Últimos reductos

Más allá de las inconformidades que provocó su designación entre las tribus del PRD capitalino, y aun cuando no milita en ese partido, lo cierto es que Miguel Ángel Mancera detuvo la “caída en picada” de esa organización política en la Ciudad de México. No sólo avasalló a sus contrincantes en la jornada del domingo 1, sino que refrendó 15 años de gestión perredista. No hizo falta saber si tiene alguna propuesta de gobierno ni quiénes serán sus colaboradores ni cómo se posicionará la izquierda en lo que parece ser uno de sus últimos reductos.

Inmersa en una crisis interna, la izquierda se atrincheró en la Ciudad de México, donde tuvo un triunfo contundente con Miguel Ángel Mancera Espinosa, un candidato que no milita en ninguno de los partidos que lo postuló.

Beneficiario de una imagen creada desde su gestión como titular de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) de julio de 2008 a diciembre de 2011, periodo en el cual acumuló 7 mil quejas en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, hasta ahora Mancera sólo ha ofrecido dar continuidad a los proyectos instrumentados por el PRD en 15 años de gestión en la capital del país, aunque no se ha comprometido abiertamente con esa organización.

Sin confrontarse con sus adversarias y casi sin mencionar al candidato presidencial del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, Mancera se impuso con amplia ventaja por encima de sus contrincantes del PRI-PVEM, PAN y Panal: Beatriz Paredes Rangel, Isabel Miranda de Wallace y Rosario Guerra, respectivamente, quienes nunca repuntaron en las encuestas.

Su incuestionable triunfo fue superior incluso al de Marcelo Ebrard en 2006 (46.37% de los votos), Andrés Manuel López Obrador en 2000 (36%), y Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 (48.1%).

Al PRI no le fue tan mal con Beatriz Paredes, pues desplazó al PAN del segundo sitio. Los votos cosechados por la candidata fueron casi similares a los de 2006, cuando la misma Paredes obtuvo 21.56% de los escrutinios; en 2000, Jesús Silva Herzog alcanzó 22.8%, y en 1997 Alfredo del Mazo González logró 25.6%.

El gran perdedor de la capital fue el PAN, quien se encuentra en una situación similar a la de 1997, cuando consiguió 15.6% de los votos. En 2006, los panistas también lanzaron un candidato externo, Demetrio Sodi, quien logró 27.26% de los sufragios; seis años antes, con Santiago Creel, el porcentaje fue de 33.4.

 

El golpe de “cuello blanco”

 

Miguel Ángel Mancera ganó por un margen que superó toda expectativa, sostiene el diputado Agustín Guerrero Castillo.

Vinculado a René Bejarano, líder de Izquierda Democrática Nacional (IDN), Guerrero asegura que Mancera “cayó en terreno fértil” tras 15 años de gobiernos perredistas.

El voto útil fue muy claro, sentencia.

“Desde 2003, en el Distrito Federal el PRD tiene un voto duro de 1 millón 200 mil simpatizantes; es decir, entramos a la contienda con 25-27% de los votos, de ahí que la suma correspondió, por un lado, al electorado inconforme con las decisiones de sus partidos; por el otro, a la imagen de Mancera de hombre honesto, trabajador, decente y sensible.”

Para Guerrero, el caudal de votos resultó inusitado si se toma en cuenta que Mancera entró a una contienda con un partido en quiebra:

“Después de las elecciones de 2009, por las alianzas con el PAN en algunos estados, el PRD a nivel nacional, particularmente en el Distrito Federal, cayó en las preferencias electorales. De acuerdo con nuestras encuestas, en noviembre de 2011, a nivel nacional el PRD tenía 11% y en el Distrito Federal, 20%, mientras el PRI, con Beatriz Paredes, tenía una preferencia de 35%.”

