. No obstante, esta hierba aún es venerada y consumida por amplios sectores de la sociedad, principalmente por jóvenes.

Los consumidores de drogas saben que entre los narcomenudistas escasea la mariguana. En consecuencia y dado la facilidad para producir la planta, ha brotado una subcultura de mini-fábricas de hierba.

La semilla es lo más fácil de conseguir. En internet la oferta de plantas es aún más basta que la diversidad de leches deslactosadas en un supermercado (mientras Monsanto no lo patente, el germen estará a salvo).

En sitios de anuncios clasificados en línea también hay centenares de artículos para que la siembra sea exitosa. Hay abonos, aditamentos de hidroponía, cursos, libros, lámparas y luces especiales.

También abundan páginas especializadas en brindar consejos de cómo obtener plantas más potentes https://www.marihuanacultivo.com/ y https://www.marihuanasemillas.es/ son dos de las más populares. En la red social Youtube sobran videos de cómo transformar la mariguana en hachís (una pasta más potente y concentrada).

En la página Mercado Libre, dedicada al comercio virtual, decenas de usuarios de distintas partes del país venden pipas de agua, bongs (una variante de ellas), trituradores y demás artefactos para facilitar la combustión de la planta.

La comercialización también tiene su propia identidad. Los puestos ambulantes donde venden pipas, papel para tabaco e inciensos muchas veces son clave para encontrar a un vendedor de hierba. Es fácil ubicarlos afuera de las estaciones del metro, mercados y en centros recurridos por jóvenes, como zonas de antros y bares.

En la ciudad de México, particularmente en las colonias Roma, Condesa, del Valle, Narvarte, Juárez y Coyoacán, los vendedores de la planta tiene un perfil muy diferente al del narcomenudista común. Andan en patines o pasean a su perro. Usan ropa holgada, tenis de moda y tienen la actitud de quien irá a un concierto de rock por la noche. No andan armados ni rodeados de golpeadores. En síntesis: son jóvenes comunes y corrientes. Venden la planta a sus amigos y a los cuates de sus amigos, en precios que van de los 100 a los mil 500 pesos, dependiendo la cantidad y la variedad. Esta actividad es más rentable que un trabajo en el subempleo.

El gran contra es que en México la posesión de la planta es un delito, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 245 de la Ley General de Salud. El castigo varía de entre 10 meses hasta 6 años en prisión. Sólo está permitido portar menos de 5 gramos. Además, la policía recurrentemente fustiga a los jóvenes sólo por su aspecto, cayendo en la extorsión. En el sitio https://www.drogasmexico.org/ hay testimonios de personas intimidadas únicamente por poseer una pipa o despedir el olor de la hierba.

Aunque los capos de la droga la desdeñen, la mariguana continúa siendo una droga popular. Los datos duros lo evidencian. La Encuesta Nacional de Adicciones 2008 advirtió que los usuarios aumentaron en seis años de 3.5 a 4.2% de la población total de entre 12 y 65 años.

Mientras permanezca la política de prohibición, todo el círculo ligado a la mariguana (droga mucho menos riesgosa que el alcohol) estará confinado al delito. Desde todos los ángulos, es una pérdida para el país. Se va dinero en impuestos, perdemos al importar semillas extranjeras, se orilla a los comerciantes y consumidores a la marginalidad. Y, lo peor, el Estado deja que Internet sea quien eduque y oriente a los usuarios.

Twitter: @juanpabloproal

Contacto: https://juanpabloproal.com/

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