La estrategia de la reconciliación, insuficiente

En su balance del proceso electoral, los colaboradores de Andrés Manuel López Obrador señalan que el tabasqueño supo acercarse a los empresarios y el clero, interlocutores a los que desdeñó en 2006. Para el coordinador de la campaña presidencial del Movimiento Progresista, Ricardo Monreal, AMLO conquistó el norte y esboza la forma en que lo logró, mientras que el propio candidato se ufana del entusiasmo que generó entre los estudiantes, ese otro sector que ninguneó en 2006.  Hasta la madrugada del lunes 2, todo esto aparecía como insuficiente…

La diferencia entre la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2006 con la de ahora es que supo reconciliarse con algunos empresarios, las asociaciones religiosas y atraer a gran parte de los jóvenes de escuelas públicas y privadas que desdeñó hace seis años.

Además de sus actos en plazas públicas, el candidato del Movimiento Progresista organizó reuniones temáticas con sus colaboradores y contrastó las propuestas de sus adversarios con la suya. Para su coordinador de campaña, Ricardo Monreal, las entidades “estratégicas y prioritarias” fueron: Jalisco, Nuevo León, Puebla, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora y Baja California. Esta última, asegura, “fue una revelación”.

En Tijuana, además, hubo sorpresa el 1 de mayo, cuando, terminado el mitin de López Obrador, apareció un joven greñudo y con barba que ese día vistió de amarillo y se proclamó lopezobradorista. Dijo que se llamaba César, al final se supo que era hijo del exalcalde Jorge Hank Rhon y nieto de Carlos Hank González, fundador del Grupo Atlacomulco, que toma el nombre del municipio del cual es oriundo el priista Enrique Peña Nieto.

En suma, según sus colaboradores, López Obrador supo conquistar a los norteños.

Al parecer, no fue suficiente…

En lo concerniente al centro y el sureste del país, donde goza de amplias simpatías, el tabasqueño se dedicó a afianzar sus “bastiones históricos”. Comenzó por el Distrito Federal y siguió con Tlaxcala, Morelos, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Puebla, que se convirtió en un nuevo baluarte. Así lo consideran sus operadores de campaña, luego de que el mitin del 16 de junio en esa entidad congregó a 35 mil personas en el estadio Hermanos Serdán. Ahí, López Obrador habló del plan de los priistas para comprar el voto a favor de Peña Nieto.

Además, de acuerdo con el mapa electoral elaborado por el movimiento que lo postula, López Obrador convenció a muchos jóvenes indecisos de Veracruz, Puebla, Nuevo León, Estado de México, Jalisco y el Distrito Federal.

En las dos últimas entidades muchos estudiantes se organizaron en torno a los movimientos #YoSoy132 y #Masde131, incluso se manifestaron en las calles para expresar descontento por la “imposición” de Peña Nieto como presidente con el apoyo de Televisa. En esos estados se concentran 35.4 millones de votantes, que representan 44.6% de la votación nacional.

El 16 de junio miles de personas atiborraron la Alameda en la ciudad de Oaxaca –la tierra de Benito Juárez, “el mejor presidente de México”, según López Obrador– para oír al tabasqueño.

El candidato de las izquierdas relató que durante su tercera etapa de campaña realizó 10 recorridos por igual número de entidades en sólo cinco días y llegó a la conclusión de que ganará la Presidencia como lo hizo en 2006:

“Mi conclusión es que si ganamos el norte, ya ganamos el sureste”, destacó, incluso celebró el apoyo de miles de simpatizantes y les pidió dar “el último jalón”, haciendo campaña en su favor.

Para Ricardo Monreal, el centro y el norte del país son el eje central del proselitismo a favor de la izquierda, precisamente ahí donde ésta no tenía presencia ni ha gobernado. Y mencionó la región de La Laguna, Monterrey, Sinaloa, Baja California y Chihuahua, donde López Obrador no quiso ir en 2006 pero, dice, en los últimos tres años la ha visitado en diversas ocasiones.

En la última etapa de campaña, López Obrador pidió a sus simpatizantes tres cosas: cuidar el voto para evitar un fraude, convencer por lo menos a cinco personas para que salgan a sufragar y confiar en el proyecto de la izquierda y seguir haciendo campaña.

 

El “defectuoso”

 

En la Ciudad de México, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) tiene asegurado el triunfo de su candidato a jefe de Gobierno: Miguel Ángel Mancera Espinosa. A ello se debe que sus brigadistas no se concentraron en la capital del país.

