Obama merece la reelección

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Los estadunidenses suelen reelegir a sus presidentes. En los últimos 70 años, sólo Gerald Ford, Jimmy Carter y George Bush padre perdieron las elecciones para un segundo periodo. (Lyndon Johnson asumió la presidencia tras el asesinato de Kennedy; luego fue elegido presidente para cubrir el periodo de cuatro años y decidió no reelegirse.) El martes 6 de noviembre el electorado estadunidense resolverá si reelige o no a Barack Obama; serán los comicios más competidos y polarizados que se recuerden en ese país.

Antes del primer debate entre Obama y Mitt Romney, la ventaja del presidente en todas las encuestas era lo suficientemente amplia para casi asegurar su reelección. Todo cambió después del debate al que el candidato republicano llegó perfectamente preparado y supo parecer un político de centro en vez de un radical de derecha. Fue angustioso ver a un orador de la calidad de Obama atarantado y opaco. Este inexplicable error ocasionó que ambos estén empatados técnicamente en la mayoría de las encuestas (allá sí son creíbles), con una diferencia de dos o tres puntos a favor de uno u otro, lo cual corresponde al margen de error de los sondeos. A pesar de haber ganado los otros dos debates, el inconcebible descuido de Obama podría costarle la reelección.

De acuerdo con el mapa electoral de la cadena de televisión CNN, Obama tiene 237 votos electorales asegurados; Romney, 206, y hay 95 aún no definidos. Visualmente, el mapa electoral está formado por dos tiras azules (el color de los demócratas) y una gran mancha roja (el de los republicanos) al centro. Una azul corresponde a los estados de la costa oeste: California, el que tiene el mayor número de votos electorales (55), Oregon (7) y Washington (12). La otra azul abarca la mayoría de las entidades del noreste: Nueva York (29), Massachusetts (11), Vermont (3), Maine (4), Connecticut (7), Rodhe Island (4), Nueva Jersey (14), Maryland (10) y Delaware (3), además de Illinios (20) y Minnesota (10). La mayor parte de los estados del centro del territorio forman la gran mancha roja, cuya lista no enumeraré para evitar ser prolijo.

Hay estados favorables a Obama, aunque aún no definidos: Pensilvania (20 votos electorales), Michigan (16) y Nuevo México (5). Bastaría que el presidente ganara en los dos primeros para asegurar su reelección, pero eso aún no está decidido. Los que se inclinan a favor de Romney son: Carolina del Norte (15) y Arizona (11). Al republicano no le bastan esos dos estados para alcanzar la victoria, pues le faltarían 38 votos electorales. Por tanto, las entidades indecisas que no muestran una clara inclinación por ninguno son decisivas. Las menciono en orden de importancia por la cantidad de votos electorales que representan: Florida (29), Ohio (18), Virginia (13), Wisconsin (10), Colorado (9), Iowa y Nevada (cada uno con 6), y Nueva Hampshire (4). Es en ellas donde Obama y Romney están concentrando sus energías y el multimillonario gasto publicitario.

A pesar de que, como hemos visto, Obama lleva una cierta ventaja en los votos electorales, los comicios serán tan reñidos que no se descarta un empate en el que los dos candidatos obtuvieran 269 votos electorales. Se necesitan 270 para ganar, de un total de 538 votos del Colegio Electoral, equivalentes al total de los miembros del Congreso: 100 senadores, 435 representantes de los 50 estados de la Unión Americana, más 3 electores del Distrito de Columbia, donde se ubica la ciudad de Washington, capital del país y sede de los poderes federales.

Si ocurriera un empate en el que los dos aspirantes a la presidencia obtuvieran el mismo número de votos electorales, se crearía una situación absurda y profundamente injusta: la Cámara de Representantes sería la encargada de designar al ganador, lo cual seguramente le daría la victoria al republicano, aunque hubiese obtenido menor cantidad de votos ciudadanos que Obama. Un caso similar se produjo en la elección de 2000: George W. Bush fue declarado presidente por el Colegio Electoral a pesar de que obtuvo menos votos que Al Gore. Es clara la urgencia de cambiar esa obsoleta y antidemocrática tradición electoral.

El régimen presidencial, nacido en Estados Unidos y modelo de ese sistema de gobierno, tiene tres características distintivas: la elección indirecta, a través de un Colegio Electoral formado por un total de 538 personas, equivalente al número de senadores y representantes de los estados en el Congreso; la existencia de un vicepresidente que encabeza el Senado y que en caso de muerte o incapacidad del presidente asume su cargo hasta terminar el periodo; y la duración del periodo presidencial de cuatro años, con posibilidad de reelegirse una vez.

