Fox, Calderón y Peña, la marca del dinero sucio

Peña y Calderón. Foto: Eduardo Miranda Peña y Calderón. Foto: Eduardo Miranda

MÉXICO, D.F. (apro).- El hombre es el animal que tropieza dos veces con la misma piedra, dice el dicho, pero los mexicanos somos los únicos que chocamos reiteradamente con idéntico pedrusco y no queremos aprender: Las tres más recientes elecciones presidenciales están viciadas por el flujo de dinero sucio.

En el 2000, el panista Vicente Fox cimentó su victoria en el financiamiento ilegal de Amigos de Fox, una trama delincuencial que también ejerció el priista Francisco Labastida mediante el Pemexgate, que derivó en multas de 500 millones de pesos al PAN y mil millones al PRI.

En 2006, el también panista Felipe Calderón se nutrió del dinero sucio de numerosos organismos, entre ellos del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y de Televisa, una confabulación impune de la que esta última fue gran beneficiaria del sexenio desde que las bancadas del PAN aprobaron la ley respectiva.

Y este año, tal como se ha ido acreditando documental y testimonialmente desde hace años, el priista Enrique Peña Nieto compró literalmente la Presidencia de la República con vastos recursos económicos, parte de ellos presumiblemente de procedencia ilícita, como el lavado de dinero, y una asociación de negocios mutuos con Televisa.

Este ciclo ilegal para conquistar el poder –en un esquema que parece más una subasta que una democracia– no se inició en el 2000, año de la alternancia: Se inauguró en realidad con la elección de Tabasco en 1994, el caso más demostrado de uso ilimitado de recursos para comprar un gobierno mediante el fraude electoral.

Hace exactamente 18 años, cuando nacieron muchos de los jóvenes que por primera vez votaron en la elección de este 1 de julio, ocurrió que en Tabasco el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gastó en la elección para gobernador el equivalente a 72 millones de dólares, es decir, casi mil millones de pesos de los actuales.

No es que antes de 1994 las elecciones hayan sido impecables, porque de hecho fue la elección de Ernesto Zedillo ese año la que puso de manifiesto la inequidad, que él mismo confesó, y se pactó una reforma electoral que se pretendió “definitiva”, porque entre otros aspectos relevantes otorgó autonomía plena al Instituto Federal Electoral (IFE), creó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y priorizó el financiamiento público por sobre el privado.

El caso Tabasco, que en el curso de 1995 evidenció cómo el priista Roberto Madrazo despilfarró millones para ganar la gubernatura, potenció aún más la reforma constitucional de 1996, mediante la cual por primera vez el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, que ni ahora recuperó.

Evocar el caso Tabasco es pertinente por las extraordinarias semejanzas entre Roberto Madrazo y Enrique Peña Nieto, no sólo por el dispendio ni porque ambos se catapultaron como candidatos presidenciales desde sus respectivos gobiernos, sino porque los une un personaje articulador del poder en México: Carlos Salinas.

Pero también por algo peor: Una vez en el gobierno de Tabasco, que compró a mil millones de pesos, Madrazo comenzó a pagar los compromisos con quienes lo financiaron también para catapultarse a la candidatura presidencial y dejó devastada la entidad.

Otra herencia del caso Tabasco, y que se perfila también con Peña Nieto, es la impunidad: Pese a que la Procuraduría General de la República (PGR) acreditó con información de depósitos y transferencias verificadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) que el PRI de Tabasco gastó 241 millones de pesos en la elección estatal no se aplicó la ley a Madrazo.

La justicia llegó por otro lado: Exhibido como un político sin escrúpulos, despilfarrador, corrupto y tramposo –hasta en el deporte–, Madrazo conquistó la presidencia nacional del PRI, se hizo candidato presidencial, pero terminó repudiado por los mexicanos.

Con Peña puede ocurrir algo semejante: Entronizado en la Presidencia de la República al costo que sea, se terminará sabiendo del uso de dinero sucio en su campaña, aunque para entonces la ley no sirva para revertir el daño, pero terminará recibiendo el desprecio de los mexicanos.

Mientras tanto se emprenderá otra reforma electoral, como las que ha habido después de cada elección para supuestamente controlar el ingreso de dinero de oscuro origen a las campañas, pero será un nuevo fracaso si el diseño institucional se sigue cimentando en la simulación democrática, cuyas reglas no inhiben, sino incentivan a delinquir…

Apuntes

Y si Andrés Manuel López Obrador –rival de Madrazo y de Peña Nieto– usó también recursos de procedencia ilícita, como acusa el PRI, que la autoridad proceda también en su contra… Nos encontraremos en este espacio hasta el lunes 20 de agosto… Reyes Flores Hurtado, expresidente del PAN de Coahuila, mantiene una huelga de hambre en el Zócalo de la Ciudad de México desde el martes 10 de julio, en demanda de que se “limpie” la elección presidencial. Pero ayer un comunicado de la asociación civil Claridad y Participación Ciudadana informó que Flores Hurtado había fallecido, lo que resultó falso. La agrupación, que encabeza el empresario Armando Guadiana Tijerina, dijo que su cuenta había sido hackeada…

Comentarios: delgado@proceso.com.mx y Twitter: @alvaro_delgado

Comentarios

Load More

Informate en la revista digital de Proceso