Ingenio e imaginación poética

Ingenio e imaginación poética
¿Y si Bretch fuera al Blanquita?
Esther Seligson
Si el teatro es reflejo de la sociedad en que se manifiesta, es claro que, al no ser un hecho unilateral, tiene que fungir como “superador”, es decir, que devolver, al mismo tiempo, una imagen “mejor” de esa sociedad, revelarla en todos sus aspectos, buenos y peores, para que alcance un conocimiento más profundo y pleno de sí misma En un mundo donde las diferencias entre los diversos grupos sociales que conforman una sociedad son tanto más grandes cuanto más desiguales son las condiciones económicas de vida de esos grupos, es obvio que el teatro responderá también a diferentes niveles culturales Ya no es posible hablar hoy en día de Teatro con mayúscula para identificar a una sociedad —a menos que se trate de una homogeneidad como podría ser el caso de países comunistas—, más bien tenemos que referirnos a teatros, como sería el caso en México donde cada uno de los sectores de la sociedad se refleja en el espectáculo que mejor proyecta su universo existencial Así pues podríamos hablar de teatro universitario de teatro burgués, de teatro de clase media, etc En realidad no contamos con un teatro que refleje lo popular, aunque existan intentos en un teatro de revista y en un teatro de carpa ya venidos a menos Por desgracia, la televisión ha dado al traste con una necesidad auténtica de expresión y de revalorización artística de los diversos niveles culturales que conforman nuestra abigarrada mexicanidad
A nivel universitario ya hubo intentos (con In Memoriam y Santa principalmente) por “rescatar” los mitos populares, por hacer consciente de ellos a la sociedad de la cual son producto, pero desafortunadamente la experiencia no sobrepasó a una élite intelectual y universitaria Por eso puede resultar importante la experiencia que Julio Castillo —también él universitario— está llevando a cabo en el Teatro Blanquita de la ciudad de México donde ha montado una revista musical homenaje al hermano del alma Agustín Lara Y la importancia estriba en que se trata de un sincero esfuerzo brechtiano por divertir, concientizar, culturizar y “mejorar” El guión del espectáculo, concebido por Blanca Peña después de una escrupulosa investigación de la época de los años 1930-1945 en que se desarrolla la trama, no se reduce sólo a la vida y las canciones del músico poeta, sino que está imbricado en los acontecimientos que nos traen de vuelta al momento actual: la inestabilidad nacionales En los números propiamente revisteriles, el director Julio Castillo ha desplegado su ingenio y su imaginación poética manejando un elemento de expectativa en el variado y rico cambio de decorados que mantiene al espectador (bastante desconcertado, es verdad, ante este tipo de espectáculo al que no está acostumbrado, pero que no rechaza tan abruptamente como podría pensarse pues, el tocar visual, auditiva e intelectualmente sus fibras más sensibles lo obliga a reconsiderarse y a participar en un nivel menos sensiblero y enajenado) pendiente de cómo van a relacionarse y a encadenarse una con otra las escenas cuyo contenido musical ya conoce Cabe resaltar la presencia de Meche Carreño quien, mejor administrada, podría constituir el verdadero centro de interés visual que se llevan Javier y sus marionetas en primerísimo lugar El imprescindible skecth interpretado por el entrañable Mantequilla conmueve al público más por el actor que por su contenido algo flojo Es un acierto indudable la proyección de la película en que el propio Agustín canta mientras en escena Katia, segunda tiple, repite la danza de los abanicos También la figura de Estrellita y las voces de Jorge Fernández y de Rebeca (por más que digan que mejor hubieran traído a Toña La Negra y a Pedro Vargas que, desde luego, sería lo ideal) se inscriben en la atmósfera sentimental, semionírica semitrágica, de la vida de Agustín Lara y de su mundo intensamente habitado por la presencia de la Mujer Lenta o confusa a veces la coreografía de Ricardo Luna, quizá a causa del amateurismo de coristas y bailarines quienes, sin duda, irán aceitando sus movimientos Y loable, desde todos puntos de vista, el apoyo financiero de Margo Su, la empresaria de esta experiencia teatral que podría constituir el primer paso efectivo tanto para la colaboración de nuestros mejores directores universitarios en una labor cultural necesaria, como para hacer consciente a uno de los públicos más numerosos de sus propios valores

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