La ultraderecha, la otra ganadora en Francia

Marine Le Pen, líder del partido ultraderechista Frente Nacional, será la otra ganadora en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas que se realizaron este domingo 6. Los 6 millones 400 mil personas que votaron por ella en la primera vuelta decidirán ahora la elección del socialista François Hollande o la relección del presidente Nicolas Sarkozy. Cualquiera que gane se verá obligado a lidiar con ella, quien se prepara ya para la “tercera vuelta”: los comicios legislativos de junio. Del resultado electoral dependerá también el futuro de los partidos políticos, en los que ya son previsibles reacomodos y fracturas.

París (Proceso).- Marine le Pen entra con paso decidido a la elegantísima sala de Prensa del European American Press Club de París. Le divierte el espectáculo de decenas de fotógrafos dándose codazos para retratarla de más cerca.
Irónica, a veces soberbia, siempre segura de sí misma, reitera lo que proclamó en la noche del pasado 22 de abril, al término de la primera vuelta de las elecciones presidenciales: con 17. 9% de votos el Frente Nacional (FN) es una fuerza de oposición que hace tambalear el sistema político francés. Cualquiera que sea el nuevo presidente, éste tendrá que contar con ella.
Faltando sólo cuatro días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, se ríe de los “esfuerzos patéticos y vergonzosos” desplegados por el presidente Nicolas Sarkozy, líder y candidato de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), para seducir a sus electores, y se burla de François Hollande, el candidato del Partido Socialista, tan “neoliberal como su contrincante, con los puños atados por los verdes y la ultra izquierda”.
En realidad, Marine Le Pen lleva dos semanas saboreando su triunfo: son sus 6 millones 400 mil electores los que van a decidir la relección de Sarkozy o la elección de Hollande.
No dio consignas de voto a sus seguidores. Sólo anuncio su intención de votar en blanco. De todos modos lo que cuenta para ella es la “tercera vuelta”; es decir, las elecciones legislativas que se llevarán a cabo los próximos 10 y 17 de junio. Está convencida de que por fin logrará tener diputados en el Parlamento y que intervendrá así aún más directamente en la vida política francesa.
Con su ambigua sonrisa pronostica el fracaso político del futuro presidente, cualquiera que éste sea, y anuncia su propia llegada al poder en 2017. Es “inexorable”, precisa.

Escenarios

El economista y escritor francés Jacques Attali, quien fue eminencia gris de François Mitterrand, asume el papel de ave de mal agüero. Su pesimismo refleja el clima taciturno que prevalece en Francia. Después de haber declarado que votaría a favor de Hollande, publicó, el pasado 3 de mayo, un artículo titulado Cruda del 7 de mayo en el diario electrónico Slate.fr, del que es cofundador.
Escribió Attali:
“Si el 7 de mayo François Hollande es electo, la derecha se hundirá en una crisis profunda y explotará, provocando euforia en los rangos del Frente Nacional (que lidera Marine Le Pen). El nuevo presidente anunciará que la situación financiera es espantosa, mucho peor que la que había confesado el equipo saliente, y que le tocará analizar de cerca la realidad antes de poder empezar a actuar.
“Los mercados financieros, de los que dependen las tres cuartas partes del financiamiento de nuestra deuda pública, se preo-cuparán. Subirá el costo de los préstamos que el Estado deberá contratar en junio para pagar los salarios de los funcionarios”.
Vaticinó: “Los prestamistas exigirán del presidente y de su gobierno reformas y recortes muy brutales y lo harán antes de las elecciones legislativas de junio. Para no perder estos comicios, el Ejecutivo tergiversará y no tomará decisiones. Después de las legislativas, que muy probablemente gane, la izquierda denunciará que la derecha maquilló las cuentas y la señalará como responsable de los ahorros que habrá que hacer y de los impuestos que se tendrán que aumentar.
“Si la tasa de crecimiento sigue siendo baja, la izquierda deberá anunciar que le tocará encontrar 20 mil millones de euros en 2012, dos veces más en 2013 y luego en 2014. Y más aún en los tres años siguientes. Ya no se hablará más de generosidad social en todo el quinquenio.”
Cauteloso, al igual que todos los analistas del país, Attali no dio por segura la elección de Hollande. Sus pronósticos en caso de una victoria de Sarkozy son muy poco alentadores:
“Si el 7 de mayo Nicolas Sarkozy logra ser relegido, la izquierda vivirá una crisis tremenda, el Partido Socialista se derrumbará: una parte de sus miembros integrará el Frente de Izquierda de Jean Luc Melenchon que se presentará como el líder de la oposición. Le será más fácil a la derecha conseguir préstamos en junio y ganará las elecciones con el prudente beneplácito de los mercados.”
Recalcó: “A la derecha le tocará revelar en julio que el déficit presupuestario de 2012 es superior al anunciado antes de las elecciones por culpa de errores imprevisibles. Presionada por los prestamistas que le exigirán la reducción de la deuda pública, la derecha impondrá recortes brutales en el presupuesto social sin aumentar los impuestos de los más ricos. Las consecuencias serán inmediatas: disminución de la tasa de crecimiento y de los ingresos fiscales. La nueva izquierda lanzará millones de franceses a la calle. Los mercados financieros se asustarán. Las tasas de interés aumentarán. La crisis será dura y sacudirá todo el quinquenio”.
Sin proponérselo Le Pen y Attali coinciden: fuertes tensiones sociales sacudirán a Francia cualquiera que sea su presidente.

