El milagro no llegó

Con la ventajosa exposición mediática en la campaña interna del PAN y utilizando políticamente los programas sociales que operó como secretaria de Desarrollo Social y de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota arrancó la campaña en el segundo lugar de las encuestas. Su conducción errática la llevó a perder ese puesto por mucho, y con ella arrastró a su partido. Necesitaba un milagro, dijo Vicente Fox en su papel de porrista de Peña Nieto. La candidata se tuvo fe, pero millones de ciudadanos no la tuvieron en ella.

Josefina Vázquez Mota proclama que la suya “no es una derrota”, pero los números acreditan exactamente lo contrario: un nítido tercer lugar, al cabo de una campaña en la que nada le funcionó.

Ni los “golpes de timón” en su equipo, a una semana de iniciada la campaña y a la mitad. Ni la estrategia de presentarse como ganadora de los debates. Ni la “guerra sucia” contra Andrés Manuel López Obrador.

Tampoco le resultó encomendarse a la Virgen de San Juan de los Lagos el lunes 11, un día después del segundo debate. Ni la misa en la Basílica de Guadalupe un día antes de la elección.

Nada: el “milagro” del que habló Vicente Fox para que ganara –y en el que ella creyó– no le fue concedido.

Desde del mediodía del 1 de julio Vázquez Mota lo supo: se desplomaría hasta el tercer lugar y con ella se ponía fin al ciclo de gobierno del PAN.

La encuesta de salida de las 13 horas, levantada por Rafael Giménez, coordinador de estrategia de su campaña, marcaba 39 puntos para el priista Enrique Peña Nieto, seguido de Andrés Manuel López Obrador y luego Vázquez Mota.

Las tendencias sólo se consolidaron en el curso del día y desvanecieron la fantasía que el PAN ofreció: obtener 22 millones de votos para Vázquez Mota, pero, conforme a los avances de los resultados oficiales, logrará menos de los 15 millones de Felipe Calderón en 2006.

Y es que, con el lastre de los gobiernos de Calderón y Vicente Fox –el presidente de la alternancia converso al priismo de Peña Nieto–, la campaña de Vázquez Mota fue un caos de principio a fin, literalmente de estadio a estadio: desde que se vació el Azul en su toma de protesta, el 11 de marzo, hasta el cierre de su campaña en el Omnilife, en Zapopan, el miércoles 27, donde Calderón coronó su estrategia anticrimen con el fiasco de la captura del falso hijo de Joaquín El Chapo Guzmán.

Y el remate esa noche: la propuesta de hacer procurador general de la República a Calderón si ganaba la elección, que nadie de su equipo de campaña conocía hasta entonces.

Se enteraron después que el propio Calderón le hizo la sugerencia a Vázquez Mota a través de Margarita Zavala, quien la acompañó en el vuelo de la Ciudad de México a Guadalajara ese miércoles. El tercer traslado en avión comercial en toda la campaña.

El nombramiento de Calderón como procurador del hipotético gobierno de la panista desalentó votos, según miembros del equipo de campaña, porque fue una ofensa para las víctimas de la “guerra” al crimen organizado que, como en 2009, fue sometida a referéndum y que representó la peor derrota del PAN hasta entonces.

 

“Tu historia no termina”

 

Vázquez Mota quedó en tercer lugar luego de que en febrero, cuando ganó la candidatura presidencial, la mayoría de las encuestas la colocaban en segundo lugar y, como ella decía, con una tendencia al alza.

Todavía en el cierre de su campaña en la Plaza México alegó que estaba a dos puntos de Peña Nieto, pero al día siguiente aseguró que la distancia era de cinco. Conforme a las tendencias oficiales, con las que ella reconoció su derrota, jamás hubo tal proximidad.

Sin embargo, el repudio social a ella y al PAN se tradujo también en otras derrotas en enclaves del PAN: en Jalisco, donde gobernaba desde 1995, y en Morelos, con dos sexenios, se derrumbó al tercer lugar, y en el Distrito Federal, según resultados preliminares, perdió absolutamente todo.

El PAN no fue capaz, además, de recuperar Yucatán, la gubernatura perdida en 2007 con la que Calderón inauguró un sexenio de derrotas, ni Guadalajara –donde postuló al exgobernador Alberto Cárdenas–, ni Morelia, Michoacán, donde el año pasado Luisa María Calderón también fue vencida.