Optaron, más bien, por trasladarse al Estado de México, junto con miembros del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), coordinados en esa circunscripción por Patricia Patiño Fierro.

Tras 90 días de campaña electoral, el cierre en el Zócalo capitalino el 27 de junio fue inusitado. Después de la manifestación contra el desafuero, ésta fue la marcha más grande que se ha registrado en los últimos tiempos en la capital del país y reunió a decenas de miles de personas. Superó incluso las marchas multitudinarias de 2005, cuando López Obrador enfrentó el desafuero, y en 2006, durante el conflicto poselectoral.

En el cierre de actividades proselitistas, el propio candidato del Movimiento Progresista admitió que en esta ocasión fueron los muchachos los que dieron un vuelco a su campaña presidencial. En cada capital que visitó, López Obrador exclamó: “¡Qué vivan los jóvenes!”.

Y éstos le respondían cada vez con más presencia en sus eventos. Entre los tuiteros, uno de ellos –Jorge– llamó la atención el 27 de junio. Esperó más de dos horas en el cruce de Reforma y avenida Juárez a que pasara el candidato. Llevaba una cartulina blanca con una leyenda:

“En 2005 tenía 10 años y marché contra el desafuero. En 2006 tenía 12 y me planté en Reforma contra el fraude. En 2012 cumplí 18 años y voy a votar por primera vez. ¡Te doy mi voto!”

Mientras López Obrador marchaba junto a su familia, acompañado por los empresarios Alfonso Romo y Miguel Torruco –el consuegro de Carlos Slim y a quien el candidato invitó a que colabore con él en la Secretaría de Turismo, si gana las elecciones–, el Zócalo se desbordaba. Los simpatizantes esperaron la llegada del tabasqueño durante casi tres horas.

En el trayecto, Cuauhtémoc Cárdenas, a quien el tabasqueño propuso para dirigir Pemex, y su hijo Lázaro Cárdenas Batel, exgobernador de Michoacán, se integraron a la marcha. Una calle antes de la glorieta de Colón ambos dejaron al contingente, pese a los gritos de la gente para que no claudicara.

A los Cárdenas ya no se les vio en el mitin del Zócalo. Terminó el evento y aun seguían llegando más jóvenes. Muchos gritaban: “¡No más fraude! ¡No más fraude!”.

 

En terruños de Peña Nieto

 

El 6 de junio, López Obrador visitó Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Faltaban 25 días de la elección presidencial y comenzó la reedición de la guerra sucia en su contra, como la de 2006.

Ahí pidió a sus seguidores no creer en las críticas para manchar su imagen ni poner a la venta su voto por “migajas” regaladas por priistas y panistas como “patos, pollos, borregos, marranos…”.

López Obrador destacó la importancia de ganar la elección presidencial con un amplio margen para evitar un conflicto poselectoral que, dijo, esta vez promueven sus adversarios.

Esa tarde estuvo acompañado del candidato al Senado por el PRD, Alejandro Encinas, quien recordó que los gobiernos priistas mexiquenses construyeron el Hospital General de Zumpango por el que pagarán 300 millones de pesos al año con los impuestos de los mexiquenses durante 25 años a la misma empresa a la cual Peña Nieto concesionó el segundo piso del Periférico. “Con ese dinero –dijo– en el Distrito Federal se construyeron 20 hospitales”.

La noche del 6 de junio acudió a Televisa, donde participó en el programa Tercer Grado. En ese espacio aseguró que estaba dos puntos arriba de Peña Nieto, según una encuesta elaborada por su equipo, aunque no reveló el nombre de la encuestadora. Asimismo rechazó perseguir al panista Felipe Calderón por los 60 mil muertos de su sexenio y adelantó que aceptará los resultados de la elección del domingo 1 de julio.

Los participantes: Denise Maerker, Víctor Trujillo, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva, Carlos Loret de Mola, Joaquín López Dóriga y Carlos Marín lo cuestionaron porque, dijeron, cómo era posible que si las encuestas le favorecían hablara de fraude, descalificara al IFE y mencionara incluso una segunda guerra sucia.

Cuatro días después, el candidato del Movimiento Progresista viajó a Guadalajara, donde participó en el segundo debate organizado por el Instituto Federal Electoral (IFE) entre los cuatro presidenciables.

López Obrador se concentró en la fortaleza de los integrantes de su gabinete, el combate a la corrupción y la austeridad. A diferencia del primer debate, evadió atacar a sus adversarios y se concentró en enlistar sus propuestas de campaña.

