Un medallero multicultural

Los racistas del Reino Unido pusieron el grito en el cielo cuando supieron que 10% de sus atletas olímpicos pertenecían a minorías étnicas, pero tuvieron que quedarse callados cuando al menos dos de esos deportistas se cubrieron de gloria y contribuyeron a que Gran Bretaña quedara en tercer lugar del medallero general. El más destacado de ellos fue un corredor de origen somalí: Mo Farah.

LONDRES.- Los medios británicos proclamaron casi al unísono: “Los Juegos Olímpicos de 2012 son los más extraordinarios de toda la historia del olimpismo moderno”.

En la euforia general olvidaron las polémicas que ellos mismos desataron sobre el costo de los juegos en un periodo de grave crisis económica, el desasosiego de la gente de los barrios del East End de Londres que fue desplazada para construir la Villa Olímpica, el porvenir incierto de la infraestructura deportiva o el origen de los atletas.

Este último tema salió a relucir en la primera plana del tabloide The Sun, que llamó plastic brits (británicos de plástico) a los 61 deportistas de la delegación olímpica del Reino Unido que no eran británicos “de pura cepa”.

Otros tabloides de derecha entraron en ese debate, igual que los sectores racistas de la sociedad británica. Todos se “espantaron” al constatar que poco más de 10% de los 542 atletas de esa delegación tenían diversos orígenes étnicos.

En realidad la composición del Team GB (el equipo británico) es reflejo de la población de un país que tiene casi 10% de habitantes de otras partes del mundo: 4.9% de India, Paquistán y Bangladesh, entre otras naciones asiáticas; 2.3% de África y el Caribe; 1.4% de otros lugares, en particular de Europa Oriental, y 1.1% de mestizos, según el censo de 2008. Alrededor de 53% de esa población está distribuida en todo el Reino Unido y el restante 47% vive en Londres, lo que convierte a esta metrópoli en la ciudad más cosmopolita del mundo.

Tiene raíces extranjeras uno de cada tres habitantes de esta capital en la que se hablan más de 300 idiomas y alberga 50 comunidades distintas. Las más pequeñas son de unos 10 mil miembros; las asiáticas (las mayores) son de centenares de miles de individuos.

 

“The Sun” vs. “The Guardian”

 

Los atentados de julio de 2005 en el metro y en un autobús en esta capital, perpetrados por jóvenes de la comunidad paquistaní, así como los motines que sacudieron varias ciudades del país en agosto de 2011 originaron y siguen alimentando debates tensos, a veces violentos, sobre el multiculturalismo británico.

En vísperas de los Juegos Olímpicos esos debates resurgieron, pero los buenos resultados del Team GB –que con 65 medallas (29 de oro, 17 de plata y 19 de bronce) conquistó el tercer lugar de la tabla general, detrás de Estados Unidos y China– obligó a The Sun a bajar el tono.

El domingo 5 el tabloide se pasmó ante las seis medallas de oro ganadas el día anterior por Gran Bretaña y celebró con particular entusiasmo tres de ellas, las ganadas por Greg Rutherford, Jessica Ennis y Mo (Mohamed) Farah. Pero no pudo dejar de mencionar los orígenes de estos campeones:

“Tres jóvenes británicos le enseñaron al mundo quiénes somos (sic). Un cuate color ginger ale oriundo de Milton Keynes, una belleza mestiza de Sheffield­ y un somalí que fue acogido como refugiado en nuestras tierras después de que huyó de su país devastado por la guerra”, en alusión a Rutherford, pelirrojo británico de “pura cepa”, campeón de salto de longitud; Jessica Ennis, de madre británica y padre jamaiquino, campeona de heptatlón; y al corredor Mo Farah, medalla de oro en 5 mil y 10 mil metros.

“Ese es el rostro de la Gran Bretaña de hoy”, concluyó el vehemente crítico de los plastic brits.

“No debemos sobreestimar lo que escribe The Sun”, publicó el lunes 6 en The Guardian Hugh Muir, editor especialista en cuestiones raciales y sociales de ese rotativo.

“The Sun tiene una gran reserva de historias alarmantes sobre migrantes peligrosos e inmigración excesiva”, señaló The Guardian, el periódico de mayor tiraje en Gran Bretaña, que tocó un punto importante: “Algo cambió en esa publicación cuyo exdirector general se hizo famoso por sus bromas acerca de los darkies (término peyorativo para hablar de los negros) ‘que bajan de los árboles’.”