Aunque en Nuevo León el PAN refrendó triunfos, en el Estado de México no recuperó ninguno de sus enclaves. Y en Tabasco sigue siendo una fuerza marginal. Pese a los malos resultados para su partido y para ella, Vázquez Mota anunció, la noche misma de su derrota, que se mantendrá activa:

“Con el liderazgo que hoy me dan los millones de ciudadanos que votaron por mí, por el Partido Acción Nacional, por una propuesta ciudadana y de libertad, estaré vigilante con toda la fuerza y con todo el poder que me dan los millones de votos que se cristalicen las reformas estructurales que requiere el país y de impedir el retorno del autoritarismo, el imperio de la corrupción, de la impunidad y de la rendición frente al crimen organizado”.

Y ante los gritos de simpatizantes jóvenes –“Josefina, tu historia no termina”–, Vázquez Mota pareció perfilar su eventual búsqueda de la presidencia de su partido: “Cada quien tendrá que hacerse una valoración profunda de lo que hizo y de lo que se dejó de hacer. El partido está obligado a rencontrar su origen ciudadano y a transformarse como institución con vocación de gobierno”.

La fortaleza que la aspirante panista exhibió la noche de su derrota contrasta con el desvanecimiento que sufrió al tercer día de iniciada la campaña, el 2 de abril, y que fue un mal presagio. A esa imagen de fragilidad, que evidenció su padecimiento de presión baja, se sumó el desaguisado en Tres Marías, el día 5, cuando fue echada de un restaurante de quesadillas.

Ya habían reclamado haber llamado “monstruo” a la UNAM y haber dicho que no era perfecta por haber estudiado en la Universidad Iberoamericana; luego tuvo que cancelar un acto en el World Trade Center por las protestas de trabajadores de Mexicana de Aviación.

En Teziutlán, Puebla, tierra de sus ancestros, tuvo un lapsus al prometer que fortalecería el lavado de dinero y jamás pudo superar los conflictos internos de su partido, sobre todo en estados clave como Chihuahua, Coahuila y Veracruz.

A la anarquía y los pleitos en su equipo se sumaron la lejanía del PAN, los conflictos internos en varias entidades y el lastre que representaron los gobiernos de Fox y Calderón –de los que ella formó parte–, a lo que obedeció el lema de “Josefina diferente”.

Sin embargo, jamás s propuso un deslinde de Calderón, pese al desempleo, la carestía, la violencia, los más de 60 mil muertos de la guerra antinarco y los miles de desaparecidos.

El diputado federal Alberto Pérez Cuevas, su principal operador político, declaró al reportero que la candidata ponderaría lo que se ha hecho bien y lo que falta por hacer.

–¿Ruptura no?

–No puede haber ruptura porque eso es confrontación y donde de plano hay elementos irreconciliables. Yo no observo eso. Somos militantes de un mismo partido, tenemos una visión sobre una misma plataforma; hay puntos de coincidencia total que se han manejado muy bien y hay otros en los que no. Pero el proyecto hoy es de Josefina.

Y más allá de la estrategia de imagen, encomendada al guanajuatense Julio di Bella, auxiliado entre otros publicistas por Pedro Torres –el productor del reality Big Brother– y con Antonio Solá a la sombra, Vázquez Mota inició su campaña sin un equipo de campaña sólido.

Detrás de los cambios repentinos de agenda, giras, logística, impuntualidad y equívocos de ella y sus colaboradores –como referirse al Premio Nobel “de la Paz” Mario Vargas Llosa o decir “Huejutla, Chiapas”–, siempre hubo un problema mayor: la desarticulación y pleitos en su equipo de campaña, cuyo coordinador fue Roberto Gil Zuarth, futuro senador.

Al inicio de la campaña Gil Zuarth no tenía comunicación prácticamente con nadie y eran conocidas sus diferencias con Daniel Hernández Franco, el estratega de Vázquez Mota desde que era secretaria de Desarrollo Social, aunque también con Pérez Cuevas.

De Gil Zuarth dependía formalmente toda la estructura, incluyendo la que resultó del “golpe de timón” que dio Vázquez Mota cuando designó a dos coordinadores generales adjuntos: Rafael Giménez, encuestólogo de la Presidencia de la República, y Octavio Aguilar Valenzuela, quien fue oficial mayor de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) cuando ella fue la titular.

Vázquez Mota incorporó a su equipo a personajes que trabajaron con ella en la Sedesol: Rogelio Gómez Hermosillo, excoordinador del programa Oportunidades, y Miguel Székely Pardo, exsubsecretario de esa secretaría y de Educación Pública.

