Problemas en el Metro

Problemas en el Metro
Irresponsabilidad y deudas
Sara Morión
En un lapso de apenas cinco días, en dos ocasiones —la noche del 7 de enero y la mañana del 11— dos conductores del Metro violaron las más elementales normas de seguridad en la operación de sus respectivos convoyes al pasarse sendas luces rojas; no se produjeron desastres, por fortuna, o mejor dicho, por milagro
Roberto Méndez Sánchez operaba el tercer turno de la terminal Observatorio y “franqueó” (así dicen los técnicos) una luz roja; lo más grave del asunto fue que al darse cuenta de su descuido, tranquilamente se lanzó en reversa, con lo cual duplicó las posibilidades de que ocurriese una tragedia Esto ocurría la noche del 7 de enero, Héctor Javier González Retana se pasó un “rojo total” exactamente en el mismo lugar del accidente registrado en la calzada de Tlalpan, entre las estaciones Chabacano y San Antonio Abad
De acuerdo con la Condiciones Generales de Trabajo —que es lo mismo que el contrato colectivo— que rigen las relaciones de trabajo en el Sistema de Transporte Colectivo, estos dos señores ni siquiera están en peligro de perder su empleo Apenas si es posible imponerles una suspensión de tres a seis días u punto
Esta situación parece constituir uno de los puntos fundamentales en la reestructuración de ese servicio que es vital para millones de personas El Metro es, para dos millones de gentes, el único transporte disponible; si como usuarios tienen derecho a exigir un mejor servicio, como seres humanos deben estar a salvo de la irresponsabilidad y la inconsciencia El Metro está ligado a la vida capitalina, que hace muy pocos días las autoridades del STC tuvieron que expedir a una importante institución bancaria —que había registrado un retraso masivo en la entrada del personal— una constancia de que en dicha fecha, en efecto, en determinada línea se había registrado un retardo en el servicio Lo que no se dijo en esa carta es que en muchas ocasiones el retraso en el servicio se produce porque los conductores no se presentan a trabajar y se dispone de menos personal
GRAVE CRISIS
Las todavía flamantes autoridades capitalinas se encuentran en el Metro ante un problema mayúsculo Por una parte, la inaplazable necesidad de ampliar sus líneas, y por otra, una desastrosa situación financiera que se agrava cada día que pasa Según una investigación, apoyada en documentos irrefutables, la pérdida neta que registró el STC en 1976 ascendió a la cantidad de 1,412 millones de pesos
Y es que para esta empresa los problemas de las devaluaciones monetarias —primero el dólar y luego el peso mexicano— tuvieron consecuencias realmente fatales, al reflejarse en los adeudos concertados en moneda extranjera Por si esto no fuera bastante, los costos y gastos de servicios se han disparado a las nubes Las erogaciones del STC por estos conceptos en 1971 fueron de 293 millones de pesos; en 1976, llegaron a muy cerca de los mil millones de pesos
Hay varias causas: la principal, la tarifa vigente Compárese el costo de transportación en autobús, en “delfín” por ejemplo y es de dos pesos por una distancia mucho menor Por otro lado, los costos de mantenimiento aumentan constantemente, ya que los carros deben ser sometidos a cuidadosas revisiones en períodos más cortos que los de otros países (por el intenso trabajo que se les impone), y un alto porcentaje de las refacciones tienen que importarse de Francia Luego, el costo burocrático En 1970, el Metro operaba con 2,200 gentes; en 1976, sin que hayan aumentado las líneas y apenas se disponga de noventa nuevos carros, el personal casi se ha duplicado, ya que actualmente ocupa a 4,200 personas, aumento prácticamente del 100 por ciento, lo que produce que el sistema registre un índice sumamente elevado de 67 personas por carro en servicio
Luego, este Metro nuestro nació ya con grandes taras El costoso circuito interior se pagó con los impuestos que todos los que habitamos este caótico Distrito Federal En el Metro se aplicó un criterio distinto: había que recuperar la inversión hecha, altísima, con la propia operación del Sistema y, naturalmente, no resultó Como consecuencia de las devaluaciones monetarias la deuda externa, que al 31 de agosto de 1976 se estimaba en 4,095 millones de pesos, subió a más de 6,200 millones, lo que originó una pérdida adicional de poco más de dos mil millones de pesos
Así, es fácil comprender que las autoridades hablen de una urgente necesidad de “reestructurar” las tarifas Tendrá que hacerse, no para pagar esa deuda externa —decimos nosotros—, porque no es justo repercutir exclusivamente en el usuario de un servicio el costo mismo, cuando el resto disfruta de servicios que han sido pagados por el Departamento, con los impuestos de todos, es cierto, pero los señores camioneros no pagan por el asfalto de las calles ni por la instalación de semáforos, etc Ellos aportan sus unidades y ya Las propias autoridades están conscientes de que no podrá posponerse mucho tiempo la ampliación de las líneas del Metro Los estudios están hechos: de todos tipos Quizá se opte por soluciones revolucionarias o sorprendentes, ya que el costo de kilómetro en túnel subterráneo es de seiscientos millones de pesos —una nueva línea de apenas diez kilómetros representaría una inversión de seis mil millones, y a como andan las cosas, pues— pero en cambio, ese costo se reduce casi a la mitad en línea de superficie o suspendido; sí, aéreo, elevado, digamos
Lo que importa es garantizar al habitante de este Distrito Federal, del área metropolitana o como quiera llamárseles, un servicio digno y aceptable por el cual tendrá necesariamente —es inevitable— que pagar un poco más en poco tiempo El aumento de tarifas —que se tiene que buscar sea lo más razonable posible— se hará junto con la aplicación de otras medidas administrativas importantes para abatir los costos de operación Por lo pronto, la que era muy larga nómina de comisionados y recomendados, casi desapareció ya y se están estableciendo restricciones serias a nivel burocrático, limitando al máximo posible la adquisición de artículos no necesarios y, sobre todo, procurando que cada empleado, cada técnico, cumpla eficientemente con su trabajo Esto último lo exigen y demandan los dos millones de personas para quienes diariamente, el Metro es su medio de transporte y de cuya eficiencia depende la conservación de su trabajo y la seguridad de su vida

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