“Europa no viene a recibir lecciones”, advierte la UE al G-20

LOS CABOS (apro).- Por lo menos en su prolegómenos, la cumbre de líderes del G-20, que se desarrolla en esta zona semidesértica de Baja California Sur, ha sido intensa, casi febril, pero también muy poco tersa.
Los líderes del G-20 –que así se llama a presidentes, jefes de Estado y primeros ministros de los ocho países más industrializados, los 11 emergentes de mejor desempeño económico y siete países invitados– terminaron de llegar el domingo 17.
Pero desde el sábado 16, y el propio domingo durante el día, en el que trabajaron intensamente los viceministros (subsecretarios en México) y ministros de Finanzas, Economía, Turismo y Trabajo, así como los gobernadores de bancos centrales, se intuía que no iba a ser una reunión precisamente tranquila.
Ni siquiera porque todo mundo coincidió en expresar entusiasmo por el triunfo del partido conservador Nueva Democracia en las elecciones dominicales de Grecia, que diluyó los crecientes temores de un posible abandono del euro, por parte de ese país, lo que hubiera traído consecuencias funestas para la economía de todo el mundo, empezando por Europa.
Eso, aquí en Los Cabos, fue un respiro para los asistentes, pues que Grecia se mantenga en el euro le quita una de las principales presiones a los trabajos del G-20.
El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, dijo que esa era una buena noticia, en el sentido de que se va a seguir avanzando en el fortalecimiento gradual de Europa. Los mercados, dijo, reflejarán pronto –con un desempeño accionario positivo– esa noticia.
Pero Europa es, justamente, lo que ha traído las principales desavenencias en esta cumbre. De hecho, los presidentes de los países europeos llegan a Los Cabos sin resolver sus diferencias.
Además de que son muchos los mandatarios de otras latitudes que acusan a Europa de tener al mundo en la incertidumbre económica, por sus respuestas tardías y de poco alcance a las crisis que cada uno vive.
Un primer personaje que la emprendió contra Europa y en particular contra España, fue Robert Zoellick, el presidente del Banco Mundial (BM).
El domingo, en un foro en el que participó junto a Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), y José Angel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Zoellick denunció la lentitud y poca eficacia con la que los europeos han enfrentado sus crisis.
Pero lo que le pareció “alucinante” fue que España haya recibido de fondos europeos la escalofriante suma de 100 mil millones de euros para enderezar su sistema bancario, y que el hecho lo hayan tomado como negativo los mercados, que se fueron en picada al conocerse ese rescate.
Lo que pasó con esa ayuda, dijo Zoellick –quien el próximo mes deja el cargo–, es la ausencia de detalles, las letras chiquitas de los contratos. “Nadie sabe de dónde va a salir el dinero, si de fondos temporales o de fondos permanentes de rescate, o qué efecto tendrá en la deuda pública española”.
Esa falta de detalles son siempre castigados por los inversionistas, que no arriesgan su dinero si no tienen certeza absoluta de todo lo convenido.
Lagarde y Gurría fueron más diplomáticos. España y Europa tendrán capacidad para echar a andar los programas convenidos, dijo la primera. El segundo confió en que España podrá recapitalizar a sus bancos, pues en cuanto reciba el dinero, sin duda se reducirá la presión sobre su prima de riesgo.
Total, que una de las principales expectativas en la cumbre presidencial, que se inició pasadas las tres de la tarde locales –pero de la que no se supo, pues no hubo imágenes ni audio para la gran mayoría de los cientos de periodistas presentes– es la situación europea.
O como dijo el presidente del BM: “Estamos esperando a que Europa nos diga qué va a hacer”.
Y los europeos respondieron este lunes 18. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea (CE), y Herman Van Rumpuy, presidente del Consejo Europeo, alzaron fuerte la voz, en conferencia de prensa:
“Europa no viene a este encuentro del G-20 en México a recibir lecciones de democracia o de cómo manejar la economía. Francamente no”, dijo Barroso cuando se le preguntó sobre la credibilidad de la Unión Europea (UE).
Por cierto, dijo el portugués, ni la crisis económica se originó en Europa ni todos los que están aquí (miembros del G-20) son democráticos.
Claro, no detalló.
“La crisis económica –dijo– se originó en América del Norte, y buena parte de nuestro sistema financiero se vio contaminado por prácticas poco ortodoxas de algunos sectores del mercado financiero”.
Y exigió que los líderes del G-20 hablen claramente a favor de cómo Europa está enfocando la crisis.
Es decir, Europa llega a la cumbre denostada, acusada de seguir generando incertidumbre, pero bien plantada en cuanto a sus responsabilidades, exigencias y planteamiento de soluciones.
Pero Europa no es una sola, única y unificada. Alemania se sale de rango y aparece enfrentada a sus pares. Ha sido un país exitoso en términos de su disciplina fiscal y de bienestar para su población.
No por nada es el país europeo con la economía más fuerte y sólida; la que domina la escena y dicta derroteros a sus pares, a los que igualmente exige disciplina.
Gurría definió así a Alemania –el sábado–, a la que acusan los otros países europeos de obligarlos a imprimir salvajes ajustes fiscales, con el absoluto rechazo de sus poblaciones, que ven mermadas sus condiciones de vida:
“Alemania es un caso de mucho éxito, Alemania tiene hoy menos desempleo que antes de la crisis, y no tiene problema de desempleo juvenil, ¿por qué? Porque en Alemania hay una cultura de colaboración entre las empresas, los sindicatos y el gobierno, que permitió hacerle frente a la crisis y que, inclusive, durante la crisis no se haya agudizado el desempleo, como pasó en otras partes.
“Alemania además tomó muchas decisiones muy importantes en sus políticas laborales antes de la crisis y eso permitió que cuando llegó la crisis, por cierto también de tipo fiscal, de tipo presupuestal, que cuando llegó la crisis estuvieran mejor preparados.”
Por eso, sugirió, la autoridad moral de Alemania para insistirle a sus pares la urgencia de la disciplina fiscal de todos.
Antes del inicio de los trabajos formales de la cumbre de líderes, los presidentes se dieron tiempo para realizar encuentros bilaterales o trilaterales para los temas que cada quien trae y llegar a acuerdos.
Se supo de las reuniones del estadunidense Barack Obama y el ruso Vladimir Putin, y de muchas otras bilaterales –las del mexicano Felipe Calderón con el propio Obama, o con la alemana Angela Merkel, los presidentes de China y Japón y otros–, pero poco trascendió de la que era más esperada, que fue la de Merkel con su pares Francois Hollande, de Francia, Mariano Rajoy de España, y Mario Monti de Italia.

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