El tabasqueño mencionó que gobernará desde tres bandas: con el sector privado, el público y el social. Destacó que tiene la experiencia porque lo hizo como jefe de gobierno capitalino, al remodelar Paseo de la Reforma y el Centro Histórico de la Ciudad de México.

También enlistó a sus colaboradores, en caso de ganar la contienda: Marcelo Ebrard, en Gobernación; Rogelio Ramírez de la O, en Hacienda; Fernando Turner, en Desarrollo Económico; Javier Jiménez Espriú, en Comunicaciones; Juan Ramón de la Fuente, en Educación; René Drucker Colín, en Ciencia y Tecnología; Jorge Eduardo Navarrete, en Relaciones Exteriores, y José Agustín Ortiz Pinchetti, en Trabajo y Previsión Social.

Asimismo, Genaro Góngora sería el consejero Jurídico de la Presidencia de la República, Cuauhtémoc Cárdenas, director de Pemex, y Elena Poniatowska, en la nueva Secretaría de Cultura.

Al finalizar el debate, López Obrador, su familia y los invitados al debate fueron a la glorieta de Minerva para celebrar su “triunfo”.

“Tengo que reconocer que ha crecido la posibilidad de que ganemos la Presidencia por la decisión participativa de los jóvenes. El movimiento de jóvenes y estudiantes ha sido clave y fundamental, porque es un movimiento bueno, limpio, creativo, que está convertido en una vanguardia. Es el precipitador del cambio democrático en el país”, destacó.

 

El último jalón

 

Diez días antes de la elección, López Obrador arreció el llamado a sus simpatizantes a votar de manera masiva el domingo 1 de julio porque, dijo, con un amplio margen de votos se evitará el regreso del PRI a Los Pinos.

Antes del cierre en el Distrito Federal, Cuernavaca, Morelos, fue una revelación. Hace seis años López Obrador obtuvo el mínimo de votos en la tierra de Graco Ramírez, actual candidato del PRD a la gubernatura. Esa tarde, la Plaza de Armas estaba desbordada de gente que coreó: “¡Presidente! ¡Presidente!”.

“El movimiento ya prendió”, fue su respuesta.

Desde la primera etapa de su campaña, López Obrador extendió su mano franca no sólo a los pobres –por quienes hizo su campaña en 2006–, sino a otros estratos sociales; incluso la hizo extensiva a Televisa, aunque la reconciliación duró poco, por los compromisos de la televisora con el priista Enrique Peña Nieto.

“Se necesita un pacto entre empresarios y trabajadores. Estuve con obispos y evangelistas, a quienes les decía: ‘No quiero ser el juez, quiero ayudar a la reconciliación del Estado laico para que haya libertad de conciencia’”, resaltó López Obrador el 22 de abril en la capital nuevoleonesa.

La reconciliación de López Obrador con sus mayores adversarios comenzó el 19 de noviembre de 2011. Pero el giro decisivo se dio una tarde de enero de 2011, cuando el senador veracruzano de Movimiento Ciudadano Dante Delgado Ranauro convenció al presidente de la Casa de Bolsa Vector, Alfonso Romo, de que platicara con López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, en la casa de la pareja en la colonia Del Valle, en la Ciudad de México.

El empresario le dio a López Obrador su opinión sobre su campaña presidencial de 2006. Entre sus fallas, enumeró el Proyecto alternativo de nación, el equipo de políticos que lo rodearon y el plantón de Reforma para protestar por el supuesto fraude electoral.

Y vino la reconciliación. El 16 de abril Romo se presentó públicamente en un templete con López Obrador. El evento fue en la explanada de la delegación Venustiano Carranza, en el Distrito Federal, Posteriormente el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) anunció que el tabasqueño “no era un peligro para México”.

El 14 de abril, el candidato se reunió en Sinaloa con Alfonso Durazo, el exsecretario particular de Vicente Fox, con quien se distanció por culpa de su esposa Marta Sahagún, pues recibió prebendas como coordinadora de Comunicación Social antes de casarse con el guanajuatense.

El día 27 de ese mes se reunió con 130 industriales del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF). Por la mañana, López Obrador y su esposa desayunaron con el arzobispo José Francisco Robles Ortega, sucesor del cardenal emérito Juan Sandoval Íñiguez, quien en 2006 declaró abiertamente su rechazo al tabasqueño.

Después de difundirse varios encuentros, el 7 de mayo, en la XXII Convención de Aseguradores de México, el presidente del CCE, Gerardo Gutiérrez Candiani, informó que este organismo participa en mesas de trabajo con el equipo de López Obrador para alcanzar acuerdos sobre las reformas laboral, hacendaria y energética (Proceso 1856).

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