No, al sacerdocio femenino

No, al sacerdocio femenino
El Papa Paulo VI, a través de un documento elaborado en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe —que fuera, en otro tiempo, el Santo Oficio— y firmado por él, ratificó su decisión de no admitir a las mujeres a la orden sacerdotal
El documento se basa en dos vertientes fundamentales, la Biblia y la autoridad de la Iglesia La Santa Sede consultó a sus expertos bíblicos, que rechazaron unánimemente los fundamentos escriturísticos del documento y negaron toda posibilidad de que las conclusiones del documento contra la ordenación de las mujeres se puedan extraer de la Biblia Para ellos, la exégesis bíblica del documento era inaceptable Paulo VI los desoyó La decisión de los expertos se consideró “precipitada” Hubo fricción entre la comisión y el Papa
Ya en ocasiones anteriores, Paulo VI ha procedido en contra de la opinión de sus expertos La más notable fue su encíclica Humanae Vitae, sobre el control de la natalidad, cuando el Papa publicó su prohibición contra el parecer casi unánime de la comisión de expertos que él mismo había nombrado En esta ocasión procedió de la misma manera, con su “Declaración sobre la Cuestión de la Admisión de Mujeres al Sacerdocio Ministerial”, presentada al público por el jesuita Roberto Tucci, director general de Radio Vaticana y antiguo director de la revista jesuítica La Civiltá cattolica

Con este documento, el Papa responde al movimiento generalizado de reivindicación femenina y, concretamente, a la ordenación de mujeres en otra iglesias, al movimiento de liberación femenina y a los trabajos del Año de la Mujer En la Iglesia Católica no pueden las mujeres acceder al sacerdocio con los mismo derechos que el hombre Al Papa le duele la decisión; pero tiene que tomarla La basa en ocho razones:
1 La tradición de la Iglesia es que nunca ha ordenado mujeres Por tanto, no las puede ordenar ahora, ni en el futuro
2 El contexto sociocultural del pasado, por el cual no se ordenaron mujeres, y que no es el nuestro, no tiene nada que ver; porque nadie puede probar que ése fuera el único motivo para negarles la ordenación Al contrario, se les negó por fidelidad al tipo de ministerio querido por Jesucristo
2 Jesucristo reivindicó los derechos y la igualdad de las mujeres Y, sin embargo, no ordenó a ninguna mujer, ni siquiera a su propia madre
4 Tampoco los apóstoles ordenaron a ninguna mujer Rompieron con otras prácticas mosaicas, pero no con ésa
5 No es cierto que eso se explique por el ambiente, la época, la cultura y las costumbres; porque Jesucristo rompió con los prejuicios de su época, pero no ordenó mujeres cuando los apóstoles se trasladaron al ambiente griego, donde no había discriminación contra la mujer, tampoco ordenaron mujeres Las prescripciones de San Pablo contra la mujer hoy son caducas, pero no la de la ordenación; porque San Pablo nos dejó uno de los textos más vigorosos sobre la igualdad fundamental entre el hombre y la mujer
6 La Iglesia tiene poder para intervenir en los símbolos y en las condiciones de administración de los sacramentos y para adaptarlas a las civilizaciones y a las épocas, porque son simples opciones históricas que se pueden sustituir por otras En la autoridad de la Iglesia que decide lo que se ha de cambiar y lo que no Y, en el caso de la ordenación de las mujeres, decide que no puede haber cambios
7 El sacerdocio ocupa el puesto de Cristo, hace sus veces y lo representa Y, puesto que Cristo fue hombre, no lo puede representar una mujer, porque la semejanza no sería natural La Iglesia considera que Cristo es su esposo, y no podría ser su esposo una mujer El sacerdote también representa a la Iglesia, lo que no podría hacer una mujer, porque la Iglesia representa a Cristo, que es hombre
8 La Iglesia, en su naturaleza y en sus estructuras, es sobrenatural, y las ciencias humanas no pueden aportar nada a lo sobrenatural El sacerdocio no tiene que ver con la igualdad de hombre y mujer, sino con la autenticidad de la Iglesia; porque hace participar en el poder de gobierno, y el poder viene del Espíritu Santo, que sólo se lo da a los hombres La Iglesia es un cuerpo diferenciado, y las funciones no se deben confundir Lo más grande, en la Iglesia, son caridad y santidad, y a esa función están llamadas las mujeres, no al poder ni al ministerio, que son funciones masculinas Dar a las mujeres el sacerdocio les impedirá su función de santidad y de caridad La función femenina, distinta de la sacerdotal, es humanizar a la sociedad El sacerdocio es exclusivamente masculino
Esta es la argumentación del documento papal, que los expertos rechazan como inadmisible Pero tanto sus críticas, como la ola crítica general con que fue recibido el documento, como ciertas formas de lucha feminista, obligaron al Papa a decir que el problema se había vuelto fastidioso y a reafirmar categóricamente que fue el mismo Cristo —ese es precisamente lo que no aceptan los expertos— quién instruyó la norma, en su constitución fundamental de la Iglesia y en su antropología teológica

Comentarios