Los sindicatos, en alerta

Los sindicatos, en alerta
Una nueva crisis empieza a toma forma en Argentina, donde muchos dirigentes obreros, que después del golpe militar observaron una actitud de prudente espera, hasta conocer la actitud de la junta hacia los obreros, empezaron a entrar en ebullición en noviembre pasado cuando las autoridades promulgaron una ley que modifica los convenios colectivos de trabajo de las empresas del estado
A fines de diciembre una comisión de 7 sindicatos representativos de otras 70 organizaciones gremiales pretendieron entregar al ministro del trabajo, general Horacio Tomás Liendo, un documento con las críticas a la política económica de la Junta Pedían la libertad de sindicalistas detenidos sin juicio, y demandaban permiso para llevar a cabo un plenario gremial, con los secretarios generales de los sindicatos aún no intervenidos
Liendo les concedió audiencia pero no quiso recibir el documento de los sindicatos Ante esta circunstancia los dirigentes gremiales decidieron 48 horas después dar a conocer el documento y convocar a un plenario nacional de gremios no intervenidos, lo cual provocó una acerva crítica de las autoridades y la “posible intervención de nuevos sindicatos”

La tirantez en las relaciones hizo que ni unos ni otros cumplieran su promesa, y ni los sindicatos llevaron a cabo el plenario ni la Junta intervino nuevamente en los gremios
En un acto de buena voluntad, el 12 de enero, los dirigentes de 72 gremios no intervenidos renunciaron a sus cargos, a fin —se dijo— de restablecer el diálogo con el gobierno
Mientras tanto, la Junta Militar cobró sus víctimas Los hijos del escritor Carlos Alberto Prestes, Beatriz y Enrique Raúl, fueron secuestrados, en la ya conocida forma de represión argentina (por un comando de individuos no identificados) y fueron muertos en lucha contra los agentes cuatro guerrilleros montoneros y el obrero Aparicio García Peralta, que había sido secuestrado una semana antes, según declaración oficial, por un grupo parapolicial de ultraderecha
Finalmente, a causa de un accidente en el complejo hidroeléctrico de El Chocón, en la Patagonia, fue prolongada la jornada laboral de los electricistas, acción que aprovechó la Junta Militar para suspender el uso de las licencias gremiales con goce de sueldo y la anulación de todas las cláusulas convencionales: horas extras, licencias por enfermedad, francos compensatorios, vacaciones, indemnizaciones, etc
La acción gubernamental —que se interpretó en el ramo gremial como una venganza por la parte de la Junta— levantó violentas críticas entre las organizaciones sindicales, a pesar de todo muy fuertes en Argentina, y se temieron las consecuencias posteriores, considerando entre ellas una posible agitación sindical en el sector del estado
Así ha venido sucediendo en efecto el 25 de enero, no menos de cinco mil trabajadores de las empresas energéticas de Buenos Aires se lanzaron a las calles para protestar contra la ley que deroga las diversas conquistas sindicales que se obtuvieron durante el gobierno peronista, y el poderoso Sindicato de Luz y Fuerza se declaró en estado de emergencia La protesta se extendió a otras ciudades, como Córdoba, Rosario y corrientes, que tienen una gran concertación industrial
Ante la imposibilidad de entendimiento, el Sindicato de Luz y Fuerza dispuso la iniciación de un plan de lucha que establece entre otras medidas “el trabajo a desgano” Los trabajadores, quienes a decir de las autoridades rompieron las “reglas del juego” al hacer conocer el documento que habían redactado con críticas al gobierno, aseguran que no obstante las constantes declaraciones de la Junta en relación con su buena voluntad ante los obreros, éstos se encuentran en virtual desventaja La actividad sindical está prohibida, mientras las organizaciones patronales gozan de absoluta libertad para reunirse, realizan asambleas por sectores y además altos jefes del gobierno asisten a estas juntas
El eco del trabajo “a desgano” empieza a escucharse Los industriales resienten la falta de productividad y el alto índice de ausentismo laboral El ministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz, quien apenas hace unos días se entrevistó con una comisión del Fondo Monetario Internacional y se mostró optimista, ante los últimos acontecimientos manifestó preocupación y desaliento

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