De la calle a la web… y a la fama

Si alguien es famoso en Jalisco gracias a las redes sociales de internet es José Luis Maldonado Ramos, mejor conocido como C-Kan, un tapatío que a sus 25 años es uno de los artistas populares más influyentes del gangsta rap en México.

José Luis nació y creció en la colonia Cuauhtémoc de Guadalajara, en el barrio La Cancha 98. Su estilo se ha comparado con Cartel de Santa y Big Boy, uno de los primeros cantantes puertorriqueños del hip hop latino. Este cholo enamorado, como se le ha descrito, saltó a la fama hace poco más de dos años, cuando comenzó a grabar sus primeros videos musicales y los subió a su canal de YouTube.

Pronto su rostro se convirtió en noticia, aunque no por su música. Un noticiero le pirateó segmentos de sus videos y el coraje lo impulsó a lanzar uno de sus videos más vistos, titulado Soy de barrio. En entrevista con Proceso Jalisco, C-Kan narra sin prisa su vida de rapero mientras bebe de la botella un licor rosado:

“Hicieron un reportaje en Televisa con segmentos de mis videos, sacaron mi cara y hablaron de lo que ellos creen que es lo que pasa en las pandillas. Utilizaron mi música y mi rostro para decir que nosotros somos delincuentes y fomentamos al pandillerismo, cuando no es así. Nosotros no creamos las pandillas, sólo contamos lo que sucede dentro de ellas, por eso hay quienes se identifican tanto con mi música: porque hablo de lo que se vive. Eso es algo que está ahí, es sólo la realidad contada en rimas.”

Habla como canta: pausado y con ritmo. Es padre de un niño de tres años; nunca estudio música y hace poco terminó la secundaria. A los 17,  influido por su grupo favorito de hip hop, Cypress Hill, grabó sus primeras canciones en un tape con el beat del primer disco de la banda mexicana Cartel de Santa, y luego su primer material, llamado Lado oscuro. La música se lo llevó de las calles.

Sus manos morenas se mueven al compás de sus palabras. Dice que derivó su nombre artístico de la palabra can, porque su mamá le advertía que tendría una vida de perro si seguía de vago. Ahora, uno de sus tantos tatuajes en el brazo derecho es un pitbull. En su dedo medio tiene grabado “delincuente”, y mirándolo agrega: “Eso es lo que la sociedad cree que soy, sólo por mi aspecto de cholo, pero los policías ni los políticos son mejores que nosotros. Mi mayor delito es fumar y narrar la realidad que muchos se niegan a ver”.

Viste una playera blanca y pantalón oscuro, ambos holgados. De su cuello cuelga un rosario negro, a juego con su gorra que tiene bordada en el frente una hoja de mariguana. Estas prendas no las lleva por casualidad, pues ahora la marca estadounidense Joker Brand, que diseña ropa de hip hop, es patrocinadora de sus videos.

No obstante, en sus canciones habla sin tapujos de lo que se vive en las calles de Guadalajara: balas, muerte, sangre, corrupción y la búsqueda del respeto. Desde su nuevo hogar en la colonia Santa Cecilia, C-Kan ha colaborado con otros raperos mexicanos en videos que acumulan más de un millón y medio de visitas en internet.

A él, como a muchos de sus excompañeros de banda, le molesta la ciudad donde prevalecen el desempleo y la violencia; donde hay cada día más niños desatendidos. Ante la saturación de gente en un solo hogar, los que más te comprenden, dice, siempre serán el barrio y la pandilla. Escribió sobre su infancia:

Yo me enredé con la calle desde morrito. Hoy consigo solo todo lo que necesito. Solo en el barrio entre convictos y conflictos. Adictos, finanzas, malandros y delitos (…) La mafia anda al cien. Y el negocio marcha bien

En cinco meses, su canal de YouTube ha tenido más de 5 millones y medio de vistas a su reciente lanzamiento: Esta vida me encanta (“El chamaquito hoy vive de lo que canta, andando en las calles la guerra no me espanta”). En su cuenta de Twitter tiene cerca de 17 mil seguidores. Esta popularidad lo obliga a cuidar más su lenguaje, pues sabe que también lo siguen niños, pero afirma que no dejará de contar lo que sucede en el barrio, y que la gente muera tiroteada, por triste que sea, es la realidad de Guadalajara.

Lo que de plano lo intimida no es compartir escenario con Cartel de Santa o Cultura Profética, sino el entusiasmo de sus seguidoras: adolescentes fresas y otras no tanto, que le gritan de todo. “A veces en los conciertos, me he sentido como si usara minifalda y pasara en medio de una obra en construcción”, dice riendo.

Por ahora, dice, se dedicará a grabar su próximo álbum: Voy por el sueño de muchos. Y el siguiente, informa sin presunción, lo grabará en Puerto Rico con el productor del dueto Wisin y Yandel, los más famosos regetoneros. “Eso si no me la hacen de pedo con la visa americana, pues tengo un chingo de tatuajes, y me van a ver medio malandro”, aclara. Y se ríe.

Que te gane una nena…

 

Ganarse el respeto de los raperos mexicanos no es fácil, y menos si se es mujer, dice Leazzy, tapatía de 20 años que se ha convertido en una de las mejores en Guadalajara y el Distrito Federal.

Y a pesar de que en los combates de rap su condición de mujer la hace blanco de burlas y rimas sexuales, esta estudiante del quinto semestre de la licenciatura en turismo sabe defenderse:  Lo que me digas, no me lastima, eres un niño con problemas de autoestima (….) Y tú lo sabes que no hay nivel, tú no eres raper pues pareces Juan Gabriel…

Daniela Llamas, Leazzy, es la campeona nacional en combate verbal de rap en la categoría femenil y tercer lugar nacional en la categoría mixta. Ese respeto lo ganó en el Monster Verbal Combat en 2010, celebrado en Aguascalientes, evento organizado por la bebida energética del mismo nombre (demandada en algunos países por posibles daños a la salud). Un año antes, en Guadalajara, Leazzy ganó la final de Batalla Freestyle de Rap local contra un hombre en el Vulbar.

Con suave voz, esta chica bajita, de cabello negro, dice en entrevista que su nombre de batalla se lo inspiró el rapero estadunidense Layzie Bone.  Esta joven del barrio San Juan Bosco, en el Sector Libertad, narra que del hip-hop primero la atrajo el baile y después la escritura. Así lanzó su primer álbum, Enferma de rap.

“Desde chica me gustaba escribir poesía, y aunque yo también crecí en barrio, yo nunca me metí a pandillas como era mi destino. En realidad yo quería ser bailarina, pero me rechazaron en la universidad. Después, atraída por la danza, descubrí el break dance, y de ahí el rap.”

Cuando no está en los escenarios, Daniela imparte clases particulares de ritmos urbanos. Forma parte también del colectivo Mujeres Trabajando, un grupo multidisciplinario que desde 2009 busca generar condiciones igualitarias para las mujeres en la cultura del hip hop en México.

Además de colaborar con C-Kan y otros raperos mexicanos, este mes viajará a San José, California, para rapear como solista. Y aunque a primera vista parece  una chica tímida, sus letras son aniquiladoras: “Tú, hoy serás mi cena, dime qué se siente que te gane una nena”.

Comentarios