Sicilia a Peña: es frío, sin compasión

MÉXICO, D.F. (apro).- “Tus credenciales de presentación (para este proceso electoral) son la represión y el asesinato”, espetó Trinidad Ramírez al candidato del PRI Enrique Peña Nieto; le siguió José Carlos Castró: “Su partido encarna la represión en 20 estados donde gobierna”; y el poeta Javier Sicilia remató: “Me preocupa porque no escucho una palabra de compasión, de dolor. Su discurso, es muy frío y no le dio respuesta a las víctimas”.
Integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se reunieron durante hora y media con el candidato priista en el Alcázar de Chapultepec; ahí, Sicilia le dijo que los gastos de su campaña son “desvergonzantes”, que en su partido hay gente que muchos quisieran o verlos fuera o verlos en la cárcel como al exgobernador de Puebla, Mario Marín, o el de Oaxaca, Ulises Ruiz.
El candidato priista recibió estoico los señalamientos y calificativos, como por ejemplo cuando Javier Sicilia lo llamó “soberbio” o cuando le dijo que “para muchos, usted representa el regreso al pasado, el regreso a la corrupción, la imposición de la Presidencia”.
Luego, enumeró: “Ahí esta la manipulación mediática, los estudiantes de la Ibero y la represión en (San Salvador) Atenco.
El único momento en que el rostro de Peña Nieto adquirió un tono colorado fue cuando Trinidad Ramírez, esposa de Ignacio del Valle, líder del Frente en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, le dijo con voz firme: “Siendo gobernador del Estado de México, ordenaste el operativo policíaco contra nuestro pueblo. La violencia, tu gobierno la provocó.”
Pedro Joaquín Coldwel, presidente nacional el PRI, pareció hundirse en su silla en tanto que a Peña Nieto le iba subiendo el tono de piel, a la vez que Trinidad Ramírez le reclamaba: “No fue fortuito el operativo, fue venganza al pueblo que se defendió para que no le quitarán sus tierras y construyeran un aeropuerto.”
Siguió: “Hubo torturas sexuales a mujeres, asesinaron a un niño de 14 años y a un estudiante de la UAM. Tú eres responsable de dos asesinatos y los abusos de una policía que tú creaste; fue un operativo de Estado. Y dices que la Corte lo avaló, cuando la Corte no la avaló y reconoció que hubo violaciones.”
Trinidad Ramírez tenía por fin frente a ella al exgobernador del Estado de México que aprobó el uso de la fuerza pública contra el pueblo de San Salvador Atenco. Le dijo que hubo esposas que durante cuatro años se quedaron sin sus maridos, sin sustento, pues fueron encarcelados. “No te importó el dolor y el sufrimiento, eso para ti es un trofeo.”
Los muertos, alzó la voz Trinidad, “los puso el pueblo y tú la represión; para justificarte la televisión puso la imagen de un policía muerto, pero nunca dijo que eso fue en reacción por el asesinato de los jóvenes, desde entonces se vio la alianza que tienes con la televisión. Ese es tu partido: gobiernos prepotentes y violentos”, remató.
Los reclamos no se detuvieron en Atenco, siguió José Carlos Castró quien le reclamó Peña Nieto que donde gobierna su partido, el PRI, hay desapariciones y falta de atención a las víctimas.
Puso su caso como ejemplo. Narró con la voz entrecortada que terminó en llanto, que el 6 de enero de 2011, a las dos de la mañana, ingresaron personas a su casa en Jalapa, y se llevaron a su mujer y dos de sus hijas. “Yo todos los días me preguntó: ¿estarán vivas?, ¿dónde están? Todos los días se muere lentamente por su ausencia, usted seguramente tiene hijos y no le gustaría que eso le pasara.”
Peña Nieto asintió y apretó la quijada cuando José Carlos Castro le dijo: “Busqué al gobernador de Veracruz, Javier Duarte, pero no hubo respuesta, fui a la policía y tampoco. MI esposa, señor Peña, apoyó a los candidatos de su partido y la dejaron sola. Esa, es su gente.”
Luego de escuchar a las víctimas y a sus familiares, el candidato del PRI sólo se atrevió a decir que está para escuchar a todos y ser incluyente en caso de ganar la Presidencia, pero también se comprometió a promulgar la Ley contra las Víctimas y a crear protocolos para el actuar de las policías, quienes deberán respetar los derechos humanos.
A todos los reclamos, a su persona, a su partido y a sus correligionarios, Peña Nieto no atinó a darles respuesta, lo único que pudo aceptar fue que en el caso Atenco “hubo excesos de las policías”.
Emilio Álvarez Icaza, también integrante del Movimiento, le corrigió: “No señor candidato, no hubo excesos de las corporaciones policíacos, hubo torturas, hubo violaciones sexuales, hubo asesinatos”.
Como Peña Nieto no respondió a las víctimas se centró en repetir su discurso, como si estuviera en un día de campaña electoral, el poeta Javier Sicialia no reparó en decirle lo que irradió:
“Me preocupa, no escucho a su corazón… escuché un discurso frío. Del viejo PRI que me aterra. No escucho piedad, compasión ni pedirle perdón a las víctimas cuando lo señalan a usted como responsable por el caso Atenco.
“Me preocupa que su partido haya sido el principal impulsor de la Ley de Seguridad Nacional para legalizar esta guerra que no queremos más. No oí piedad para las víctimas”, le reclamó Sicilia, y a medida que hablaba el poeta, el ojo izquierdo de Peña Nieto se le entrecerraba.

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