A continuación intentaré sintetizar mis argumentos en pro de la reelección de Obama. El cuadragésimo cuarto presidente de la Unión Americana llegó al cargo en medio de una de las situaciones más adversas y de mayor desprestigio de la nación estadunidense en el mundo. Cuando tomó posesión, en enero de 2009, la situación de la economía era sólo comparable a la existente en 1933, cuando Franklin D. Roosevelt juró como trigésimo segundo mandatario de la Unión Americana, en medio de la Gran Depresión iniciada en 1929. La invasión a Irak ordenada por Bush, al margen del derecho internacional y mintiendo sobre la existencia de armas nucleares en ese país, exhibió el lado más oscuro del imperialismo estadunidense.

El presidente Obama enfrentó con entereza y eficacia esos dos inmensos desafíos. Tomó medidas para prevenir otra Gran Depresión: su propuesta de ley de estímulo económico por 840 mil millones de dólares permitió la creación y preservación de 2.5 millones de empleos e impidió que la tasa de desocupación llegara al 12%. El rescate de la industria automotriz es otro de sus grandes éxitos: se salvaron más de un millón de empleos; Chrysler, General Motors y Ford son hoy empresas rentables, tras haber estado al borde de la quiebra. Otro de sus grandes logros fue la ley Dodd-Frank para la regulación financiera, instrumento concebido para evitar una debacle financiera como la de 2008, causada por el abuso sin freno de Wall Street, así como para proteger a consumidores de productos financieros, desde tarjetas de crédito hasta hipotecas.

En materia de política exterior, el presidente Obama ha asumido con responsabilidad su cargo de comandante en jefe de las fuerzas armadas, tanto en Irak y Afganistán como frente a la amenaza terrorista representada por Al Qaeda. Asimismo, apoyó la llamada “primavera árabe” y ha impuesto severas medidas económicas contra Irán para evitar que produzca una bomba nuclear. Su actitud ante China ha sido firme pero sin excesos retóricos ante los abusos comerciales o la manipulación de su moneda. América Latina no ha sido su prioridad; la agenda de México se ha centrado en los temas de seguridad, y el gobierno de Obama ha asumido la responsabilidad compartida de su país ante la amenaza del crimen organizado, aunque el tráfico de armas continúa y acciones como Rápido y furioso no hayan sido aclaradas. De ser reelegido, seguramente promovería una ley integral de inmigración, como lo prometió desde su campaña de 2008. La recuperación de la economía estadunidense prevista por el Fondo Monetario Internacional sin duda beneficiará a México.

Obama invirtió gran parte de su capital político en impulsar su política de salud pública, conocida como “Obamacare”, un gran paso hacia la cobertura universal de salud de calidad y a precios asequibles. El proyecto está inspirado en el instrumentado por Romney cuando fue gobernador de Massachusetts pero, paradójicamente, ha sido el blanco principal de la ofensiva del Partido Republicano contra el presidente demócrata.

La obstrucción del ala radical y predominante del Partido Republicano contra todo lo que haga y proponga el presidente Obama ha sido feroz, y ha ocasionado una parálisis sin precedente en el gobierno. Durante la presente administración, Estados Unidos ha sido escenario de la disfuncionalidad de la separación de poderes, resultado de la irresponsabilidad impuesta por los radicales del Tea Party en el Congreso. El fundamentalismo de esa poderosa élite republicana ha causado una polarización ideológica no exenta de tintes racistas.

Barack Obama es un caso singular en la historia política de su país, no sólo por el hecho de ser el primer afroamericano en ocupar la presidencia, sino por su visión de la política, basada en principios éticos como la honestidad y la congruencia, la autenticidad y la tolerancia. El presidente Obama ha gobernado para la clase media y para los sectores menos favorecidos de su país, que representan a la inmensa mayoría de la sociedad estadunidense. Tiene un proyecto claro para propiciar el crecimiento económico, y propone que los más ricos paguen no menos del 30% de impuestos. Obama es un liberal respetuoso de los derechos de las mujeres y de las minorías, así como de la investigación científica con células madre. Mitt Romney representa lo opuesto: el pragmatismo acomodaticio, el conservadurismo y el militarismo. Por todo ello y mucho más, pienso que Barack Obama merece ser reelegido.

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