Chicago, violencia y heroína

CHICAGO (apro).- Uno de los aspectos de mayor provecho de la Caravana de la Paz por Estados Unidos ha sido el descubrimiento de nuevas caras del problema del crimen organizado y la guerra contra las drogas en este país, así como los efectos que tienen en cada lugar y la manera en que los aborda cada comunidad y sus respetivos gobiernos.

En la llamada “ciudad de los rascacielos”, por ejemplo, no hay un lugar especial para recordar al creador del crimen organizado, Al Capone, allá por los años treinta del siglo pasado. Su casa, sus lugares preferidos, la iglesia a la que asistía, todo lo que pueda ser una señal de homenaje a este personaje fundamental en la historia del crimen organizado ha sido borrada o simplemente a la gente no le gusta recordar al antihéroe.

En el caso de México, como Sinaloa, por ejemplo, la historia sería distinta y a Joaquín El Chapo Guzmán sus coterráneos lo estarían recordando como uno de los personajes más importantes de su comunidad, con mausoleos, canciones, efigies, historias, visitas a su casa, libros con sus aventuras, etcétera.

Es la diferencia entre dos culturas y pueblos que rehacen su historia con personas que, de un lado, quieren tomar como ejemplo, como héroes, y del otro lado a los que no quieren recordar y menos homenajear, ya que representan una parte de su historia negra que buscan no vuelva a repetir.

No obstante, si Al Capone no figura en el “mapa turístico” de Chicago, lo que nadie puede negar es el grave problema de la violencia y las adicciones a las drogas duras entre los jóvenes y niños de esta ciudad cosmopolita.

En la última década se han registrado unos 13 mil 610 asesinatos de acuerdo con datos oficiales, siendo de las tasas más altas en la Unión Americana.

En tanto que los asaltos agravados en el último año fueron casi 11 mil; robo de casa, 24 mil 594; robo y hurto, 70 mil; robo de vehículos, 10 mil 494; en total, 159 mil contando otros delitos.

La mayor parte de los ilícitos se cometen en los suburbios o en los barrios negros y latinos donde, también, ha crecido el consumo de drogas.

Según investigaciones de la Universidad Roosevelt, en el último año aumentó el consumo de heroína entre los jóvenes y niños de Chicago, sobre todo en los barrios mencionados.

Esta ciudad se ha convertido en la de mayor población de adictos a las drogas en Estados Unidos. Hasta hace unos años la más consumida era la cocaína, pero en el último año esta tendencia ha cambiado y ahora es la heroína.
Lo más grave es que se ha detectado que la población de jóvenes y niños negros y latinos –principalmente mexicanos– es donde se registra el mayor consumo de esta droga dura.

Estos barrios latinos y negros fueron visitados por la Caravana de la Paz en sus dos días de estancia. De hecho, se realizó una marcha de tres horas que cruzó por las calles de ambas comunidades, en las que por cierto prevalece la “costumbre tribal” de delimitar sus barrios, fronteras que son defendidas de manera violenta.

Al pasar por el barrio negro, algunos de sus habitantes gritaron a la Caravana, “ya no manden esa porquería para acá”. Se referían precisamente a la entrada de heroína que es rebajada con otras sustancias, lo que multiplica la adicción y los daños físicos entre los consumidores.

La prohibición del alcohol en los años veinte del siglo pasado trajo consigo violencia, muerte, corrupción y el nacimiento del crimen organizado, encabezado por Al Capone en Chicago.

Hoy, esta misma prohibición de las drogas tiene exactamente los mismos efectos.

Son dos de las diferentes caras del fenómeno del crimen organizado y de la estrategia de la lucha contra las drogas, que ya ha mostrado su fracaso, y que se sigue manteniendo tanto en Estados Unidos como en México.

Quizá la única diferencia entre ambos países es que mientras allá han controlado y administrado este problema, acá se le ha querido dominar y acabar a través de la fuerza, generando contradictoriamente más violencia, muertos, desapariciones y corrupción que antes.

Y precisamente el mérito de la Caravana de la Paz por Estados Unidos es que ha logrado visibilizar estas dos caras del mismo problema compartido y también a las víctimas de una guerra absurda que se sigue manteniendo en ambos lados de la frontera, destacadamente por razones económicas y políticas.

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José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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