“The Guardian” ante la diversidad

LONDRES.- Yasir Mirza es un hombre feliz y apasionado. Dedica gran parte de su vida a un proyecto innovador que los directivos del grupo editorial Guardian News & Media (GNM) le confiaron en septiembre de 2009.

Su misión: Que los periódicos del grupo –el diario The Guardian y el semanario The Observer en sus versiones impresas y electrónicas– reflejen con agudeza, audacia y profundidad la riquísima diversidad de la sociedad británica.

Mirza no esconde que esa importante responsabilidad da una nueva dimensión a su existencia.

Tiene 36 años. Nació en Londres de padres paquistaníes que llegaron a Gran Bretaña en los setenta. Estudió comercio y trabajó en una empresa en línea que quebró. Se olvidó entonces de los negocios y se interesó en la diversidad cultural, étnica, religiosa, de género, social y de salud, con particular atención a los minusválidos. Asesoró a numerosas organizaciones estatales y privadas que trabajaban en estos campos.

Les hizo descubrir, entre otras cosas, técnicas de teatro y foros interactivos, inspirándose en el trabajo de Augusto Pinto Boal, destacado hombre de teatro brasileño y político de izquierda, creador del teatro del oprimido y que lanzó también exitosas experiencias de teatro terapéutico.

“Intervenir con jóvenes de barrios difíciles de orígenes muy diversos fue mi mejor escuela. Usamos el teatro, la música y la poesía como instrumentos de catarsis para que estos muchachos aprendieran a expresarse y a tener confianza en sí mismos.”

Sonríe con cierta timidez cuando se refiere a su experiencia como actor en varios teatros londinenses y a sus proyectos de escritura. Piensa contar en forma irónica su reencuentro con Paquistán. Pero lo que más le interesa es hablar de su amplia tarea como head of diversity and inclusion en el grupo GNM, un cargo de difícil traducción: encargado de promover políticas incluyentes y de consolidación de la diversidad.

“Es una tarea sumamente compleja y tuve que partir de la nada porque en 2009, cuando GNM me contrató, nunca se había reflexionado a escala institucional sobre la manera de reflejar la diversidad de nuestra sociedad.”

 

Con ojos frescos

 

Mirza pasó sus primeros seis meses en GNM recorriendo todos los departamentos del grupo editorial y radiografiándolos en términos de diversidad. Descubrió un mundo periodístico que le pareció enmarañado, abierto a la modernidad y al mismo tiempo entrampado en las tradiciones y en una cultura bicentenaria: The Guardian fue fundado en 1821 y The Observer en 1791.

“Mi primera preocupación fue tratar de entender qué significaba el concepto de diversidad para cada uno de los miembros del grupo. Fue muy interesante porque recibí centenares de respuestas distintas. Me di cuenta de que entre el personal de la empresa había cierta discriminación. Entendí que la política de las cuotas para reclutamiento del personal a menudo era absurda.”

–¿Por qué?

–Contratar a un periodista de origen indio, caribeño o africano no garantiza diversidad alguna. Están moldeados por el estilo británico de hacer periodismo y no dejan aflorar su diferencia por miedo a no ser integrados.­

“Luego me dediqué a analizar el contenido editorial de nuestros periódicos para entender el trato que se daba a los diferentes grupos de nuestra sociedad. Quería ver cómo hablamos de los mestizos, las mujeres, los gays, las lesbianas, los minusválidos, los negros, los musulmanes, los sijs…

“Descubrí que los reporteros se esforzaban por hacer un buen trabajo pero seguían estando muy lejos de la realidad. Todo era unidimensional. Las minorías no aparecían como son, sino vistas a través del prisma de la mirada, de la sensibilidad o de la falta de sensibilidad de los periodistas. Publicábamos visiones externas. No teníamos casi nada escrito desde las comunidades mismas.

“Fue cuando me di cuenta de la importancia capital del periodismo. Era mi primera experiencia en medios. El periodismo es una herramienta poderosa para entender lo que pasa en el mundo, para exigir justicia social, para explicar lo que no funciona alrededor nuestro, pero sobre todo, esto lo subrayo, para cambiar mentalidades.

“Es sumamente importante. El periodismo debe permitir que las minorías dejen de ser marginales, debe dar espacio a sus voces y no traducirlas en nuestros términos; debe lograr que sean parte inherente de todas las otras voces. Eso únicamente lo puede hacer un periodismo digno de ese nombre.”

–¿Como concretar esa ambición?­

–Lleva tiempo, implica paciencia, pero avanzamos paso a paso. Primero organicé tres conferencias con los editores y los reporteros sobre nuestra manera de cubrir las minorías y la forma de mejorar y sobre todo ampliar esa cubertura. Invitamos a expertos y se armaron grandes debates. Medimos con mucha precisión nuestras carencias para con las comunidades y entendimos por qué éstas no compraban el periódico ni consultaban nuestra página web.

