Wolf Rubinski: de la lucha de a la telepatía

Wolf Rubinski: de la lucha de a la telepatía
Gonzalo Alvarez del Villar
Wolf Rubinski, luchador, futbolista, actor, restaurantero y ahora principal figura de su espectáculo telepático, considera “haber matado al Rubinski de hace 15 años”, y que el actual es un hombre que entiende más a las personas, gracias al sicoanálisis y “a una férrea disciplina mental”
Rubinski, que llegó a México en 1948 y fue luchador rudo —”ganaba más dinero”—, actor —”estudié con Seki Sano”— y posteriormente restaurantero, habla en su negocio, donde enmarcada por sones latinoamericanos, su voz, gruesa, relata los inicios de su vida artística También habla de una “cruel y cruda infancia” y pasa revista a su archivo memorizado, hasta llegar a lo que es hoy

“Ahora sé que existo —dice— Convivir con la gente, que es mi gran familia, me hace sentir vivo, que existo ante una desvalorización que tuve cuando niño Mi infancia fue cruel y cruda”
Aquí, Wolf —nacido en Letonia, criado en Argentina y ciudadano mexicano— hace una larga pausa Como si el pasado mordiera su mente Y luego, con voz pausada, agrega:
“Yo crecí en un asilo para huérfanos Mi padre murió de tuberculosis, y mi madre, viuda, sola, sin hablar español, con dos hijos, no metió al asilo Y no lo hizo porque quisiera, sino porque no podía mantenerse Mis padres fueron los primeros inmigrantes judíos de la familia”
Una nueva pausa, en la cual Wolf cambia de tema para comentar que ahora su hermano es rico y radica en Argentina
Rememora que el inicio de su vida fue muy rudo y entre vicisitudes y amarguras, logró destacar en el deporte amateur en Argentina, donde practicó el rugby y la lucha grecorromana Después, en 1948, viajó a este país y relata:
“Sí, fui luchador rudo, en cuanto a esta personalidad, adquirida a través de las posibilidades económicas, fue la más apropiada para mí, pues siendo judío, se consideraba que el judío debía de ser rudo, malo y yo, teniendo un físico agradable y una cara pasable, pues los exploté Y siendo rudo, a la gente le dolía y hacía que se violentara más contra mi persona Eso fue lo que me obligó a adoptar la personalidad ruda que me hizo ganar una posición más firme, económicamente hablando, pues como “luchador siempre di un buen espectáculo”
A pesar de que esa fue la profesión que lo proyectó a ser conocido por la gente, Wolf se sincera al decir que ya no asiste a una arena de lucha debido a que ya no le llama la atención
Como actor, al llegar a México tuvo una excelente actuación en su primera obra de teatro: Un tranvía llamado deseo, donde protagonizó al personaje principal de la obra de Tennesse Williams: Stanley Kowaleski
“Y sin pecar de fatuo, pero mi actuación fue extraordinaria, algo fuera de lo común Yo ya sabía desde antes que tenía aptitudes para dominar al público Lo sabía desde el primer momento en que me subí a un ring Hacía lo que quería Tengo ángel y además muchos años de hacer exhibiciones de lucha amateur, y siempre llamaba la atención”
Wolf se remueve inquieto en su asiento “Faltan pocos minutos para mi show, donde va a ver un real acto de percepción mental”
—¿Cuál fue la idea de montar un espectáculo telepático?
—Considero que tengo cierta educación y fuerza para tener esa capacidad
—¿Cuándo se dio cuenta?
—Desde muy pequeño, solamente que la he desarrollado desde hace 15 años
—¿Una especie de Uri Geller?
En su rostro hay una ligera contracción, algo anormal en él, pues siempre parece controlarse a sí mismo
—No se compara a Uri Geller El no está a mi altura
—¿Usted puede doblar cucharas?
—Las puedo doblar con fuerza física Y también romper directorios con fuerza física
—¿Y con fuerza mental?
—Me ayuda para romper el directorio Con la mente puedo hacer cosas, muchas cosas más
—¿Por ejemplo?
En ese momento, Mara, su ayudante en el acto telepático, pasa cerca de la mesa, Wolf la detiene y le pregunta:
—Rápido, cómo se llama de nombre el señor
—Gabriel, responde Mara
—¿Cómo?, repregunta Wolf
—Sí, Gabriel, ¿qué, estoy mal?
La respuesta de Wolf es seca:
—Gracias
Hagamos de cuenta ¿lo podría hacer si viniera otra persona?
La música llega en auxilio de Wolf, quien se disculpa Se levanta y el show da inicio
Mara, su rubia ayudante, con una venda en los ojos y micrófono en mano, de espaldas al exluchador, responde a las preguntas de Wolf, quien de mesa en mesa toma objetos que le proporcionan los clientes
—¡Rápido!, diga qué es esto —expresa Wolf
—Es una agenda —responde Mara
—¡Correcto! ¿y esto otro? Rápido
—Una moneda de 10 centavos
—Bien, y ahora ¿qué me dio el señor?
—Un dibujo con una casa pintada
—¡Perfecto! Ahora, ¿de qué denominación es el billete que me dio el señor?
—Es de 100 pesos
—¡Correcto! Y ahora el señor se lo regala por haber acertado
Aplausos y risas acompañan las últimas palabras de Wolf, quien continúa:
—¿Qué es esto?, Mara, diga pronto
—Un agitador
¡Correcto! ¿Y qué están bebiendo los señores?
—Vino
—Bueno, eso es lo que yo creo
Más risas inundan el local, después de haberse realizado este acto, en el cual los presentes comentan, incrédulos, cómo es posible que eso pueda efectuarse sin truco
Posteriormente, Wolf canta; cuenta chistes; también hace juegos de cartas y comparte con el público Después se acerca a su interlocutor y espera la siguiente interrogante:
—¿Qué, no hay truco en lo que hace?
—Absolutamente ninguno
—¿Enfasis en sus palabras, algún micrófono?
—No, ¿cómo podría transmitirlo si no es por medio de la mente? Es telepatía, fuerza mental
—¿Falla usted con frecuencia?
—Son pocas las ocasiones Con mi hija Miriam no existían fallas
Tiene 13 años de psicoanalizarse Y asegura que el sicoanálisis tiene un fin: comprenderse más a uno mismo; tener un equilibrio emocional
“El sicoanálisis no disminuyó mi agresividad, pero la entendí, la encaré y ahora comprendo más a la gente Y la gente así lo entiende Me doy, me entrego y ellos me quieren Y yo estos empezando a quererme a mí mismo y al decir esto quiero decir, valorizare, aunque le vuelvo a decir: matarse a uno mismo no es tan fácil”
—¿Es usted rico?
—Me estoy haciendo rico aquí, en este pecho mío Materialmente soy un hombre que no tengo problemas, antes los tenía y muchos Desgraciadamente aún tengo el fantasma de la infancia que a veces me hace sentir que lo que tengo no es suficiente Eso es miedo, lo sé, lo comprendo Siempre tengo miedo, pero estoy combatiéndolo y buscando la capacidad de darme cuenta de que es un miedo fantasmal, e irreal

Comentarios