El ideario crítico de la Ibero, en voz de su rector

La inesperada aparición del movimiento #YoSoy132 en la Universidad Iberoamericana tiene su origen, en buena medida, en la labor educativa emprendida por el sacerdote jesuita José Morales Orozco, quien desde que tomó posesión como rector de la Ibero, a mediados de 2004, ya anunciaba que pondría énfasis en el “compromiso social” y en el desarrollo de la “conciencia crítica” de los alumnos de esta universidad de la Compañía de Jesús.

“Pondremos especial énfasis en la conciencia crítica y en el compromiso social, ya que en México cada día son más las personas que ingresan en las estadísticas de pobreza y miseria”, repetían entonces Morales Orozco y su recién nombrado vicerrector, Javier Prado Galán.

El rector también adelantaba que la tónica de su administración consistiría en combinar la excelencia académica con el humanismo. Y recordaba que la Ibero es una universidad de “inspiración cristiana”, enraizada en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús que concibe al mundo “desde la perspectiva de los pobres”.

De esta manera, Morales Orozco dio un giro total a la política “mercantilista” y de “derecha” que se le achacaba a su antecesor en el cargo, Enrique González Torres, quien además terminó enfrentado con académicos jesuitas y trabajadores de la universidad.

Tan pronto asumió la rectoría, Morales Orozco creó la Coordinación de Responsabilidad Social, mediante la cual vinculó a la universidad con las obras sociales que realiza la Compañía de Jesús en zonas empobrecidas del país, como el municipio chiapaneco de Bachajón o el mexiquense de Chimalhuacán, entre otras comunidades. También formalizó un compromiso solidario con las colonias más pobres del entorno de Santa Fe, en el Distrito Federal, donde se encuentran las instalaciones de la institución educativa.

Para 2005, Morales Orozco ya había instituido programas universitarios de apoyo a migrantes y a comunidades indígenas, o de derechos humanos en general. También puso en marcha el Programa de Asuntos Migratorios, el Programa de Interculturalidad, de Asuntos Indígenas, de Derechos Humanos e incluso el Programa de Medio Ambiente.

En julio de 2007, en el marco de su tercer informe, Morales Orozco dirigió un mensaje a la comunidad académica y estudiantil en el cual aseguró que los partidos políticos en México ya no responden a las demandas de la sociedad:

“Desde hace tiempo nuestros partidos políticos, promotores tradicionales de la ciudadanía, dejaron de cumplir con su tarea, y en lugar de responder a las demandas de la sociedad y de animar la participación democrática, se han convertido en bienhechores de grupos económicamente poderosos.”

A ello se suman –proseguía– los actos de corrupción que se dan en los partidos “y la falta de castigos a sus responsables, lo que refuerza el descrédito de esas organizaciones que han empezado a ser sustituidas, en su tarea de conductoras del proceso de democratización del país, por los medios de comunicación”.

Por su influencia en la opinión pública y en los temas de la agenda nacional, esos medios son hoy protagonistas del sistema político, decía Morales Orozco, aclarando que “la construcción de la opinión pública es una cosa y otra muy distinta es la educación”.

Destacó que el progreso de la democracia no debe supeditarse a los partidos ni a los medios de comunicación masiva, sino principalmente al desarrollo de una auténtica cultura ciudadana. En este sentido, enfatizó, el compromiso de la Universidad Iberoamericana es la construcción de una sociedad “más libre, justa, solidaria y productiva”.

Al año siguiente, en su cuarto informe de labores, recalcó que toda universidad debe ser “conciencia crítica”, y ofrecer “soluciones viables y realistas” a los retos de la sociedad.

En torno a la globalización, el rector señaló que se expresa a través de un “consumismo compulsivo” y una supuesta igualdad que realmente aplasta la diversidad y devalúa a la persona humana al convertirla en marioneta de intereses económicos y políticos.

Refrendó una vez más el compromiso de la Ibero con el desarrollo social de México. “Para lograrlo –apuntó–, una institución de educación superior debe siempre renovarse, contar con una oferta educativa de alta calidad y estar comprometida socialmente”.

 

Difamación

 

Con una matrícula de 9 mil 700 alumnos –inscritos en 37 licenciaturas, 22 maestrías y siete doctorados–, la Universidad Iberoamericana forma parte del llamado Sistema Universitario Jesuita, que en México comprende siete universidades de la Compañía de Jesús distribuidas en distintos estados.

En su análisis titulado Los desafíos para la educación en el siglo XXI, Morales Orozco señala que la “finalidad común de las universidades no debería ser el lucro ni tampoco, o simplemente, la docencia, sino el aporte sustantivo al mejoramiento de la sociedad”.

Y agrega: “Toda universidad católica, además de realizar una enseñanza y una investigación de calidad, también está llamada a ser un instrumento eficaz y responsable de progreso, tanto para el individuo como para la sociedad”.

El actual rector de la Ibero ingresó a la Compañía de Jesús en 1963. Se ordenó en 1975. Estudió en la casa de formación de los jesuitas en Quebec, Canadá. En 1982 se doctoró en teología en la Universidad de Comillas, en Madrid, España. Luego fue superior del filosofado, en Guadalajara, Jalisco. Y de 1989 a 1995 se desempeñó como provincial de la Compañía en México.