Mientras los detractores de la Gran Bretaña polirracial optaron por un perfil bajo, quienes la aceptan de buen grado saborearon estos 15 días de “comunión multicultural”.

En varias declaraciones a la prensa británica, Barbara Roche, exministra de Integración que encabeza el proyecto del futuro Museo de la Migración, destacó: “El Team GB está hecho a imagen y semejanza de Gran Bretaña. A lo largo de los Juegos Olímpicos el público no hizo referencia a su cosmopolitismo. La gente consideró a los atletas como británicos y es lo que son”.

Agregó: “No quisiera ser chocante pero la verdad es que somos un país de migrantes. Originalmente no había nadie en estas islas. Poco a poco llegó gente que las pobló. Lo único que nos diferencia es el tiempo que llevamos aquí. No se quiere analizar eso pero pienso que poco a poco vamos a tener que aceptar nuestra realidad”.

Ian Dunt, analista político y editor de Erotic Review, revista que enfoca las cuestiones sexuales desde un punto de vista literario y artístico, insistió:­

“El multiculturalismo no es una ideología como lo proclaman sus críticos, es simplemente un hecho. No es una meta, es la descripción de una realidad. (…) Fue esa realidad la que pintó el cineasta Danny Boyle en su maliciosa ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos. Le importó que todos los que participaron en el espectáculo tuvieran orígenes multirraciales. Y fue precisamente por eso por lo que lo atacaron los conservadores, calificando la ceremonia de ‘políticamente correcta’. La representación de un país tal como es no es políticamente correcta, es simplemente correcta.”

Agregó Dunt:

“Algún comentarista del Daily Mail (otro tabloide conservador) atacó la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos diciendo: ‘Se supone que el espectáculo representa la vida moderna en Inglaterra. Pero encontrar en nuestro país a una madre bien educada, blanca, de mediana edad, casada con un hombre negro que lleva una vida familiar llena y feliz sería un auténtico reto para los organizadores de esa ceremonia’.

“Unos días más tarde la guapa y telegénica Jessi­ca Ennis ganó su medalla de oro llenando el estadio de alegría y emoción”, siguió Dunt. “Las cámaras de televisión enfocaron a su familia sentada en las gradas. Su padre, oriundo de Jamaica, es negro, pintor y decorador independiente, y su madre es blanca y se desempeña como trabajadora social. Ambos irradiaban orgullo.”

Pero nadie sabe cuánto durará la luna de miel de los británicos con sus “deportistas arcoíris”.

Lord Herman Ouseley se muestra escéptico. Oriundo de Guyana, este británico encabezó la Comisión para la Igualdad Racial de la Cámara de los Lores de 1993 a 2000 y actualmente preside Kick It Out, organización británica que combate la discriminación racial en el futbol y en sectores educativos y comunitarios, tiene lazos estrechos con la FIFA y es el “motor” de la organización Futbol Contra el Racismo en Europa.

En declaraciones públicas, Ouseley ha dicho: “Estos Juegos Olímpicos fueron gloriosos. Todos los gozaron y cada uno estuvo muy orgulloso de los atle­tas victoriosos sin cuestionar su origen. Pero no debemos olvidar que en el momento en que la dura realidad golpee de nuevo a la gente, muy probablemente regresaremos a nuestro punto de partida”.

Agregó: “Los atletas negros o de las minorías étnicas seguirán su carrera y tendrán más éxitos. Pero la realidad seguirá siendo amarga para los británicos de color y de las minorías; les tocarán los mismos problemas para tener acceso al mercado de trabajo, de vivienda y otras áreas. El deporte es un mecanismo de escape. Nos procura placer. Pero cuando se compite por recursos cada vez más escasos, todo se vuelve mucho más complicado”.

Muir compartió el escepticismo de lord Ouseley y aludió a la Francia multirracial de 1998 después de que el equipo de futbol black, blanc, beur ganó la Copa del Mundo.

La corresponsal recuerda la fraternidad entre los blacks (población de origen africano y caribeño), los blancs (franceses de pura cepa) y los beurs (de origen magrebí). Un millón de personas felices y orgullosas de su diversidad se abrazaban en los Campos Elíseos y compartían champaña.

Pero cuatro años más tarde Jean Marie le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional (FN), compitió con Jacques Chirac en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002. En los últimos 10 años el FN consolidó su posición en el espectro político francés y mientras más se agudiza la crisis económica, más crece la xenofobia en ciertos sectores de la población.