Reacomodos

Los sindicatos y el Frente de Izquierda están en pie de lucha. Si bien todos los partidos, grupos y grupúsculos de izquierda, al igual que la Confederación General del Trabajo, llamaron a votar a favor de Hollande, sus líderes reafirmaron su independencia y su combatividad.
Todos saben que, a pedido de Sarkozy, numerosas empresas grandes decidieron esperar el fin del periodo electoral para lanzar sus planes de recortes de personal.
En su edición del pasado 15 de febrero, la revista especializada en economía Chalenges reveló que Xavier Bertrand, ministro del Trabajo, presionó en ese sentido a los dirigentes de la FNAC (cadena nacional e internacional de librerías) y a los de Areva (grupo industrial especializado en tecnología nuclear). Areva tiene previsto dar de baja a 3 mil empleados en Francia. Lo mismo pasó en la industria automovilística con los grupos PSA (Peugeot Citroën) y Renault.
Jean-Claude Mailly, secretario general del sindicato Fuerza Obrera (FO), teme despidos masivos en la compañía aérea Air France, en empresas de telecomunicaciones y de transporte marítimo.
François Chérèque, líder de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), habla de recortes drásticos en las empresas Nestlé, Coca Cola, Danone y en grandes cadenas de supermercados que podrían deshacerse de 20 mil e inclusive 30 mil empleados.
De ser electo Sarkozy no podrá oponerse más a estos recortes. Hollande afirmó en numerosas oportunidades que no los aceptará sin reaccionar, pero no precisó cuál sería esa reacción.
Le Pen sabe que mientras más se agudice la crisis social, más saldrán golpeados los partidos de sus contrincantes de la primera vuelta. Su meta principal es la implosión de la UMP, que numerosos observadores consideran como inevitable en caso de la derrota de Sarkozy.
La UMP fue creada en 2002 para apoyar la candidatura de Jacques Chirac en las elecciones presidenciales de ese año. Es un mosaico heteróclito de distintas corrientes: centristas, de derecha, conservadoras, liberales, degaullistas.
La “ultraderechización” de la campaña electoral de Sarkozy, sobre todo entre la primera y la segunda vuelta de los comicios presidenciales, espantó a las corrientes más moderadas de la UMP que buscaron tapar sus divergencias hasta el 6 de mayo. Sea o no relecto Sarkozy, habrá arreglos de cuentas.
En caso de derrota de Sarkozy las corrientes más derechistas de la UMP, así como las que se oponen a la Unión Europea, tendrán la tentación de aliarse con el Frente Nacional. Le Pen hace todo para seducirlas. Ya anunció su intención de presentar a las elecciones legislativas candidatos que no pertenecen al FN. Esa nueva coalición llevará el nombre de Reagrupación Azul Marino. Es un primer paso hacia un cambio de nombre del FN que en un futuro cercano podría llamarse Alianza para una Reagrupación Nacional.
Rebautizar al FN no es anodino. Será la última etapa del proceso de “normalización” de ese partido xenófobo, islamófobo, racista, ultranacionalista y antidemocrático.-
Semejante proeza no se debe solamente al “talento” de Marine Le Pen, menos repelente que su padre y más hábil en sus intervenciones públicas. En realidad, el mejor artesano de la integración del Frente Nacional en el espectro político francés fue Sarkozy, quien a lo largo de sus dos campañas electorales de 2007 y 2012 y durante todo su quinquenio hizo suyos los temas de la inseguridad, la criminalización de los inmigrantes y el peligro de la islamización de Francia.
También jugó un papel clave la sumisión tanto de la derecha como de los socialistas a los dogmas de la economía liberal y de los mercados que hundieron a 30% de los franceses en la pobreza y la precariedad social, como hundieron en la pobreza a gran parte de las sociedades griega, española, italiana, portuguesa, irlandesa…

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