En 1994 Morales Orozco ocupaba el cargo de provincial, y a raíz del movimiento zapatista en Chiapas le tocó enfrentar una fuerte campaña de desprestigio orquestada por Televisa contra la Compañía de Jesús.

El 8 de abril de ese año, el periódico Summa, de Televisa, aseguró que el subcomandante Marcos era el jesuita Jerónimo Hernández. Inmediatamente Morales Orozco envió un desmentido en el cual afirmaba que era “muy poco profesional provocar difamación e inseguridad a partir de noticias falsas”.

Pocos días después, el 12 de abril, otro periódico de la televisora, Ovaciones, volvió a arremeter contra la Compañía, esta vez acusando al jesuita Eugenio Maurer –que entonces tenía 66 años y estaba inválido por un accidente automovilístico– de ser el subcomandante Marcos.

Para defenderse de esta campaña de desprestigio, la Compañía de Jesús presentó una querella penal contra Summa por difamación ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF). Los acusados eran el director del periódico, José Antonio Pérez Stuart, y el director de la casa editorial y del programa televisivo 24 Horas, Jacobo Zabludovsky.

El clima de linchamiento afectó a los jesuitas: en su casa provincial, situada en la calle de Séneca 310, en la Ciudad de México, recibían constantes telefonazos anónimos que les avisaban sobre la explosión de bombas colocadas ahí. Se desalojaba el inmueble y se llamaba a la policía… y nada.

En una de sus oficinas que los jesuitas tienen en Palenque, Chiapas, llegaron a irrumpir una veintena de hombres vestidos de negro gritando “¡Venimos por las armas!”. Revisaron las habitaciones, los cajones, los documentos. Filmaron minuciosamente el operativo y después salieron sin mostrar ninguna orden de cateo.

 

“Propagación del fuego”

 

Para protegerse, la Compañía de Jesús tocó finalmente las puertas de Los Pinos. El 17 de agosto de 1994, Morales Orozco y un grupo de jesuitas hablaron personalmente con el presidente Carlos Salinas de Gortari y con su secretario de Gobernación Jorge Carpizo. Les entregaron una detallada relación de las actividades de cada uno de los 509 miembros que entonces tenía la Compañía en México.

Después, en el salón Presidentes de Los Pinos, Morales Orozco dio una conferencia de prensa en la que dijo:

“Venimos a decir al presidente lo que somos y lo que hacemos. Las cosas deben quedar claras. También venimos a pedirle justicia.”

Nunca prosperó la querella penal contra los periodistas de Televisa; Jacobo Zabludovsky ni siquiera se presentó a declarar, y la PGJDF dijo que no encontró elementos para probar que se difamaba a los jesuitas (Proceso 912, 923, 954 y 1068).

Hoy Morales Orozco vuelve a quedar en el centro de la controversia, ya que fungió como anfitrión de Enrique Peña Nieto, candidato del PRI a la Presidencia de la República, en la visita que éste hizo a la Ibero el pasado 11 de mayo. Ese día, los estudiantes increparon al abanderado tricolor con gritos de “¡cobarde!” y “¡asesino!”, por la violencia policiaca con la que se reprimió a los pobladores de San Salvador Atenco, por lo que el aspirante presidencial tuvo que salir huyendo.

Este reclamo de la población estudiantil se significó como la protesta más dura que enfrentó Peña Nieto durante su campaña presidencial. El fuego se encendió en la universidad jesuita y se fue propagando hasta transformarse en el movimiento juvenil #YoSoy132, que ya se extendió a todo el país.

En su decreto de identidad Un fuego que enciende otros fuegos, la Compañía de Jesús resalta un mandato fundamental de San Ignacio de Loyola: Ite, inflammate omnia (Id, inflamad todas las cosas). Y explica que los jesuitas buscan precisamente “mantener viva la llama de su inspiración original, de manera que ofrezca luz y calor a nuestros contemporáneos” mediante la promoción de “la fe y la justicia”.

El actuar de esta congregación religiosa ha seguido la misma línea. Varios historiadores destacan el papel de la Compañía de Jesús en la formación de la conciencia moral y política durante la época novohispana, cuando a través de sus colegios propagaba la idea de una nacionalidad mexicana, distinta a la española y a la indígena; un concepto peligroso y revolucionario para su tiempo, que fue enarbolado por un aventajado alumno jesuita, el cura Miguel Hidalgo.

Actualmente esa misma “implicación activa en el mundo” de la Compañía de Jesús abonó el surgimiento de #YoSoy132. Sin embargo, el movimiento estudiantil enfrenta amenazas y acusaciones de que está siendo manipulado por los partidos de izquierda. Ante esto, Morales Orozco acaba de lanzar un pronunciamiento en defensa de las libertades de los jóvenes.

La Universidad Iberoamericana –dice el rector en su mensaje– “rechaza categóricamente cualquier acto que pretenda coartar su derecho a expresarse y manifestarse libremente, y cualquier intento de hostigamiento contra quien ejerza estas libertades”.

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