Caravana visita feria de armas en Nuevo México; “es un horror”: Sicilia

ALBUQUERQUE, Nuevo México (proceso.com.mx).- Cuando Araceli Rodríguez vio la R-15 que le ofrecían por 15 mil pesos y una bolsa con 25 balas a 12 dólares, pensó de inmediato en su hijo Luis Ángel, desaparecido desde 2008, y pensó que probablemente lo habrían matado con un arma de las que venden como hamburguesas en Estados Unidos.

“Tengo la boca seca sólo de ver tantas armas, de ver a los niños ahí, como si nada. Ya no quiero estar aquí. ¡Vámonos!”, pidió la madre del exagente de la Policía Federal Preventiva desaparecido en Michoacán.

Javier Sicilia exclamó: “¡es un horror!, nunca había entrado a una cosa así, es un escupitajo a los padres fundadores de esta patria que en la segunda enmienda de la Constitución pusieron la posesión de armas para protección, no para exterminio”.

Adentro de la Feria, cerca de 500 mesas con igual número de comerciantes exponían sus mercancías a hombres y mujeres, familias enteras que pueden tener cualquiera de estas pistolas, metralletas, cuchillos, bazucas, balas, etc. con sólo tener 19 años y una identificación. En Nuevo México hay 708 armerías y en muchas de ellas se han vendido rifles de alto poder que después van a dar a manos del crimen organizado de México.

Por media hora, un grupo de la Caravana por la Paz encabezado por Javier Sicilia ingresó a la feria de las armas en esta ciudad con la intención de poder dar un mensaje de paz. Pero no pudieron. Se paralizaron, se aterrorizaron.

Frente a sus ojos se expandió un horizonte metálico de colores oscuros, negros y grises con que pintan las armas. El espectáculo de la vendimia de toda clase de pistolas, rifles de caza y asalto, escopetas, cuchillos, balas, cartuchos, implementos para que las balas explosivas tengan más impacto, miras telescópicas, culatas cómodas, ergonómicas y otros implementos modernos para hacerlas más efectivas, congeló a la Caravana.

Los fotógrafos y camarógrafos no pudieron meter sus cámaras profesionales a la feria por las medidas de seguridad. Tuvieron que hacer uso de sus teléfonos para tomar las imágenes del mercado de armas que anualmente se pone en esta feria. Imposible no registrar las filas de metralletas americanas y de Europa del Este instaladas en las mesas que los compradores tomaban con toda naturalidad poniendo su ojo en la mira y el dedo en el gatillo.

Javier Sicilia dialogó unos minutos con uno de los comerciantes. Recorrió los puestos de uno de los pasillos y luego paró en el stand de la Asociación  Nacional del Rifle. No daba crédito a la variedad de armamento y lanzaba la frase que ha repetido los últimos días: “los venden como dulces”.

Integrantes de algunas organizaciones pacifistas del estado acompañaron a los caravaneros y reporteros a la feria de las armas. Nunca habían entrado a una y estaban igualmente impactados.

Luego de la visita, Sicilia comentó: “No tienen idea de lo que pasa en México, ellos tienen su propia lógica de mercado, tienen el argumento de la defensa legítima, y no toman en cuenta la invención de las guerras que han librado en otros países, de la guerra estúpida que hay en México entre un gobierno corrupto y los cárteles de la guerra”.

Pero la más impactada era Araceli Rodríguez. “Tengo ganas de llorar, veo la infancia en medio de las armas, a bebés que traían ahí, a niños que estaban paseando; de que sólo se necesita la licencia para tener armas que matan a cualquiera. Me siento impotente porque no sé si una de esas armas mató a mi hijo”.

La madre de uno de los policías federales desaparecidos no aguantó mucho. “¡Esto es algo atroz!, ¿a dónde están llevando a los niños?, ¿en cuánto venden las armas que llegan a las manos de los delincuentes? Tengo la boca seca. Esta es la experiencia más fuerte después de la muerte de mi hijo.  Quiero decirle al presidente Obama que ya no permita esto. Ya vámonos”, pidió, y dejó el mercado de armas.

Curiosamente en uno de los 500 stands de la feria de armas el Partido del Tea -ultraconservador, racista, de blancos conservadores, que dicen ser los únicos que mantienen la independencia americana- tenía un puesto de propaganda y defensa de las armas. Ahí repartían propaganda y reclutaban simpatizantes para las elecciones presidenciales de noviembre.

En los estados de Nuevo México, Arizona y Texas hay 8 mil 289 armerías y de ellas mil 389 autorizadas se ubican en 14 ciudades fronterizas con México. En una buena parte de ellas se han vendido armas que después son decomisadas a los cárteles del crimen organizado en México.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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