México: los keynesianos sin keynes

México: los keynesianos sin keynes
Armando Labra
En su libro reciente —Dinero—, John K Galbraith comenta que los economistas tienden a economizar todo, particularmente las ideas: conservar las mismas desde el aula hasta que mueren
Durante decenios, la teoría keynesiana ha campeado en las escuelas de economía, en especial respecto a los enfoques monetarios y fiscales, para los cuales al análisis marxista no ofrece —lógica y afortunadamente— recetas tecnocráticas o lucidoras en reuniones de estrategas

Pero tal parece que en lo tocante a la política monetaria y fiscal, desde hace lustros nos regimos por criterios prekeynesianos, de seguro porque las generaciones que abrevaron a Keynes aún no logran desplazar a sus mayores cuando lo hagan sabrán que Keynes también quedó atrás
Por allá en los cuarenta Keynes demostró que el ahorro no necesariamente corresponde a la inversión; aún más, es excepcional que esto suceda Por tanto, resulta que los esfuerzos por acrecentar el ahorro son inútiles cuando su destino es el consumo, la expatriación o cualquier alternativa diferente a la buscada: la inversión
También Loyd Keynes demostró que el ahorro no está determinado por el nivel de la tasa de interés sino por la producción, de tal forma que al elevar el costo del dinero no aumenta el flujo monetario de los colchones a las cuentas de ahorro
Por lo anterior, es inexplicable que busquemos sistemáticamente aumentar el ahorro interno empujando la tasa de interés al alza o introduciendo “índices de corrección monetaria” para contrarrestar la inflación y mantener impoluto el premio al ahorrador Quienes para sorpresa de muchos, así piensan y aspiran a una economía “liberal” en México, cometen un doble error: aplican teorías plenamente superadas por Keynes, cuyo pensamiento además para efectos de la política económica en México es inaplicable, porque no podemos ampliar el desempleo ni la explotación de la mano de obra, como lo establece la ortodoxia keynesiana, para llegar a un nuevo punto de equilibrio entre el ahorro por la inversión; los marginados, los sobreexplotados darán una respuesta menos elegante a la injusticia económica y social
Está demostrada la incapacidad de reinversión por el capital privado, causada por la estrechez del mercado como consecuencia de la creciente concentración del ingreso y el alto costo del dinero; ambos elementos inhiben tecnológica y financieramente la reinversión También queda claro que una tasa de interés elevada no capta sino recursos externos predominantemente especulativos que no aumentan la inversión productiva y sí en cambio desalientan al pequeño y mediano comerciante e industrial, encareciendo y encareciendo los recursos que requiere para crecer
Por tanto, todo ahorro que no sea público será destinado a fines socialmente indeseables El ahorro público puede ser ampliado por las vías fiscal, monetaria, crediticia y de precios de empresas estatales Su destino sí puede ser la inversión y con ella el empleo, los alimentos y las divisas que no tenemos, ni tendremos mientras sean aplicados esquemas teóricos ajenos a las necesidades concretas y urgentes de inducir el crecimiento de la economía hacia el bienestar de las mayorías a través de una definitiva, precisa, ampliación de la economía pública

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