De acuerdo con esos indicadores, dice, el partido tenía pocas posibilidades de ganar en las delegaciones Benito Juárez, Cuajimalpa, Miguel Hidalgo y Azcapotzalco, donde el PAN estaba mejor posicionado; en Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, más proclives al PRI, así como varias diputaciones locales.

Guerrero considera que lo que detuvo la “caída libre” del PRD fue el reconocimiento de Marcelo Ebrard a la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Frente a esa posición, los aspirantes a la Jefatura de Gobierno se alinearon. Después vino la consulta pública del 14 y 16 de enero en la que se impuso Mancera.

Alejandra Barrales, presidenta de la Asamblea Legislativa (ALDF), y Mario Delgado, exsecretario de Educación y primera opción de Marcelo Ebrard para sucederlo, tuvieron que conformarse con una candidatura al Senado. Los demás aspirantes –Martí Batres, Gerardo Fernández Noroña, Carlos Navarrete y Joel Ortega– se integraron a la campaña de Mancera.

Ortega, secretario de Seguridad Pública durante los primeros años de la gestión de Ebrard –tuvo que salir en 2008 tras el fallido operativo policiaco en la discoteca New’s Divine, a raíz del cual murieron 12 personas–, quedó como coordinador general de la campaña.

En su edición 1840, Proceso informó sobre una reunión dirigida por Manuel Camacho Solís, el coordinador de Diálogos para la Reconstrucción de México (Dia), con aspirantes y dirigentes partidistas. En ese encuentro Ortega comentó que los días en que se levantaron las encuestas hubo “1 millón de llamadas” para favorecer a Mancera.

También, dijo, se contrató a un call center, lo que sumado a la propaganda del exprocurador en “espectaculares, valet parking y transporte urbano” superó el gasto de precampaña fijado por el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), de poco más de 7 millones de pesos”.

Después de la designación de Mancera, al interior del PRD hubo momentos de tensión en los nombramientos de los candidatos a jefes delegacionales y diputados locales.

“Ocurre un asalto de cuello blanco en la Comisión Política Nacional en la que están los chuchos (NI), los amalios (Foro Nuevo Sol), IDN, los seguidores de Ebrard, Alternativa Democrática Nacional (ADN) y Alejandro Encinas, en donde se repartieron las candidaturas”, señala el entrevistado.

A la corriente más fuerte dentro del perredismo en el Distrito Federal –IDN, de René Bejarano– se le concedieron siete delegaciones: Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Cuauhtémoc, Magdalena Contreras, Talpan y Xochimilco; a NI, encabezada en la capital por Julio César Moreno, tres: Coyoacán, Milpa Alta y Venustiano Carranza; a Fuerza Democrática, afín a Ebrard, cuatro: Cuajimalpa, Gustavo A Madero, Iztapalapa, Miguel Hidalgo; a las facciones minoritarias Unión y Renovación (Unyr), Iztacalco, a la Red de Unión de Izquierda (Runi), de Alejandro Encinas, Tláhuac.

De los 40 distritos electorales, cinco fueron cedidos al PT y dos al Movimiento Ciudadano, como parte del acuerdo para mantener la alianza firme. Doce más fueron para la corriente de Bejarano; siete para Ebrard; cinco para NI; tres para los cercanos a Víctor Hugo Lobo, exjefe delegacional en Gustavo A. Madero y cercano a Ebrard; dos para ADN; en tanto que las corrientes minoritarias Izquierda Social, de Martí Batres, Runi y Unyr se quedaron con una.

En abril comenzaron a brotar las inconformidades entre los perredistas capitalinos. Algunos acordaron dar un voto diferenciado “sin afectar a López Obrador ni a Mancera”.

Apenas arrancaron las campañas, Mancera tuvo que compartir templete con los candidatos a delegados y diputados en Iztacalco, Xochimilco y Gustavo A. Madero, donde se manifestaron las protestas.