 

La maravilla de la pista

 

En un análisis publicado el domingo 5 en The Guardian –el diario que más atención dedicó al impacto de los Juegos Olímpicos en la realidad multicultural británica–, Ian Dunt insistió:

“En una noche Mo Farah hizo mucho más a favor del multiculturalismo en este país que lo que podremos hacer nosotros a lo largo de toda nuestra vida. Lo logró gracias a su fuerza mental y a su fantástica demostración de la potencia del cuerpo humano. Pero lo hizo sobre todo en la conferencia de prensa que siguió a su victoria, cuando un ‘brillante’ reportero le preguntó si no le hubiera gustado mejor ganar su medalla de oro a nombre de Somalia. Farah simplemente contestó: ‘Fíjate, viejo, éste es mi país. Crecí aquí y aquí empezó realmente mi vida. Éste es mi país y cuando me pongo la camiseta de Gran Bretaña me siento orgulloso’.”

Dunt agregó: “Farah acaba de dejar un legado a millones de seres humanos que llegaron a Gran Bretaña –algunos buscando trabajo, otros huyendo de peligros– y que siguen creyendo en el Reino Unido a pesar de los torrentes diarios de resentimiento arrojados sobre ellos por los tabloides y por tipos necios que se caen de borrachos en los pubs”.

Quizá Dunt tenga razón. En todo caso, más que el espectacular Usain Bolt, atleta jamaiquino fuera de serie que se vanagloria de ser una leyenda viva; más que Michael Phelps, nadador que acabó su carrera deportiva bajo una lluvia de oro, el héroe de los Juegos Olímpicos para los británicos es el maravilloso Mo Farah.

Su vida ilustra más que cualquier discurso la necesidad imperiosa de tender la mano a quienes llegan a Europa porque no hay sobrevivencia posible en su tierra natal.

¿Cuántos Mo Farah murieron en naufragios de lanchas atestadas de migrantes en las costas de Italia, Grecia o España?

Se calcula que 25% de los presos en cárceles británicas no son blancos, mientras 10% de la población total de Gran Bretaña tiene orígenes étnicos diversos.

¿Cuántos Mo Farah acabaron en prisión por haber crecido en guetos, sin perspectivas de porvenir?­

El pasado sábado 4 Mo Farah estremeció el estadio olímpico al ganar la carrera de 5 mil metros. Seis días después logró otra proeza al imponerse en los 10 mil metros. Es el séptimo corredor de toda la historia de las Olimpiadas modernas en conquistar esa doble medalla de oro y el primer británico que triunfa en esas disciplinas.

Este atleta delgadísimo (mide 1.75 y pesa 56 kilos), sencillo y de sonrisa resplandeciente, nació en 1983 en Mogadiscio, capital de Somalia. Poco se sabe de su familia porque él no habla mucho del tema.­

Según varios reportajes que le dedicó el diario The Independent desde 2010, el padre de Mo, Muktar Farah, nacido y crecido en Gran Bretaña, conoció a su madre en un viaje a Somalia. Mo nunca menciona a su madre, pero se refiere a sus abuelos, con quienes vivió en Mogadiscio hasta que la guerra civil obligó a la familia a mudarse a Yibuti. El padre regresó a Londres con Mo y sus dos hermanos menores.­

El pequeño no hablaba inglés y tenía una sola pasión: el futbol. Soñaba día y noche con pertenecer al club Arsenal. A los 11 años frecuentaba el Feltham Community College, escuela que da mucha importancia a los deportes.

No era muy disciplinado, peleaba con los muchachos de su barrio, no le gustaba estudiar y fácilmente hubiera podido convertirse en un chavo-banda.

Por suerte llamó la atención de Alan Watkinson, su profesor de educación física, quien se volvió su mentor, inspirador, confidente y padre sustituto. Hace dos años fue testigo en la boda de Mo con Tania Nell, su amiga de infancia y exatleta.

Contó Watkinson a The Independent:

“Cuando lo conocí noté que tenía problemas para estudiar por la barrera del idioma. Necesitaba orientación. En cierta forma le presté mi ala protectora. Su pasión era el futbol pero yo quería que se dedicara a la disciplina para la cual realmente tenía talento.

