Mujeres en migración

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Quienes piden que las mujeres migren, en aras de la “reunificación familiar”, no se están dando cuenta de que las están mandando a la muerte. Esto se escuchó durante el panel Mujeres en Migración que, con motivo de los festejos por su 50 aniversario, organizó la Oficina de la Fundación Ford en México y Centroamérica. ¿Cómo dar cuenta del pavoroso trance que viven las mujeres que, para encontrar un trabajo o en busca de sus seres queridos, cruzan tanto la frontera sur como la norte? ¿Qué priorizar? ¿La reflexión académica, los testimonios o la experiencia de las ONG?

La Fundación Ford, en coordinación con el Instituto para las Mujeres en la Migración (Imumi), ONU Mujeres y El Colegio de México, diseñó un pánel inteligente, y al mismo tiempo conmovedor, donde mezcló la reflexión de una académica, dos testimonios vivenciales (de una centroamericana y una mexicana) y cuatro intervenciones especializadas. Las 350 personas que desbordaron el auditorio Alfonso Caso del Colmex el jueves pasado recibieron un shock al escuchar datos y denuncias sobre las situaciones de las mujeres que migran.

La intelectual Saskia Sassen señaló que las mujeres migrantes están en la base de “complejidades sistémicas”, y que ellas (quienes suelen ser las que lavan, cuidan niños y cocinan de manera “ilegal”) sostienen todo el ensamblaje del sistema. Calificó de “feminización de la sobrevivencia en condiciones muy duras” esa función con la que mantienen la estructura social. Telma Acevedo, de El Salvador, relató que desde hace 11 años no sabe nada de su marido, que partió hacia Estados Unidos con dos compañeros y la dejó con dos bebitas. Denunció el desinterés gubernamental para localizar a quien se “perdió” entre Chiapas y Oaxaca. Elvira Arellano, mexicana deportada por EU que habló de la creciente paranoia xenófoba contra los migrantes, hoy vive en Michoacán y lucha por las migrantes centroamericanas.

Las intervenciones posteriores tuvieron a Carmen Aristegui como moderadora/entrevistadora. Fueron las de Gretchen Kuhner, directora del Imumi; Marcela Zamora, periodista y cineasta; Mercedes Doretti, cofundadora e investigadora del Equipo Argentino de Antropología Forense, y Michelle Brané, directora del Programa de Detención y Asilo, de la Comisión para Mujeres Refugiadas. Ellas ofrecieron detalles de ese estremecedor panorama, del cual yo tenía una idea difusa.

Las mujeres de México y las de Centroamérica migran anhelando seguridad, huyendo de la violencia doméstica y social (por ejemplo, de los maras), buscando a sus familiares, deseando encontrar trabajo o para reunirse con sus parejas. En muchos sentidos, migran por las mismas razones que las han impulsado desde hace 15 o 20 años, pero hoy los riesgos son mayores: muchas desaparecen o acaban en una fosa. Lo importante es explicarles a las mujeres que, si van a migrar, deben saber lo que se van a encontrar: violaciones, secuestros, extorsiones, y hasta la muerte. Se dio el dato de que la PGR habla de 25 mil cadáveres sin identificar. Eso quiere decir que hay 25 mil familias que no duermen, que sufren, que esperan.

Al igual que los hombres, las mujeres corren los riesgos de secuestro, extorsión y muerte. Pero a diferencia de ellos, están más expuestas a la agresión sexual. Por eso evitan subirse al tren, y dan más dinero para irse en camiones con los traileros. Tampoco se alojan en los albergues, que están llenos de hombres. Cuando son violadas, no denuncian, pues no hay condiciones para hacerlo. Marcela Zamora, la periodista y cineasta que filmó María en tierra de nadie, una película sobre las migrantes, contó el horror que experimentó al acompañar a una mujer hondureña a denunciar su violación: Hacer la denuncia con el MP era volver a ser violada.

Zamora señaló que muchas mujeres se callan por temor a ser deportadas, pero también porque el personal no está capacitado en atención a delitos sexuales; además, el tiempo que se lleva la denuncia es larguísimo, y ellas no tienen tiempo que perder. Todo nutre la impunidad.

Los secuestros de migrantes son un negocio impresionante. Se refirió que el padre Solalinde contabilizó cerca de 9 mil secuestros de migrantes en seis meses, y que los “rescates” ascendieron a 2 millones de dólares. También se habló de cómo el viraje de la política migratoria de EU ha generado más muertes. Por ejemplo, en Arizona, cada año se daban entre 15 y 20 muertes en el desierto; hoy la cifra oscila entre 200 y 300.

No puedo, en estas páginas, dar cuenta de todo lo que se dijo, pero sí subrayar que este extraordinario pánel ofreció informaciones novedosas e interpretaciones rigurosas. Una de las conclusiones compartidas es que urgen medidas que permitan el libre tránsito de los migrantes, que ayuden a reducir la violencia en general y la sexual en particular, y que den una respuesta institucional integral cuando estos hechos ocurran. Ojalá que Ford difunda mucho más las valiosas propuestas que se enunciaron. Y ojalá que más personas nos comprometamos a apoyar a las ONG que están haciendo esa trascendental labor.

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