“Luego establecí contacto con organizaciones que trabajan con las minorías. Organicé foros con ellas para saber cómo percibían a The Guardian y qué esperaban desde su punto de vista de un diario como el nuestro. Volví con los editores y analizamos sus respuestas.

“Pero igual que muchos medios en el mundo tenemos graves problemas de presupuesto. Nos es difícil contratar más personal. Lanzamos entonces un nuevo proyecto: Convocamos a nuestros lectores a talleres de escritura periodística para minorías. Lanzamos un llamado en la web.”

–¿Tuvo eco?

–Nos llegaron unas 100 solicitudes acompañadas de textos. Seleccionamos a candidatos a los que entrevistamos. Luego elegimos a una veintena de personas que participaron en el primer taller con editores y periodistas del diario.

“Fuimos muy estrictos en nuestra selección: buscamos gente que escribía bien y sentía pasión por lo que quería aprender. Ese primer taller y los cinco que siguieron funcionaron muy bien porque hubo intercambio. Las personas de las minorías se familiarizaron con la escritura periodística, aprendieron a formular claramente lo que tenían que decir, mientras los editores del diario estuvieron en contacto con gente motivada, de edades y orígenes diversos que les abrieron el horizonte.­

“Lo interesante es que la gente que participa en los talleres no sólo quiere hablar de sus vivencias como negros, gays o musulmanes. Escriben desde sus propios ángulos sobre arte, problemas sociales, libros, moda o temas que desconocemos por completo. Su abanico de intereses es muy amplio.”

–¿Se publican sus notas?

–Por supuesto. En los últimos dos años publicamos 72. Todos los colaboradores free lance reciben una paga.

“Me siento particularmente orgulloso de Charlie Swinburne, un colaborador que ya publicó 17 notas. Pero su gran éxito fue un trabajo de enero de 2011 en nuestra página web sobre las escuelas especiales para sordos.

“Charlie, que es sordo, explicó en forma detallada las graves consecuencias que iban a tener sobre estas escuelas y el porvenir de sus alumnos los recortes de fondos que acababa de programar el gobierno. Su reportaje causó tanto revuelo en internet que el gobierno dio marcha atrás y mantuvo los subsidios.

“Platicamos mucho de ese texto en el diario y todos coincidimos en que el hecho de haberlo escrito desde el corazón del problema le había dado más fuerza, además de que a ningún reportero se le había ocurrido tratar el tema.”

–¿Y a nivel racial o religioso?

–Tenemos excelentes notas. Una de ellas fue sumamente exitosa: La escribió en un estilo muy original una joven musulmana que se tapa el pelo con una bufanda. Explicó con mucho humor que lo hacía voluntariamente y que eso no le impedía ser tan moderna como sus amigas. Describió su vida cotidiana, habló de la música pop que le gusta… Muchos internautas le contestaron, le hicieron preguntas, fue un debate largo y muy vivo.

–¿No se molestan los reporteros de planta, no sienten competencia?­

–De ninguna manera. Nuestros reporteros son profesionales de altos vuelos. Muchos tienen su fuente y dominan muy bien los temas que trabajan. No tocan los mismos asuntos que los internautas que se formaron en nuestros talleres. En realidad son complementarios.

“A lo largo de mis tres años de trabajo en el departamento de diversidad e inclusion tejí lazos con unas 450 organizaciones privadas y estatales de Londres y de sus inmensos suburbios. Todas están en contacto con las comunidades o fueron creadas por las mismas comunidades. Junto con muchos de sus directivos decidimos crear un programa de embajadores.

“Es decir que establecimos una relación de confianza y respeto con ellos. Nos avisan cuando ocurren acontecimientos en sus barrios y si alguno de nuestros reporteros necesita información en sus áreas, nos abren todas las puertas y sobre todo nos explican los complejos códigos de sus comunidades. Su asesoría nos ayuda a deshacernos de prejuicios, estereotipos, ideas preconcebidas.

“En realidad mi misión se inscribe en nuestra estrategia general de open journalism (periodismo abierto), que consiste en abrir las puertas de nuestra página web a las contribuciones de nuestros lectores.”

–Estos aportes pueden ser notas de sus free lancers o cartas y puntos de vista que vale la pena publicar.­

–Internet cambió por completo la relación entre periodistas y lectores. Nuestros reporteros siguen haciendo su trabajo pero muchos lectores dejaron de ser pasivos. Y mientras más intervengan los miembros de las comunidades, mejor será nuestra página web; y sobre todo más abierta y tolerante se volverá nuestra sociedad. En esta época de crisis en Gran Bretaña y en toda Europa, es crucial bregar por el diálogo.

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