El aborto, problema político

El aborto, problema político
Enrique Maza
Se acaba de legalizar el aborto en Italia Y ese hecho tiene y tendrá repercusiones importantes Ya antes, en Estados Unidos, en Francia, en Alemania y en otros países, se había hecho la misma legalización, no sin debates amargos y divisiones profundas
Lo más inmediato que se juega, en Italia, es una cuestión política El gobierno demócrata-cristiano de Giulio Andreotti tiene minoría en la Cámara de Diputados, y se ve obligado a gobernar en un difícil equilibrio, por el que no puede romper lanzas con la mayoría de los comunistas y sus aliados, si no quiere verse definitivamente imposibilitado

El asunto del aborto tocó fibras de conciencia, y la democracia cristiana se negó a ceder También los comunistas El voto favoreció al aborto Pero falta que al ley pase por el Senado, en donde no hay mayoría comunista El Senado puede vetar la ley, y se ve presionado a hacerlo Pero, si lo hace, puede provocar una reacción desfavorable en la mayoría comunista de la Cámara baja y dictar la sentencia de muerte política para el gobierno de Andreotti El aborto es un problema político
Pero hay otras repercusiones más profundas Una de ellas es la autoridad moral del Papa, que se ha comprometido a fondo en la campaña antiabortiva Ya había sucedido varias veces antes También en Francia comprometió la Iglesia su autoridad moral, y perdió Lo mismo en Alemania y estados Unidos Lo mismo, en Italia, tiempo atrás, en la cuestión de la legislación del divorcio Y, más atrás todavía, en la cuestión del control de la natalidad, solo que esa vez fue a nivel mundial En todos los casos, uno tras otro, el Papa ha perdido, su autoridad moral no ha pesado, las decisiones legales se han tomado en contra de los principios morales que él proclama
El asunto es serio Hay tres aspectos que sobresalen El primero es el proceso lógico de independización de la esfera política con respecto a la religiosa Hace un siglo, la Iglesia perdió la batalla definitiva que está en el fondo del problema actual El mundo moderno proclamó que sus bases no son divinas, que no son las que la filosofía clásica ha puesto en Dios La sociedad burguesa tiene otras bases, y, al desaparecer la base Dios, desaparecen los criterios clásicos de ética, de orden social y de orden político Nace el mundo emancipado y adulto, por más que sus primeros pasos hayan sido desastrosos Se puede estar en desacuerdo con el proceso de secularización abierto por el mundo moderno; pero no se puede negar el hecho, y menos aún, invertir todas las energías en restaurar una edad media definitivamente superada
Hubo un momento, en el siglo XIX, en que la iglesia tomó una opción definitiva, sobre todo en el Concilio Vaticano I, que fue su alianza con la burguesía Primero fue la alianza del trono del altar y contra la burguesía de la revolución liberal, que proclamó la autonomía del hombre, de la razón y de lo terrestre Pero surgió un nuevo enemigo producto de la revolución industrial, el proletariado Ante este enemigo común, se unen la Iglesia y la burguesía, contra el peligro rojo La religión, desde entonces, no pude pretender ser el fundamento de la sociedad, sino que queda y admite ser relegada como asunto privado La Iglesia, a nivel oficial, tendrá que refugiarse en el secreto del individuo y en lo abstracto de los sobrenatural
El asunto del aborto no es sino una consecuencia —como el control de la natalidad, el divorcio y otras cosas— de la reducción de la religión a lo privado y de la autonomía de lo político; consecuencia, a su vez, de la opción de la Iglesia por el mundo moderno de la burguesía Y se ve claramente en las argumentaciones en favor y en contra del aborto Unos alegan que el aborto es un crimen, y el crimen no se puede legalizar —y se les olvida que ellos moralizaron la guerra justa, que también es un crimen—- Los otros responden que ellos no legislan para las conciencias, sino para el bienestar social La religión y la moral quedan en el ámbito de la legislación civil Con eso, se da un paso más en la maduración de esa autonomía Los legisladores prescinden de la conciencia individual, y respetan la decisión privada Pero velan por el conjunto Hasta ahora, el aborto era y es clandestino, lo que ha provocado enormes males sociales Sacar el aborto de la clandestinidad y abrir la posibilidad de remediar esos males, es el objeto d la legislación Por lo menos, uno de los objetos En cambio, a la otra postura —de la Iglesia, entre otros— no le importan los males sociales, o no en la misma medida que el individualismo moral Postura lógica La moral de la Iglesia es individualista —en congruencia con su opción burguesa—, no social Pero el Papa ha comprometido su autoridad moral en la pelea, y ha perdido Son los hechos
Pero no es ésa la única implicación Hay otra, en el fondo El mundo actual ya no cree en la concepción del hombre, como la Iglesia y su moral tradicional la han sostenido, apoyadas en la filosofía clásica Es decir, un hombre no histórico, sino fijo, en el tiempo y en el espacio, por una naturaleza inmutable y acabada, que se repite siempre igual y que establece y fija una moralidad externa, autoritativa y eterna Esa no es una concepción bíblica del hombre, ni siquiera universal, sino propia de una escuela filosófica particular —griega, platónico-aristotélica— que parte al hombre en cuerpo y alma y que se absolutizó como la única concepción válida del hombre, concepción oficial de la Iglesia, que fundamenta su doctrina moral Pero tanto la Biblia como otras escuelas filosóficas, como las ciencias antropológicas modernas, como otras culturas, conciben al hombre de diferente manera, como un ser esencialmente histórico, fundamento en la relación —y no en una naturaleza inmutable— y, por tanto, no acabado, sino en evolución y en conquista perenne de su propia naturaleza Por eso, la moral no es inmutable, sino histórica también De ahí que no se puedan aceptar los principios eternos de la moral
La Iglesia olvida —en su proclamación inmutable del hombre y de la moral— los propios cambios históricos de sus concepciones morales Con todo esto, la concepción del pecado cambia fundamentalmente, y el mundo moderno secularizado no acepta ya la tradicional concepción, que la Iglesia defiende todavía Por lo demás, los estudios bíblicos están ya suficientemente avanzados para no apoyar más la concepción filosófica e individualista de moral y de pecado que la Iglesia proclama Y la Iglesia está perdiendo la batalla
Pero su autoridad moral, como tradicionalmente había funcionado, está en juego y se pierde, como consecuencia de las mismas opciones históricas de la Iglesia institucional Se quiso la opción, pero no las consecuencias Hoy se imponen las consecuencias y se hace campaña política desesperada contra ellas Ya no hay marcha atrás Pero las autoridades eclesiásticas están ciegas al hecho y al cambio del mundo moderno Tímidamente proclaman la autonomía del hombre, de la conciencia y de las realidades terrestres, en la renovación —doctrina social de la Iglesia, Vaticano II—, un tanto modificada, pero no en lo sustancial, de su alianza con el capitalismo burgués Pero siguen sin querer las consecuencias, mientras el mundo se parta y prescinde Y no sólo el mundo También, cada vez en mayor número, los católicos mismos La ceguera autoritativa, ante la realidad y el cambio, permanece
La batalla del aborto —prescindiendo de sus implicaciones sociales, dignas de ser analizadas a fondo y detalladamente— puede tener consecuencias políticas serias en Italia Y tendrá, ciertamente, consecuencias políticas de enorme trascendencia para la Iglesia institucional y para su autoridad tradicional Lo que hace pensar que la batalla del aborto no se da, en el fondo, por una moral, sino por un poder El aborto no es un problema moral, sino un problema político

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