De las mujeres como sacerdotes

De las mujeres como sacerdotes
Alejandro Avilés
Tal ves el lector piense que este asunto debería ser tratado por un teólogo, o cuando menos por un sacerdote Tal vez considere que no es propio para un laico que por añadidura es periodista, o sea “experto en generalidades” Algo puede decir, sin embargo, una aspirante a laico adulto, en esta época en que todos podemos y debemos opinar
Alguna vez, usando de esta libertad, escribimos que la mujer debiera, por ser igual al hombre en dignidad, ejercer a la par de éste el sacerdocio ministerial, no sólo el sacerdocio que es común a todos los cristianos Y aun llegamos a pensar que pronto así la Iglesia lo reconocería
Pero recientemente, con la total aprobación del Papa, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha dictaminado, de acuerdo con una tradición de veinte siglos, que sólo hombres pueden ser ordenado sacerdotes
¿Cómo enfocar entonces el asunto?
Creemos, con el documento, que “no se trata de ofrecer una argumentación demostrativa, sino de esclarecer esta doctrina por la analogía de la fe” Pues, para los cristianos, la fe es la luz más alta y a ella deben atenerse Y quienes no lo son, al menos pueden reconocer que la fe tiene su propia lógica y debe ser respetada Bajo esta luz debemos evaluar lo que la Iglesia decide
Por lo que toca al tema planteado, lo que debiera preocuparnos es la contradicción que pueda haber entre la plena estima de la Iglesia a la mujer y la decisión de cerrarle el acceso al sacerdocio; el desencanto de muchas mujeres ante lo que pudieran tomar como una reiterada discriminación, y el obstáculo que tal decisión significara para el movimiento ecuménico
Contradicción respecto a la estima de la mujer no puede haberla, pues la Congregación reitera la línea del Concilio respecto a su dignidad y sus derechos, y a su participación en los distintos campos del apostolado —incluso en organismos de la Sede Apostólica— y es significativo que el documento esté fechado el 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa de Avila, una de las mujeres recientemente proclamada “doctores” de la Iglesia Y si ésta considera que no debe otorgarse el sacramento del orden a las mujeres, debe ser por causas ajenas a toda desestimación
Las mujeres no pueden sentirse discriminadas, porque el sacerdocio no es un privilegio sino una misión de servicio, y no implica superioridad del hombre sino diferencia en cuanto a la misión La única superioridad expresamente reconocida por la Iglesia es una vida santa, y en esto las mujeres están a la par del hombre “Igualdad no significa identidad dentro de la Iglesia, que es un cuerpo diferenciado en el que cada uno tiene su función” Y “no hay que olvidar que el sacerdocio no forma parte de los derechos de la persona, sino que depende del misterio de Cristo y de su Iglesia”
En cuanto al obstáculo que pudiera significar para el ecumenismo la decisión tomada, hay que advertir que la unidad de los cristianos no puede comenzar por una plena coincidencia en todo sino por un espíritu fraterno con respeto recíproco Si lagunas confesiones, como la anglicana y la episcopaliana, han llamado mujeres al sacerdocio, esto no obliga a hacer lo mismo a la Iglesia católica, ni a muchas protestantes que en esto coinciden con ella, ni a las orientales que siempre han mantenido el sacerdocio sólo para hombres
Más aún cuando hubiese inconvenientes en algunos de los campos señalados, esto no sería razón para que la Iglesia católica abjurara de lo que considera la verdad Si Cristo mismo decidió que todos sus apóstoles fueran varones, es lógico que ella declare, como lo hace ahora, que “no se considera autorizada a admitir a las mujeres en la ordenación sacerdotal”
Lo que hoy importa es que nadie crea que esto implica superioridad del hombre sobre la mujer, sino funciones diversas en la acción de la gracia como en el orden natural se encuentran en la transmisión de la vida En el proceso de la salvación, ella puede tener una misión igualmente grande, aunque distinta, a la del hombre Pueda reconocerse en el misterio de la Virgen María, sin cuya libre aceptación el Verbo no hubiera encarnado
Como legos que somos, no nos aventuramos, en una frágil lancha, por el océano de la teología Más, con simple sentido común, diremos que si la Congregación de la Fe ha decidido no ordenar mujeres sacerdotes, a esa decisión nos atenemos —aunque no sea artículo de fe— sin prejuzgar si un día pudiera o no la Iglesia variar en este punto, al influjo de Aquel que sopla donde quiere

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