Kati Horna: Lo insólito en lo cotidiano

El pasado 19 de mayo se cumplieron 100 años del nacimiento de Kati Horna, la gran fotógrafa de origen húngaro que hizo suyo nuestro país, donde vivió 61 años, durante los cuales produjo una vasta y diversa obra. En ella caben tanto retratos de artistas e intelectuales como imágenes arquitectónicas. Pero su trabajo en el fotoperiodismo apenas comienza a ser valorado.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Discreta, modesta, trabajadora, poco amiga de figurar, Kati Horna, quien siempre se definió a sí misma como una “obrera de la fotografía”, llegó a México en 1939 de la mano de su marido, el pintor y escultor andaluz José Horna. Como tantos otros artistas e intelectuales tras la caída del régimen republicano en España, se acogieron al asilo que les brindó el gobierno del general Lázaro Cárdenas.

En diciembre de ese año, dos meses después de su llegada, comenzó a trabajar en Todo, la primera de las muchas revistas con las que colaboró a lo largo de su extensa vida. Su labor como fotorreportera apenas ha comenzado a recibir la atención crítica que merece. Habría que decir, en realidad, que su obra fotográfica, en su mayor parte (6 750 negativos) depositada en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), ha sido clasificada en ocho grandes apartados: retratos de artistas plásticos, arquitectos y edificaciones, artesanías y tradiciones populares, artes escénicas, retratos de músicos, retratos de escritores y periodistas, política, ciencias y humanidades, y reportajes varios.

Comenzó su aprendizaje a los 20 años, teniendo por maestros a dos extraordinarios compatriotas suyos: József Pécsi y Lázlo Moholy-Nagy. A los 21 comenzó su vida profesional en Berlín como asistente del fotógrafo alemán Simon Guttmann, fundador de la incipiente pero rápidamente prestigiosa casa Foto Servicio Alemán, que se distinguía por su interés en registrar la vida cotidiana –algo que marcaría su trabajo por el resto de la vida.

Apenas unos meses después el ascenso del nazismo la obligó a mudarse a París, donde entró en contacto con el surrealismo. Allí comenzó a desarrollar su capacidad de percibir lo insólito en lo cotidiano.

Su formación como fotógrafa marcha a la par que su formación política. En 1937, cuando el Ministerio de Propaganda Exterior del gobierno republicano le solicita que documente la lucha, es ya no sólo una antifascista, sino una anarquista convencida. Y es colaborando con una revista de ese credo, Umbral, como conoce a José Horna.

Una cuidada selección de las imágenes que captó en esa época en el frente de Aragón ha sido recogida en un libro que desafortunadamente no ha circulado en México: Kati Horna. Fotografías de la guerra civil española (1937-1938). Es el catálogo de la exposición del mismo nombre que se presentó en la Universidad de Salamanca hace 20 años.

En México, como recuerda la propia Kati Horna,1 algunas de esas imágenes se dieron a conocer en el suplemento La Cultura en México, de la revista Siempre!, gracias a José Emilio Pacheco, quien seleccionó las fotos y escribió un artículo.

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Antes de unirse a José Horna –a cuya obra también le debemos una mayor atención– el nombre de esta inteligente y valiente mujer era Kati Deutsch. Hija de un acaudalado banquero, Kati era una joven hermosa y muy rebelde que creció en la zona más rica de Budapest.

En su adolescencia conoció a un apuesto muchacho húngaro que, como ella, vivía en Budapest, sólo que al otro lado del río, en la menos que modesta zona industrial. El nombre de ese joven era Endre Ernö Friedmann y todos sus amigos lo llamaban Bandi (diminutivo de Endre). Se hicieron grandes amigos.

En el verano de 1930 Kati le dijo a Bandi que se sentía molesta con su familia y se iría en bicicleta a un centro vacacional en las colinas de Matra, al noroeste de Budapest, para acampar allí durante una semana.

Bandi le dijo a un amigo, Zoltan Kellerman, que no era posible dejarla ir sola y al día siguiente ambos alcanzaron a su amiga. Los tres pusieron una tienda de campaña a la orilla de un río y pasaron allí una semana.

