Estados Unidos: La industria militar amenaza a Obama

WASHINGTON (apro).- Con amenazas indirectas, pero apuntando al centro de las preocupaciones políticas del presidente Barack Obama, la industria de la defensa de Estados Unidos comenzó a advertir al gobierno sobre las “consecuencias” de un devastador recorte de presupuesto que puede quitarle a las empresas de armamentos y equipos militares hasta 500 mil millones de dólares en la próxima década.

Hasta ahora, el tono de los reproches es relativamente “cordial”, pero el coro de quejas crece rápidamente. Por ejemplo, a fines de junio pasado, un ejecutivo de Lockheed Martin, el mayor contratista del mundo en el sector de la defensa, deslizó que la empresa podría informar a la gran mayoría de sus empleados que quedarían “disponibles” nada menos que el 2 de noviembre, pocos días antes de los comicios en los que Obama se juega la reelección.

“Vamos a tener que considerar como necesario” enviar a la mayor parte de los operarios cartas de posible despido, dijo Greg Walters, el vicepresidente de Asuntos Legislativos de Lockheed.

Los recortes presupuestales se activarán de manera automática en los primeros días de enero próximo. Ello fue parte del acuerdo que en noviembre del año pasado permitió a demócratas y republicanos aprobar de último momento un presupuesto federal con una ampliación de techo de endeudamiento.

En el marco de ese acuerdo, legisladores de ambos partidos establecieron que, de no alcanzarse un nuevo entendimiento sobre las cuentas del Estado, una enorme andanada de recortes se pondrá en marcha a través de todos los programas federales, incluyendo 500 mil millones en pagos para los próximos 10 años destinados a las empresas que producen armamento. Unos 55 mil millones de ese monto se cortarán en el 2013. Y eso es lo que preocupa a Lockheed y las otras firmas del sector.

Como las leyes estadunidenses exigen que los empleados y operarios reciban una noticia de despido al menos dos meses antes de ser licenciados, Lockheed deberá despachar esas cartas a principios de noviembre, cuando Obama y su rival republicano, Mitt Romney, estarán a días de enfrentarse en las urnas el 6 de noviembre.

“Sequestration”

Aun en caso de los recortes, Lockheed no despediría a todos sus empleados, ni siquiera a la mayoría, ya que sus negocios se mantienen en todo el mundo, pero la coincidencia de fechas le permite al gigante de la industria militar presionar de manera muy efectiva sobre la Casa Blanca y sobre el Congreso, donde –en última instancia– deberá resolverse el asunto de los recortes o sequestration, según el término en inglés que se utiliza para denominar los recortes en el presupuesto.

“Nosotros queremos mantener un diálogo sobre cómo será la sequestration, pero hasta ahora no recibimos ninguna respuesta de la Oficina de Presupuesto” de la Casa Blanca, dijo Walters.

La elección del momento para lanzar esta advertencia, señaló por su lado el estratega demócrata Garry South, “es realmente muy sospechosa”.

Según reportó el periódico especializado Defense News, “un pequeño grupo” de ejecutivos de las grandes empresas del sector de la industria militar fue recibido a mediados de mes en la Casa Blanca para tratar este asunto. El tono del coloquio fue “cordial”, dijo la revista, pero los representantes de colosos como Lockheed o Northrop Grumman no recibieron mayores nuevos detalles sobre “cómo se llevarán adelante los recortes”, tal como explicó Walters.

Estaba previsto que un alto ejecutivo de la rama bélica de la empresa Boig participara en ese encuentro, pero canceló de último momento. Fue un gesto que algunos analistas en Washington consideraron parte de las presiones del sector sobre el gobierno.

Después del encuentro en la Casa Blanca, representantes de esta industria se reunieron con el secretario de Defensa, Leon Panetta, también a finales de junio, pero, al parecer, tampoco hubo acuerdos. Tras la entrevista, se escucharon incluso nuevas amenazas veladas.

Sean O’Keefe, presidente de la Asociación de Industrias de la Defensa Nacional (NDIA, por sus siglas en inglés) y director ejecutivo de la filial norteamericana de la firma europea EADS, advirtió que si el recorte entra en vigencia, el Pentágono tendrá que pagar miles de millones de dólares en multas por cancelación de contratos.