“Lo llevé a una competencia escolar de carrera a campo traviesa. No tenía idea de qué era eso ni sabía dónde estaba parado. Arrancó en sentido contrario. Tuvo que regresar para seguir a los otros adolescentes y sin embargo llegó en segundo lugar. Unas semanas más tarde lo llevé a una competencia más importante. Conquistó el cuarto lugar a pesar de no tener el calzado apropiado.

“Realmente tenía algo especial. Le dije que si decidía correr en serio, algún día podría representar a Gran Bretaña. No es el tipo de cosas que se le dicen a la ligera a un muchacho de barrio porque uno puede crear falsas expectativas. Me alegra no haberme equivocado. Me siento muy orgulloso de él.”

Agregó: “La familia de Mohamed tenía problemas económicos a finales de cada mes. Nadie podía llevarlo a los campos de entrenamiento o de competencia. Cuando me cambiaron de escuela me las arreglé para llevarlo conmigo, porque sentía que necesitaba que alguien lo vigilara de cerca”.

En 1999 Mo Farah vivió momentos exaltantes en un campo de entrenamiento olímpico de Florida junto con otros jóvenes atletas británicos con un porvenir prometedor. Fue una etapa crucial en su vida. “Me di cuenta de que eso era extraordinario y decidí que quería ser atleta. Supe que podía ser bueno”, confió a The Independent.

De regreso en Londres obtuvo una beca de 10 mil libras para dedicarse a entrenar de tiempo completo. Se mudó a la casa de los corredores de Kenia del más alto nivel, entre quienes destacaba Benjamin Limo, campeón del mundo en los 5 mil metros.

Convivir con ellos fue un choque para el joven corredor al que le gustaba divertirse hasta tarde con sus amigos y levantarse al mediodía. Los kenianos no se andaban con bromas. “Tardé en acostumbrarme a su modo de pensar y de entrenarse. Son corredores humildes y muy trabajadores. Corren, duermen, se entrenan y eso es todo. Ahora vivo así. Es exactamente lo que se debe hacer si uno quiere ser el mejor del mundo”, reconoció Mo.

Poco a poco se impuso a nivel internacional ganando múltiples campeonatos y batiendo récords. Destacan sus medallas de oro en los 5 mil metros en los campeonatos de Europa de 2010 en Barcelona y 2012 en Helsinki. En Barcelona ganó también la medalla de oro en 10 mil metros. Se convirtió en campeón del mundo de 5 mil metros en Daegu, Corea del Sur, en 2011.

Ya era el consentido del público británico y de la Asociación Británica de Periodistas de Atletismo, que lo nombró mejor deportista del año en 2010 y 2011. Pero con sus dos medallas olímpicas –que dedicó a sus gemelas, que nacerán el próximo septiembre– se volvió legendario.

Junto con su esposa, Mo Farah acaba de crear su propia fundación para construir pozos y brindar ayuda médica y alimentaria en África Oriental.

Mo Farah es musulmán.

 

El Islam en Londres

 

El pasado 30 de junio la Universidad de Essex publicó el informe Ethnic Minorities living in UK feel more British than Britons (Las minorías étnicas que viven en el Reino Unido se sienten más británicas que los británicos).

Son interesantes las estadísticas sobre los musulmanes: 83% de ellos se sienten orgullosos de ser ciudadanos británicos mientras sólo 79% de los británicos blancos dice lo mismo; 77% se identifican fuertemente con el Reino Unido, mientras que sólo 50% de los británicos lo hace; 82% de los musulmanes desean vivir en barrios multiculturales mientras que sólo 63% de los británicos no musulmanes comparte esa aspiración.

En cambio las estadísticas sobre la percepción que los británicos tienen de sus compatriotas musulmanes son alarmantes, sobre todo en un periodo de creciente austeridad económica: 47% de los británicos considera que los musulmanes representan un peligro; sólo 28% cree que los musulmanes quieren integrarse a la sociedad del Reino Unido; 45% afirma que hay muchos musulmanes en su país; 55% estaría preocupado por la presencia de una mezquita en su barrio, y 58% asocian Islam con extremismo.

Pero casi todos los británicos celebraron como si fueran suyas las proezas olímpicas de Mo Farah, el musulmán oriundo de Somalia a quien un profesor de educación física prestó atención cuando era un adolescente perdido entre dos mundos, dos idiomas, dos culturas, casi inexorablemente destinado a caer en la marginalización y la violencia.

Aquí radica “el mecanismo de escape del deporte” señalado por Ouseley, cuya vida es una cruzada infinita contra toda forma de discriminación.

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