Kati y Bandi se interesaron en la fotografía al mismo tiempo. Mientras Kati estudiaba en el taller de József Pécsi, Bandi aprendía a manejar la cámara con una amiga que ahora es considerada como decisiva en su formación: Eva Marianna Besnyö, cuyo trabajo es también cada vez más reconocido.

Bandi se convertiría pocos años más tarde en Robert Capa, uno de los más renombrados reporteros gráficos de la historia, especialmente célebre por las imágenes que capturó a lo largo de 18 años en diversos frentes de guerra, así como por su sonado romance con una de las más hermosas estrellas de cine de entonces: Ingrid Bergman.

Kati Horna y Robert Capa mantendrían toda la vida la amistad que los unió de jóvenes –Nora Horna, hija de Kati, le señaló a la periodista inglesa Joanna Moorhead que Capa nunca dejó de sentirse atraído por Kati, y que siempre hubo entre ambos un vínculo afectivo muy poderoso.2

Kati y Capa se reunieron varias veces entre abril y junio de 1940, cuando él tuvo que salir de los Estados Unidos, donde trabajaba para la revista Life, porque su visa de entrada expiró y migración se negó a renovarla dada la evidente simpatía del fotógrafo hacia la izquierda. Mientras se resolvía el trámite para obtener su residencia, Life lo envío a México por varios meses para que cubriera las elecciones presidenciales que se disputaban los generales Manuel Ávila Camacho y Juan Andrew Almazán –una comisión que por sí sola daría pie a otro relato.

El 14 de junio el ejército alemán entró a París. Capa le dijo a Kati que era la peor noticia que había escuchado y entristeció tanto que le comentó que estaba harto de su trabajo, que quería sentar cabeza y tener doce hijos.3

“Pero mi madre –le dijo Norah a Moorhead–, sólo sonrió, porque entonces ya no estaba disponible. Para ese momento era la compañera de mi padre.”

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A raíz de los 100 años del natalicio de Kati Horna la Universidad de Salamanca repuso la exposición que se montó en 1992 –concluyó, precisamente, este domingo 3 de junio-. Ojalá que en México algún museo presente, aprovechando el espléndido legado adquirido por el Cenidiap, una muestra de veras muy amplia de su trabajo. (Ha habido algunas muy bien puestas, pero insuficientes para apreciar cabalmente la riqueza de su trabajo, como Los sentidos de las cosas: el mundo de José y Kati Horna, realizada en 2003.) Es increíble que ella haya vivido entre nosotros tantos años y su obra sea, aun el día de hoy, muy poco conocida fuera de los circuitos especializados en el estudio y conservación de la fotografía.

La participación de Kati Horna en la vida cultural mexicana fue inmensa. No sólo a través de su estupendo trabajo en revistas como Todo, Nosotros o Mujeres, sino también en la Revista de la Universidad de México, de 1958 a 1964 (la época en que la dirigía Jaime García Terrés), o S.nob, la divertidísima y efímera publicación que dirigiera el narrador Salvador Elizondo en 1962.

Aunque, con su habitual reticencia, Kati Horna le dijo a Manuel García: “Yo siempre he hecho muy a gusto mi trabajo como colaboradora de prensa. Nunca he tenido pretensiones culturales. Posiblemente me consideran surrealista porque era amiga de los surrealistas mexicanos, pero yo no era surrealista.” No cabe duda de que sus afinidades estéticas y políticas la hacían cercana a Leonora Carrington, Remedios Varo, Benjamín Péret, Wolfgang Paalen y otros artistas surrealistas que llegaron a México empujados por la Segunda Guerra Mundial.

Por fortuna hay cada vez más trabajos en torno a la vida y la obra de Kati Horna. Hay que limitarse a señalar solamente los nombres de las autoras de los más importantes, con la certeza de que el lector los podrá encontrar a partir de ellos: las mexicanas Alicia Sánchez Mejorada, Emma Cecilia García Krinsky y la italiana Lisa Pelizzon.

 

1 Kati Horna en entrevista con Manuel García, revista Lápiz, número 173; Madrid, mayo de 2001, pp. 67-71.

2 Joanna Moorhead: “The woman who captured Robert Capa’s heart” (“La mujer que capturó el corazón de Robert Capa”), diario The Independent, Londres; 13 de junio de 2010, pp. 47-49.

3 Richard Whelan, Robert Capa: A Biography; Alfred Knopf, 1994, 341 p.

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