Las encuestas, instrumento de propaganda

A la dispendiosa propaganda del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y los operativos de compra del voto, antes y durante la elección del domingo 1, se sumó un elemento que hizo un “daño brutal” al proceso: El uso propagandístico de las encuestas, que sistemáticamente colocaron a Enrique Peña Nieto como imbatible.

Rafael Giménez, coordinador de Estrategia de la campaña de la panista Josefina Vázquez Mota –que se desplomó al tercer lugar–, dice que se trata de un grupo de encuestadores que favorecen al PRI y al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) porque trabajan para ellos.

Se trata de Ulises Beltrán, que publica en Excélsior; Roy Campos, de Consulta Mitofsky, que difunde en Televisa y Radio Fórmula; Francisco Abundis, de Parametría, que acoge la cadena de El Sol de México, y Buendía y Loredo, de El Universal.

No es un fenómeno nuevo, aclara Giménez, sino que se ha manifestado al menos desde 2010. “El error sistemático de los encuestadores tiene años. Es a favor del mismo partido, es lo grave del caso”.

–¿Se les puede catalogar de encuestadores priistas?

–Yo creo que sí, definitivamente. Han presentado un sesgo sistemático a favor del PRI durante varios años. No era el caso de GEA-ISA, por cierto, pero en este caso resultó muy malo su ejercicio. Yo tenía una buena opinión de GEA-ISA como encuestador. Hoy no la puedo tener.

Y es que estas cinco casas ubicaron a Peña Nieto permanentemente arriba: Buendía y Loredo, de El Universal, le dieron 17.1 puntos de ventaja; Ulises Beltrán y Excélsior le otorgaron 16; Parametría y El Sol de México, 15.2; Roy Campos, de Televisa, 15.1, y GEA-ISA, en Milenio, 18 puntos.

Hubo una sexta encuestadora, Harris-Indermerc, que publica en El Financiero, que asignó 20.1 de ventaja a Peña, quien al final obtuvo 6.5% sobre su más cercano contendiente, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda.

“Está probado que un grupo de encuestadores sistemáticamente favorecieron a Peña Nieto. Es un error que ya no es aleatorio ni muestral propio de las encuestas.”

–¿Es un propósito propagandístico?

–Ellos se ofenden si les dices eso, pero la verdad es que al final funcionaba como tal.

Pone el ejemplo de GEA-ISA-Milenio: “¿Cómo se explica que salía de 40 a 70 veces al día en Milenio-TV la repetición de su encuesta? ¡Era más que un spot para la audiencia de ese canal!

Pero esa misma encuesta, o la de los otros medios, se difundía también por otros medios. “Estos encuestadores son stars porque iban a radio, a televisión, a periódicos a narrar sus encuestas y a fijar la idea de la inevitabilidad del triunfo de Peña. Esa fue la función de esas encuestas”.

La propia Vázquez Mota hizo un duro reproche a esas empresas: “En esta elección algunas encuestas en algunos medios dieron resultados que sólo pueden interpretarse como instrumentos de propaganda, y no basta con un ‘me equivoqué, ustedes perdonen’”.

La referencia fue a la disculpa que pidió el conductor Ciro Gómez Leyva, que transmitió durante 100 días una encuesta que sistemáticamente colocó a Peña con ventajas de dos dígitos y la última le dio 18 puntos.

 

“Daño terrible”

 

Dice Giménez, él mismo encuestólogo de Arcop, su empresa, y antes de Reforma: “El daño a la elección es profundo. No fue un día, fueron meses, fueron 100 días de la encuesta de Milenio, pero todos los medios fueron así, porque eran semanales o quincenales”.

Pero además este tipo de encuestas que “dañaron terriblemente la elección” cuestan en el mercado entre 5 y 20 millones de pesos, y ni los encuestadores nos dicen quién las paga, pero se pude colegir, dice, que es el PRI o el PVEM.

“En el caso de Excélsior, Ulises Beltrán se hacía pasar como encuestador neutro cuando en realidad era el que como consultor llevaba la campaña del Partido Verde. ¡Todo mundo sabe que Ulises lleva 10 años llevando las campañas del Partido Verde! Pasaba como si hiciera encuestas neutras y todavía se enoja si le dices lo contrario.”

Añade: “Hay que ver si Roy Campos, de Consulta Mitofsky, no tiene 80% o más de sus contratos con el PRI, si no hizo encuestas distritales para seleccionar candidatos del PRI, si no hizo cada una de esas encuestas para el PRI. Puede ser que tú autofinancies tus encuestas, pero las autofinancias con lo que te deja el cliente mayor, que es un partido político”.