Luego vendría la designación como vocero de Juan Ignacio Zavala, cuñado de Calderón, y la incorporación de Maximiliano Cortázar al equipo de comunicación social encabezado por Irma Pía González Luna.

 

“Estoy dispuesta a todo”

 

Aunque Vázquez Mota hizo rectificar a Fox en su vaticinio del triunfo de Peña Nieto y consideró un “milagro” el respaldo que le dio en una breve reunión, en Monterrey, el miércoles 25, la deserción de Francisco Ramírez Acuña de su equipo para irse como embajador a España representó otra mala señal política.

Lo mismo con Gustavo Madero, presidente del PAN, quien regresó al Senado y en raras ocasiones acompañó a la candidata en sus recorridos, como no lo hicieron durante la primera etapa de la campaña sus rivales en la contienda interna, Ernesto Cordero y Santiago Creel, formalmente incorporados al equipo de campaña.

Otro mal signo: los voceros, que proliferaron al inicio de la campaña, se esfumaron. Los poblanos Augusta Valentina Díaz de Rivera y Javier Lozano Alarcón, candidatos a senadores de Puebla –que al final perdieron –, el exsubsecretario Juan Marcos Gutiérrez, el diputado Alberto Pérez Cuevas y hasta el propio Madero.

Sólo en vísperas de vencerse el primer tercio de la campaña, Madero dejó su oficina para salir a la calle y “volantear” un rato junto con la secretaria general, Cecilia Romero. Lo hizo en dos ocasiones más.

Afuerita de la sede nacional del PAN, Madero aprovechó para decir que la campaña avanzaba: “Vamos bien, vamos cada día mejorando, estamos cerrando filas. Estos rollos que están tirando de que nos estamos haciendo a un lado es (sic) puras piñas”.

Así, acompañada sólo por sus custodios del Estado Mayor Presidencial y un puñado de colaboradores y ujieres que le procuraban continuos cambios de atuendo, Vázquez Mota recorrió los estados del país, donde las divisiones y los conflictos en el PAN no cesaban.

Madero minimizó también la distancia que Vázquez Mota puso con Juan Molinar Horcasitas, luego de que fue interpelada por Héctor Mateos Urbina, estudiante del Instituto Tecnológico de Monterrey: “Aquí no hay fracturas, cualquier señalamiento de las gentes, que tengan cualquier impugnación, se resuelve en los tribunales”.

Sin embargo, solitaria, tensa y errática, con un equipo desarticulado y dividido pese al “golpe de timón” que sumó a incondicionales de Calderón, Vázquez Mota deambulaba por el país.

Se anticipaba el naufragio. Esa percepción no provenía sólo de sus opositores, sino de sus propios simpatizantes y aliados, que al cumplirse el primer tercio de la campaña presidencial y en vísperas del primer debate, el 6 de mayo, veían con desasosiego que Vázquez Mota no levantaba.

Varios empresarios así se lo manifestaron directamente, en una reunión privada, la mañana del lunes 23 de abril, con el Consejo Superior de la Universidad Panamericana, alma mater de Peña Nieto, y con el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE), del que ella es egresada.

“La campaña no está reflejando lo que tú eres”, le dijo uno. “Quiero insistir en lo light que se ve la campaña, desde el eslogan”, le hizo notar otro. “Estoy muy preocupado también por tu campaña”, se sumó uno más, y la única mujer que habló –su admiradora como el resto de los participantes– le advirtió: “La tienes muy difícil, Josefina, la mayor de mis bendiciones, la mayor de mis oraciones”.

Al final de la sesión de preguntas, cuya videograbación íntegra obtuvo Proceso, tomó la palabra el dueño del Grupo Radio Fórmula, Rogerio Azcárraga, a quien ella previamente había agradecido, “acá entre nos, todas las entrevistas de radio que siempre me da y que me permiten hablar con millones de mexicanos”.

El empresario, fundador del IPADE, fue lapidario: “Todos ellos te dijeron un poco de la verdad: la campaña, por un motivo u otro, no está dando resultados”.

Frente a Alfonso Bolio Arciniega, rector general de la UP y del IPADE –instituciones regidas por la congregación católica Opus Dei–, Vázquez Mota escuchó las recomendaciones, incluida una que le propuso ser “tecnosexual” para establecer contacto con los jóvenes.

–Yo estoy dispuesta a todo, ¿eh?, con tal de ganar. Bueno, casi todo. Ya rectifico frente al doctor Bolio, casi todo. Pero sí, díganme cómo y de verdad.

Ya nada le alcanzó. Se hundió en el tercer lugar…

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Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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