La noche de Paul McCartney en el Zócalo

MÉXICO, D.F. (apro).- Las largas horas y la mala noche que miles de personas pasaron con tal de ver a Paul McCartney en el Zócalo de la Ciudad de México se disiparon cuando casi en punto de las 9 de la noche el exbeatle, vestido con un saco rojo, apareció en el escenario entonando Hello Goodbye, un viejo clásico del cuarteto de Liverpool.

Llena en su totalidad, la plaza de la Constitución hizo eco de las cuarenta canciones hechas famosas por The Beatles y Wings que McCartney interpretó a lo largo de casi tres horas, entre ellas All my loving, Drive my car, The night before, Eleonor Rigby, Birthday, Let it be y Hey Jude. Y de Wings Junior’s farm, Jet, Let me roll it, Bad on the run y otras más.

Rindió homenajes a “mi hermanito John” a George Harrison y al otro beatle sobreviviente, Ringo Starr. Y hasta se lanzó, como éste con aquella canción Las brisas, a cantar con mariachi, con el ahora famoso Mariachi Gama 1000 que comenzó, como muchos otros, en la tradicional Plaza Garibaldi.

Aunque se había corrido el rumor de que no dejarían acampar a la gente, sí hubo quienes se quedaron desde una noche antes en la plaza, algunos cuantos no soportaron todo el concierto y tuvieron que ser sacados para recibir ayuda de los servicios de emergencia y de protección civil, tras las horas en vela o de mal dormir y otras tantas bajo el rayo del sol.

A las ocho de la mañana del jueves el Zócalo estaba ya a medio llenar con gente de diferentes generaciones, desde aquellos de poco más de cincuenta años que crecieron escuchando a The Beatles, hasta jóvenes de menos de veinte que heredaron el gusto y hasta alguno que otro niño.

A las siete de la noche ya estaba abarrotado el lugar, mejor, sin duda, que haber intentado pagar miles de pesos por ir a Chichén Itzá, donde parece que finalmente no habrá concierto.

En algunas calles como Venustiano Carranza, los siete u ocho filtros que se habían anunciado no fueron tantos al final y el acceso fue más o menos fluido. Y aunque se pusieron varias pantallas de televisión en calles de acceso al Zócalo, cuando menos hasta antes de las siete la gente se empeñó en entrar y hubo muchos que lo consiguieron.

Sin poder disimular que leía hacia el piso, McCartnery intentaba decir unas frases en español que provocaron aplausos, risas e hilaridad:

“¡Viva México, cabrrrones!”, “¡Éste es el día de las mamacitas, felicidades!” “¡Chilangos, los quiero!”. Pero a diferencia del fundador de Pink Floyd, Roger Waters, que tuvo un mensaje crítico sobre el clima de violencia que se vive en el país y sobre la guerra de Felipe Calderón, el exbeatle fue “políticamente correcto”. No hizo ninguna alusión.

El único toque político lo dio una manta que desde un balcón del Hotel Majestic se colgó un par de horas antes de iniciar la audición, en la cual se leía: “Enrique Peña Nieto. Me comprometo y cumplo”, pero la rechifla y mentadas de madre obligaron a quienes tuvieron la ocurrencia a retirarla.

No corrieron la misma suerte los banderines del PRD que desde las oficinas del gobierno capitalino se mostraron, pero por lo mismo pasaron casi desapercibidos.

Los aplausos hicieron salir dos veces al cantante y compositor británico, investido como Sir Paul McCartney por la reina Isabel. Al final la gente pareció satisfecha y salió con lentitud pero sin mayores problemas de la plancha del Zócalo.

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