Por eso este grupo no registraba la caída del candidato priista, afirma Giménez: “Cuando se estaba cayendo Peña aparecían siempre encuestas que lo rescataban. Por ejemplo, el segundo debate, en el que Josefina tiene un buen desempeño, el lunes, martes, miércoles aparecen encuestas que se habían levantado antes, lo cual mata el efecto del debate”.

Más aún, para ellos ningún acontecimiento modificaba nada: “Lo escuché varias veces en Radio Fórmula: No tienen ningún efecto las campañas, no tiene ningún efecto el movimiento #YoSoy132, tampoco el debate. ¡Nada tenía efecto, nada importaba! Lo único que importaba era que Peña iba ganando!”.

Agrega: “Así fue el lenguaje y cuando hubo una encuesta autónoma, la de Reforma, que acercó mucho a López Obrador a Peña, dijeron que esa encuesta era una porquería, que era una mentira. Eran esos mismos encuestadores como si hubieran sido ofendidos en lo personal”.

Y es que en contraste también hay otro grupo de encuestadores que fueron más rigurosos y siempre mostraron que la elección era más cerrada, como Reforma; Covarrubias y Asociados; Demotecnia, de María de las Heras; Berumen e Ipsos-Bimsa.

El mismo Giménez llevaba su propio tracking que no coincidía con los del grupo de Ulises Beltrán: “Yo tuve a Peña durante dos meses debajo de 40%, hasta en 36, que ya era un candidato muy vulnerable y mucha gente hubiera actuado distinto de haber sido esa la versión que predominara”.

–Es decir, los encuestadores jugaron un papel no sólo propagandístico a favor de Peña, sino para inhibir el voto.

–Así es. Ese es el efecto más grande de esto. Eso tiene incidencia en varios niveles: En la élite, los políticos, los empresarios –¡hasta Fox!–, toman decisiones con base en eso, porque supuestamente ya se decidió la elección.

Por eso, dice, la gráfica en todas las encuestas que no se movió nunca fue la respuesta a la pregunta de quién cree que iba a ganar. “El 60% decía que iba a ganar Peña y es por efecto directo o indirecto de las encuestas. Fue a votar un montón de gente bajo la idea de que era inevitable el triunfo de Peña. Ese es el efecto más grave de las encuestas, que hubo más de 200 publicadas, como nunca antes en México”.

Por eso, acusa, este manejo faccioso perjudicó el proceso electoral: “Es un daño tan brutal que no basta con una disculpa. Debe haber ajustes del mercado, que ha demostrado su incapacidad de autorregulación reiteradamente, porque se han agravado los errores conforme pasan los años”.

Agrega: “El incentivo es muy malo: no le atinaste, estuviste lejísimos del resultado, pero ganó el candidato que estuviste favoreciendo. Entonces es probable que no te vaya tan mal como agencia, dado que van a tener muchas posiciones las personas que se favorecieron con estas encuestas”.

Giménez plantea que con el IFE se realice una revisión de las casas encuestadoras no sólo cuando acabe la elección sino cuando empiece la nueva.

“No se les puede prohibir que hagan encuestas, eso es muy extremo. Pero sí podemos decir: esta agencia siempre pone 19 puntos arriba al PRI, como el caso de Harris-Indermerc o Mitofsky, que durante 2012 publicó que iba a ganar Tabasco el PRI, que iba a ganar el PRI Yucatán por 30 puntos, que iba a ganar Morelos por 7.”

Y eso fue falso: “Resulta que ganó el PRD en Morelos por 7 puntos, la elección de Yucatán fue de 8.5, no de más de 30 puntos, y en Tabasco la ganó relativamente fácil la izquierda”.

Giménez no confía en la autocrítica de los encuestadores: “Han dado explicaciones muy pobres, los escuché con Leo Zuckerman –que es más defensor de las encuestas que cualquier otro columnista–, y no explican por qué había otras encuestas que sí tenían a Peña en su dimensión”.

–Roy Campos dice que hay dos explicaciones sobre las críticas: Una técnica y una ideológica.

–Ideológica es no presentar datos, pero estamos presentando los datos en los que se equivocaron sistemáticamente, y la técnica es: ¿Hicieron mal las muestras? Lo más probable es que no. ¿Hicieron mal los cuestionarios? Posiblemente. Y la pregunta del siglo: ¿Quién paga, quiénes son los clientes principales de los encuestadores?

La respuesta es obvia, dice: “El PRI y el Verde, pero eso no está abierto, es un juego cerrado donde se quedan callados, no lo dicen. Yo nunca he escuchado a Ulises Beltrán que diga: Estoy encuestando para Excélsior pero mi cliente número uno es el Partido Verde”.

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Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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