En declaraciones a la prensa, O’Keefe dijo que los funcionarios del Pentágono “están muy al tanto de la complejidad” de las operaciones de cancelación de compras y encargos que se pueden desatar en enero.

Una sequestration, indicaron fuentes del sector, puede resultar “devastadora para las empresas de la defensa y, posiblemente, para toda la base industrial” de Estados Unidos que, en efecto, descansa en gran parte sobre el negocio de las armas y las necesidades bélicas.

Por ahora, legisladores de ambos partidos comparten la inquietud pero no logran acuerdos que despejen el fantasma de los recortes presupuestales. “Estoy muy preocupado”, confesó el representante republicano Buck McKeon, de California y presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara Baja. “No veo que esté pasando nada” en este frente “y no podemos esperar hasta enero”, añadió.

Financiamiento

¿Está McKeon sinceramente preocupado por la suerte de la industria de Estados Unidos y por el destino de decenas de miles de trabajadores del sector de la defensa?

Es posible, pero sus temores se extienden al asunto de su propia supervivencia política. La razón: los principales contribuyentes de sus campañas electorales son, precisamente, las grandes firmas de las armas y de equipamientos bélicos.

La base de datos de la organización no partidaria Center for Responsive Politics (CRP) recuerda que McKeon se juega la reelección este año y que su campaña ya recolectó unos 1.4 millones de dólares. Entre los principales cheques recibidos para sostener su proselitismo figuran los firmados por ejecutivos y empleados de Lockheed Martin por alrededor de 119 mil dólares y otros por 101 mil dólares provenientes de directivos de la Northrop Grumman.

Otros aportes a las arcas de campaña de McKeon fueron cedidos por General Dynamics (72 mil dólares), General Atomics (65 mil dólares) y Boeing (63 mil 500 dólares).

Por su lado, los principales aportantes a las aspiraciones políticas del máximo representante demócrata en ese Comité, Adam Smith, del estado de Washington, son dos que figuran al tope de la lista de McKeon: Boeing y Northrop Grumman.

Los lazos entre las grandes firmas del sector y el Congreso estadunidense no se acaban en los cheques para las campañas. Según un informe de Republic Report, una organización que rastrea casos de corrupción, McKeon contrató para formar parte de su equipo legislativo a Thomas McKenzie, un excabildero de Northrop Grumman.

Pero eso no es todo: apenas un mes antes de dejarlo ir a trabajar en el Congreso por mucho menos dinero, la Northrop Grumman le entregó a McKenzie un bono de medio millón de dólares. Un monto que podrá servirle de respaldo económico mientras se desempeña como uno de los cerebros detrás de la política parlamentaria para la defensa nacional.

Siempre según los números recolectados por el CRP, se estima que Boeing gastó más de 16 millones de dólares en tareas de lobby solamente en el 2011. El mayor recipiente de las donaciones de campaña del gigante de la defensa fue el presidente Obama, con 48 mil 610 dólares, y el segundo es precisamente McKeon.

Lockheed Martin, por su lado, gastó más de 15 millones de dólares en el mismo periodo, mientras que Northrop invirtió casi 12.8 millones y General Dynamics desembolsó casi 11.5 millones de dólares.

Obama tiene buenas razones para sostener su decisión de activar profundos recortes en el sector de la defensa, en particular la crisis económica y el hecho de que el país gastará un 23% menos en operaciones bélicas ahora que se declaró terminada la campaña en Irak y que se estableció un calendario para la salida de Afganistán.

Pero las firmas del sector no quieren saber nada de estos argumentos. Avanza para evitar el lápiz rojo en los pagos federales.

Los recortes, dijo el presidente de Boeing, Robert Stevens, representan “el mayor desafío que enfrentan nuestra compañía y nuestra industria”. Según el ejecutivo, “el horizonte a mediano plazo está completamente oscurecido por una niebla de incertidumbre”. Una niebla que, espera el lobby de la defensa, se podrá despejar a fuerza de millones de dólares en aportes de campaña y cabildeos.

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