“En ese momento se cambia radicalmente la campaña y se decide ya no acudir a eventos masivos sino sólo a los cerrados, así como a foros y actividades organizadas por Joel Ortega, para no dañar la imagen de Mancera. Al candidato se le mantuvo ajeno al PRD, al grado de que el amarillo desapareció de su propaganda oficial”, sostiene Agustín Guerrero.

Relata que Mancera entró a la contienda con 32% de preferencias, seguido por Beatriz Paredes, con 30%, e Isabel Miranda con 20%. Dice que aun cuando el porcentaje de Miranda de Wallace no era bajo, los perredistas celebraron su designación porque “fue una imposición de Felipe Calderón”, lo que al final ayudó al crecimiento de Mancera.

“Cuando vimos quién era la candidata, dijimos: ¡Qué maravilla! ¡Qué suerte tuvo Mancera! Si la candidatura del PAN se hubiera decidido entre Demetrio Sodi, Gabriela Cuevas o José Luis Luege, cualquiera de ellos le hubiera dado batalla; tienen un discurso firme y son muy combativos”, dice Guerrero.

Del lado del PRI, agrega, el descenso de las simpatías hacia Beatriz Paredes se registró en forma dramática después del surgimiento del movimiento #YoSoy132: “Paredes calculaba que el fenómeno de arrastre de Enrique Peña Nieto le iba a funcionar en el Distrito Federal, y organiza sus actos de campaña del brazo de Peña Nieto, pero cuando en mayo él sale huyendo de la Universidad Iberoamericana en medio del repudio de estudiantes, se desploman los dos”.

Paredes y Miranda de Wallace se vieron afectadas por las pugnas intrapartidistas en el PAN y en el PRI. En ambos casos hubo más de una decena de impugnaciones, tanto que la segunda quincena de junio el IEDF tuvo que realizar sesiones para corregir candidaturas.

 

La aplanadora

 

En cuanto a la jornada del domingo 1, la secretaría ejecutiva del IEDF recibió 40 reportes de incidentes menores, la mayoría relacionados con la reubicación de casillas electorales.

Por la tarde, la PGJDF informó que se iniciaron dos averiguaciones previas por presuntos delitos electorales: una por promoción del voto en una casilla, por la que se detuvo a una persona; en otra se detuvo a tres personas por presunta inducción del voto. Por lo demás, todo se desarrolló “con tranquilidad y civilidad”.

Según la PGJDF, se iniciaron seis actas especiales “por conductas irregulares”, y se recibieron 204 llamadas en el sistema multilínea, 59 de ellas por personas que recibieron llamadas induciéndolas a votar por algún partido; 43 por instalación de casillas a destiempo, y 46 por hacer proselitismo político.

El lunes 2, al cierre de edición, los resultados preliminares del IEDF confirmaban que Mancera había captado más de 60% de la votación, mientras que los resultados en las 16 demarcaciones y en los 40 distritos aún no se conocían.

Horas antes, luego de que comenzaron a fluir los conteos rápidos de empresas encuestadoras, Beatriz Paredes reconoció el triunfo de Mancera:

“Como demócrata que soy, sé que en las elecciones se compite y que se gana o se pierde. La serie de encuestas de salida que han realizado diversas casas y una propia contratada por el PRI del DF señalan que la tendencia de la elección para la jefatura del gobierno del Distrito Federal no me es favorable.”

De manera similar se expresó Isabel Miranda. Y aunque celebró “que tantas personas salieron a votar por la democracia”, se quejó de haber enfrentado una campaña donde “hubo un gran dispendio de discursos públicos que sin duda afectaron la equidad de la contienda”.

Felicitado por el jefe de gobierno Marcelo Ebrard, de quien fue colaborador, Mancera Espinosa hizo un reconocimiento a sus tres contrincantes. Desde el World Trade Center, donde ubicó su centro de operaciones, habló también sobre las tendencias favorables en las delegaciones y agradeció a sus simpatizantes por el apoyo brindado.

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